4 de agosto de 2010

Ghizele .- Doceaba

- ¿De donde has sacado esto?

- Tú sabes lo que es…

- Gizhele

- Ni Gizhele ni nada, escúchame, tú puedes leerlo, lo entiendes.

- No pienso traducirlo.

- ¡Pues enséñame a leerlo! - le corte exigente – Es sólo un libro, no puede hacer ningún daño. ¿Qué me ocultas Naigel? ¿Porque pareces saber tanto?…

- Creía que no existía.

- Naigel, por favor… necesito saber. Me está ocurriendo algo y tu pareces saber que es y ese libro… se que puede tener datos esenciales para mí. No te pido mucho. ¿Como voy a protegerme si me tienes en la inopia?. No quiero estar aquí encerrada. ¿Tan poco te importo Naigel? ¿Estás seguro de querer estar conmigo? ¿Qué tramas?

- ¡¿Cómo puedes decir eso?! Tú me has dado vida de nuevo Gizhele.

- ¿Cómo puedo creerte Naigel? – fruncí el ceño dolida, no me gustaba verle así, me mataba… yo…

Naigel suspiró y tras reflexionar me contó que había tres ordenes de vampiros, así como dos ordenes humanas que estaban al tanto de nuestra existencia. Unos sólo pretendían estudiarnos como ratas de laboratorio, los otros destruirnos. Me explico que existía una antigua leyenda y que entorno a esta se habían formado los distintos clanes. El clan originario, el más antiguo, tan sólo quería seguir como siempre, con su estilo de vida elitista, sin dañar a las personas buenas y pasando desapercibidos, el segundo clan, más ambicioso anhelaba andar a plena luz y someter a la humanidad al poder de los vampiros, y el tercero y más peligroso según dijo Naigel, pretendía acabar con todos ellos y no sabían gran cosa de ese grupo. Pero todos ellos para conseguir sus propósitos debían encontrar el grial.

- ¿Cuál es la leyenda?

- Te la contaré en otro momento – murmuro dejando sobre la cama el libro abierto por una página que contenía el dibujo de un símbolo.

Le mire testaruda como era con los labios fruncidos a modo de puchero.

- ¿Aún no lo has entendido Giz? – suspiró mirándome y poniendo su mano en mi mejilla – Eres tú Gizhele, todos te quieren a ti. Tú eres el origen de la verdadera eternidad, tú ves la luz, tus padres… - guardo silencio y se levanto dándome la espalda, parecía tan… frustrado.

Me fije en el símbolo que había en la pagina que dejo abierta Naigel y tras darle varias vueltas me pareció cada vez más conocido, ese símbolo originario derivaba en el símbolo egipcio de la vida.

- Y dominara el fuego y será pura luz… de la caída de la gracia al poder originario… - susurré como sumida en un sueño

- ¿Qué has dicho? – increpo Naigel abalanzándose sobre mí y sacudiéndome por los hombros con suavidad.

- ¿Qué? Perdona… estaba… No he dicho nada.

- Si lo has echo – suspiro apretándome contra su cuerpo rodeándome con sus brazos. Con él siempre parecía tan indefensa e inocente…

Yo miré la pulsera ancha de cuero que cubría mi muñeca y la retire, era el mismo símbolo, se la mostré a Naigel.

- Eso no tiene nada que ver conmigo… ¿verdad? – no quería creer lo que me había dicho, no podía ser.

El silencio nos envolvió y yo trague hasta que me fui quedando dormida entre sus brazos con miles de dudas surcando mi mente, mis padres, el símbolo, el ataque…

La noche siguiente era la del baile, me sentía débil pero acompañé a Naigel tal y como me pidió tras habernos alimentado juntos y creo que vi un pequeño destello de dolor en los ojos de Naigel al ver como aún sufría yo al hacerlo aunque fuese de escoria. Me puse el vestido púrpura que habían acabo de arreglar para la ocasión con encajes de satén transparente y delicados bordados. Me recogí parte del cabello y me di un toque de color en los labios a juego con el vestido, remarque con lápiz negro mis ojos, suspire y me levanté tras ponerme los zapatos de tacón de tiras plateadas y bajé al salón donde me esperaba Naigel con su magnifico traje negro. Me besó suavemente y me tomo del brazo susurrándome al oído lo estupenda que estaba.

- Naigel.

- ¿Qué?

- No me dejes sola esta noche por favor.

- No pensaba hacerlo.

