27 de agosto de 2010

Ghizele - Treceaba entrega

Al día siguiente me marché, no podía seguir mucho más tiempo allí, recogí mis cosas y volví a casa dejando a Naigel en Paris pues aún tenía trabajo y debía ir a Nueva Orleans.

Una vez allí me arreglé, no quería seguir pensando en todo lo que había sucedido así que me enfunde dentro de mis botas de piel negra, cerré la cremallera de la falda del mismo material a juego con una camisa de media manga algo ceñida y me dirigí al curro.

La verdad, lo echaba de menos, las luces estereoscópicas girando sin parar, verdes, rojas, amarillas... copas que servir, y música atronadora que bailar. Me puse detrás de la barra de un salto, me ajuste la cinta negra del cuello y con una de mis mejores sonrisas empecé a prepáralo todo para cuando empezara a llegar la gente al garito.

En una hora ya estaba a petar, la pista era una marabunta sudorosa que se movía a ritmo de trance y en la barra no dábamos abasto pero era extrañamente feliz pese a extrañar a Naigel, hasta que vi dos figuras oscuras entrar avanzando directamente hasta donde yo estaba, desaparecieron. El corazón me iba a cien, volvía a sentir aquella sensación, pánico, me observaban, había alguien o algo peligroso...conocido y deseé que Naigel entrará por la puerta. Intente relajarme, serían imaginaciones mías como siempre, “no hay ninguno más”, pensé y sonreí sirviéndole un cubata a un chico joven, atractivo, pelo rubio, ojos azules, con una sonrisa muy agradable y empezó a hablarme y cuando ya empezaba a sentirme mejor las dos figuras aparecieron una a cada lado de la barra o eso me pareció, pero por fortuna el jefe me mando ir al reservado con una botella de ron, un Bloody Mary y una copa de coñac, ese que él se escondía en la caja fuerte para ocasiones especiales y que costaba un ojo de la cara. Llené la bandeja y como pude fui hasta el prívate, retiré la puerta de cristal y entre, sólo había una mesa ocupada, iluminado por esas pequeñas lamparitas, que a mí me parecían setas, y que el jefe se había empeñado en poner. Di las buenas noches y sin fijarme en las personas que ocupaban la mesa empecé a depositar las bebidas.

- Que marca tan interesante tienes- pronunció una voz de mujer con un marcado acento a la vez que su mano oscura se cerraba sobre mi muñeca.

Intenté desasirme de ella instintivamente apartando la mano pero no pude, me sujeto con firmeza y empezó a escrutar la palma de mi mano con el mayor descaro. Era una mujer hermosa, muy exótica, de piel canela y ojos negros, de mirada penetrante y labios carnosos, su cabello azabache se hallaba oculto tras un pañuelo de color rojo al estilo cíngaro, y sus ropas de hilo amarillento realzaban sus curvas y el tono de su piel. Iba acompañada de dos hombres elegantemente vestidos, ambos con traje negro y zapatos a juego, el más joven llevaba una camisa azul con los dos primeros botones desabrochados, se había quitado la americana y se sentaba algo repantigado pero formal. El otro llevaba corbata negra y camisa morada. Tenía la americana abierta hacía los lados. Y la verdad eran seductores y sensuales pero había algo que no me gustaba así que aproveche al más mínimo descuido para recuperar mi brazo, limpié la mesa como si nada y me dispuse a salir de allí cuanto antes. (Cuanto deseaba la presencia de Naigel). Era como si me estuvieran cercando…

En un momento todo se volvió tan extraño, me sentí amenazada, el peligro aullaba en mi nuca, lo sentía, el pulso se me disparó y sentí una mano fría en mi espalda y en mi cuello, me dijo que no me moviera… me descontrolé…y no sé qué paso después.

En medio de la confusión vi a lo lejos las figuras estáticas e imponentes de dos de aquellos hombres, sus ojos seguían clavados en mí a pesar del humo asfixiante y los veía brillar rojos como las llamas que devoraban ahora el local, una oleada de humo hizo toser más a la gente. Avancé a trompicones entre la muchedumbre, los gritos aún se oían cuando deje atrás la zona, pero las llamas resplandecían en el cielo oscuro de la ciudad que se había quedado sin luz, mi corazón aún acelerado empezó a recobrarse e intente alejar de mi mente los sollozos y los gritos llenos de pánico de la gente que intentaba salir del local en llamas.