Le sonreí nerviosa y suspire aferrándome a su mano, ya esta… definitivamente estaba en sus manos, era suya. Y sabía que si algo sucedía yo…desaparecería, no podría soportarlo. Abrió la puerta del coche y subí en el asiento de atrás, al poco estábamos a las afueras de la ciudad y ascendíamos por una carretera empinada, miré por la ventana y vi brillar las oscuras aguas del mar bajo la luz de la luna, a lo lejos divisé una fortaleza, era un conjunto amurallado, donde parecía dibujarse la silueta de un antiquísimo monasterio y al fondo, coronando el pico de la montaña un imponente palacio de cuento de hadas, con sus altos torreones… estaba rodeado por la bruma que ascendía del agua del mar, detrás del castillo debía de haber un inmenso acantilado. Las antorchas oscilaban a causa de la brisa y daban la sensación de que aquello era como una isla suspendida en el aire, poco a poco nos íbamos acercando y pude ver los árboles que ascendían de los jardines y el aroma de las flores mezcladas con la sal del mar. Atravesamos un gran arco de piedra y ascendimos por la avenida principal que llevaba al castillo, todo el sendero estaba iluminado por teas y no se podía ver el final de los jardines poblados de césped. Junto a la escalinata principal había unos preciosos caballos y a otro lado un recinto preparado para los vehículos, un sirviente nos abrió las puertas y bajamos. Naigel me cogió de la mano y me hizo seguirle mientras yo contemplaba el esplendor de ese palacio, era inmenso y de todas las ventas salía la luz cálida del interior. Era tan increíble que no podía describirlo, subimos las escaleras y entramos en la recepción, todo estaba enmoquetado y los dorados eran los colores que predominaban en la decoración, en el techo habían arañas de cristal, nos hicieron esperar allí hasta que fuimos anunciados.

- ¿Preparada? – me miró Naigel acariciándome la mejilla con su esplendida sonrisa, asentí y tras sonreírle entramos en la sala contigua, me falto el aire.

Toda la gente nos miraba, y había mucha, todas vestidas con un gusto exquisito, al fondo de la sala colgaba un tapiz con un blasón y un escudo que no reconocí, la música bajo de pronto el tono y los que bailaban se detuvieron y se giraron en nuestra dirección, algún murmullo recorrió la sala, hasta que alguien aplaudió y todos se unieron. Naigel inclino la cabeza desde la balaustrada y descendimos por la escalera lentamente y yo intente mantenerme recta y bajar con la mayor elegancia posible pese a que me temblaban las piernas, una vez a bajo mientras pasábamos entre la gente nos hacían reverencias, creía que me iba a dar algo pues no sabía como debía comportarme ni que hacer, compuse mi mejor sonrisa cuando nos decían algo y seguí avanzando junto a Naigel que no me soltó para nada. La música volvió a sonar llenando el lugar y las parejas de baile volvieron a llenar la pista con sus gráciles movimientos y la tela de los vestidos de las mujeres. Tragué saliva y deje descansar la mascara contra un lado del vestido, Naigel me tendió una copa y mirando alrededor discretamente la olí con discreción.

- Tranquila, puedes beber – me indicó Naigel.

Entonces lo comprendí, miré a todas aquellas personas, su piel, sus movimientos, sus ojos… ¡eran vampiros! Me quede con la boca abierta. ¡Creí que éramos muy pocos! Cada vez me daba más cuenta de que no tenía ni idea de mi “mundo real”, ¡que estúpida era! ¿Por qué me costaba tanto reconocerlos a la primera como hacia él?

- Son… es… pero – mire a Naigel desconcertada.

- Sí. No te separes de mí.

- No hace falta que me lo digas dos veces.

La gente empezó a aproximarse y a hablar con Naigel mientras yo no podía dejar de mirarles, se comportaban todos de forma tan natural… y aquello era tan… trivial, tan puramente burgués y vanidoso que me estaban entrando ganas de gritar. Parecía un club social de alto copete. Un grupo de hombres apartaron a Naigel de mí que pese a que no quería no le quedo más remedio y le dije con la mirada que no se preocupase y fuese a hacer lo que tuviese que hacer, no tenía por que preocuparse ¿no? Allí éramos todos iguales… menos yo. Volví a recorrer la sala con la mirada y cada vez tenía más clara la certeza de que me miraban, cuchicheaban, me llegaban comentarios arbitrarios. “es ella, es increíble, pero como se le ha ocurrido traerla aquí, que locura, es muy bella, que dulce y pura será su sangre, ¿La habrá probado él ya? ¿Quién lo iba a decir?, Naigel lo ha conseguido, esto es un desafío, no acabara bien…”

- No creí que volvería a verla y menos en semejante reunión, Madame Gizhele – sonrió Basili cogiéndome la mano y besándomela – Es usted la luz entre los ángeles del infierno.