Había echo que el bar ardiera y quien sabe cuantas personas habría matado en mi desesperación por huir de ellos, aún veía en mi retina los empujones y golpes que se daban, se pisoteaban unos a otros por alcanzar la salida y escapar de aquel infierno mientras tosían, sentía el calor abrasador pero yo era inmune a todo.

Me desplome en un callejón, las lagrimas ya no me dejaban seguir, el saco de piedras de mi culpabilidad era demasiado pesado.

- No te preocupes, mañana dirán que fue un accidente – dijo una voz desde la penumbra. Cada día mueren miles de personas y las que fueron la cena son los menos.

Entrecerré los ojos para ver mejor mas por instinto que por necesidad, entonces la llama de un mechero prendió un cigarrillo y saliendo de la oscuridad expulsando el humo apareció un chico sumamente atractivo, quede paralizada incluso me costaba respirar.

- ¿Quién eres? – pregunte limpiándome los ojos, lo malo es que cuando me quise dar cuenta me había levantado y me sujetaba por la cintura, él sonrió satisfecho y tiró el cigarrillo.

- No te sientas culpable Guizhsele, es instinto de supervivencia, sólo te falta un poco de practica en el control de tus dones.

- ¿Cómo demonios lo sabes? – proteste intentando separarme de él pero no podía, me atraía tanto…

- ¿Dónde esta ahora tu querido Naigel? Él nunca esta cuando de verdad le necesitas, y cuantos secretos.

- ¿De que le conoces, como sabes que… - me interrumpí – No, mejor ¿quién eres y de que me conoces a mí? – retrocedí quedando contra la pared.

- Soy Abel – respondió mientras me cogía la barbilla suavemente y acercando su rostro al mío me besó fugazmente.

Le abofeteé y me aparte andando hacia casa.

- Creí que querías respuesta Gizhele.

Me detuve, fue algo que no pude remediar, si sólo me hubiera girado hubiera podido ver su sonrisa perversa.

- Ya decía yo – me alcanzó

- No significa que vaya a creerte.

- Claro… por supuesto, ni que yo te vaya a contar la verdad o lo que quieres oír.

Me metí en la primera cafetería que encontramos abierta y nos sentamos tras pedir.

- Desembucha…

- Que prisas, a mi me gusta disfrutar de tu compañía – sonrió malicioso

- Pero a mí no, así que al grano.

- Con esos modales princesa quizás decida no decirte nada y si te gusta mi presencia….

- Y yo puede que decida dejarte chamuscado… - entrecerré los ojos amenazadora dejándole ver parte de mis afilados colmillos.

- No me impresionas querida.

- Me da igual que te impresione o no, habla.

- Eres muy bonita, sí señor, entiendo que Naigel se esté volviendo loco… eres una chica muy interesante – me miró fijamente – Naigel, Naigel… si él no te satisface siempre puedes acudir a mí.

- Tú no sabes nada, sólo eres un charlatán – me levanté pero él me aprisiono la muñeca y me hizo sentar.

- Todo es por ti querida, tú eres el grial, tú eres el Blade real de nuestra sociedad, tú eres una vampira nata, oh no querida… no fuiste exactamente creada… eres la Buffy o el Ángel verdaderos. Y todos necesitan de ti. Vives en un teatro de marionetas preciosa.

- Estás loco – me solté de un tirón.

- Todos esos sueños… tu marca, tu poder ¿has probado a salir de día? Te lo recomiendo, tendrás una sorpresa… eres muchas cosas y nada, tan codiciada… Nos has tenido locos buscando de un lado a otro pequeña. Buscábamos un objeto y resulta que siempre fue una jovencita como en la trama de una peli. Vampiresa, brujita, humana… angelito… Desde luego hay que felicitar a Naigel, fue muy listo.


Continuara...



1 comentario:

  1. Me alegra taaaanto que hayas regresado, y veo que la inspiración te ha acompañado.
    AAaaay, que envidia Naigel en Nueva Orleans... sabes que esa ciudad tiene gran importancia vampírica...

    Es increíble que Ghizelle posea tanto poder, tanta fuerza interior, y que no sea capaz de controlarla supone un peligro para los que la rodean. Como ha sido el caso.

    Este Abel, pese a ser un charlatán, parece saber muchas cosas, esperemos que aclaren un poquito más el asunto personal de Ghizelle y que esta pueda abrir así los ojos a su historia.

    Besos

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