- Vaya, ni yo – medio sonreí aliviada cuando me rescato de en medio de un grupo de mujeres que empezaban a rodearme y acosarme a preguntas. Cuando estuvimos lo bastante alejados le di las gracias por el rescate.

- No deberías rodearte de semejante jauría de hienas.

- Eso si es una revelación – arqueé las cejas bebiendo un poco – Un caballero como usted no debería hablar así de unas damas.

- Quizás es por que a eso no se les puede considerar damas. En cambio a ellas… - señalo en la dirección opuesta al extremo de la sala donde nos hallábamos. Allí pude ver a un grupo de mujeres sentadas alrededor de una mesa en mullidos butacones.

Eran realmente hermosas, irradiaban una fuerza y una elegancia incomparables, tenían un aura incandescente, me impresionaron, me hubiese encantado conocerlas, poder hablar con ellas, pero algo en mi interior me advertía que me mantuviese alejada, eran ancianas, y muy poderosas, por no decir que un par de ellas me daban miedo de verdad. Estaba tan absorta mirándolas que no me di cuenta de que nos estaban mirando fijamente serías y que ya no hablaban entre ellas, sus miradas frías me hicieron estremecer, volví a oír mi nombre repetido en el aire, como unas noches antes, eran sus voces en mi cabeza, las reconocí. Aparte la vista y mire a Basili.

- Basili, me permites un segundo querido – dijo una voz dulce de mujer, me gire y vi a una mujer alta y esbelta, de piel canela que lucía un reluciente vestido color dorado con un gran escote en la espalda, tenía una cintura muy estrecha y Basili se inclinó con gran respeto tras besarle la mano y se retiro un poco dejándome a solas con ella.

- No temas Gizhele, conmigo estás a salvo – me dijo su voz en mi cabeza antes de girase hacía mí.

Sus ojos eran del color de la miel, dorados y brillantes, con largas pestañas negras, llevaba el pelo ondulado recogido hacía un lado, era indescriptiblemente bella, parecía que su piel era pura seda, casi parecía brillar como si fuese insustancial.

- - Soy Akasha Mirielle, aunque todos me llaman Mirielle – sonrió tendiéndome la mano.

- Akasha… - repetí en un murmullo – ella me puso un dedo en los labios y me indicó que mantuviese silenció y me dio dos besos en la mejilla y me sostuvo la mano.

- Ven, sentémonos aquí un rato querida, al menos hasta que vuelva Naigel. Mejor que te encuentre conmigo que con Basili – sonrió – No es mal tipo pero…

- ¿Quienes son ellas? – pregunté mirando al grupo de mujeres que aún me miraban.

- Será mejor que no las mires pequeña. Bueno, me alegra mucho conocerte al fin… Gizhele – sonrió encantadora.

Por fin alguien que me hacía sentir bien, que encajaba y no me miraba como a un bicho raro, me daba confianza… desprendía unas vibraciones tan cálidas… parecía demasiado buena para estar en medio de ese…mal, me daba la sensación de que me comprendía, me trataba de modo tierno, como una madre a sus hijos…

- ¿Por qué parece conocerme todo el mundo y yo no sé quiénes sois? Ni siquiera creía que existierais…

- Vaya, has crecido muy sola mi pequeña soleil du sucre – susurró acariciándome la mejilla y apartando un mechón de cabello que había caído sobre mi frente. – Esto no es muy justo… - dijo distraída mientras jugueteaba con mi muñeca a la vez que miraba la marca que había en ella y que no pude ocultar a causa de la etiqueta.

Aquel ambiente me estaba asfixiando, y un olor dulzón me inundaba cada vez más, ya no sabía si era su perfume u otra cosa, me moví intranquila, la cabeza pareció darme vueltas, cerré los ojos y al volverlos a abrir lo vi todo como en blanco y negro, el mismo palacio, el mismo salón… distintas personas, humo de puros… era otra época, la música sonaba y la gente bailaba en la pista, se oían risas, gente disfrutando, bebiendo y conversando tranquilamente, todo el mundo estaba animado, un caballo relincho en los establos, y de pronto, en medio de la pista se hizo el color:

- ¿Me permite este baile Señorita?

Era él, era el hombre moreno de mis sueños, parecía un príncipe con aquel traje, se había acercado por detrás a una joven de cabellos rizados y negros, los llevaba atados con una cinta roja, y llevaba un vestido entre blanco y plateado con vuelo y encajes, esta se giro. El corazón se me aceleró, ese olor, era muy hermosa pero esa cara…la conocía…

- Permitidme que me presente, soy Ablace de Marnonblack – dijo cogiéndole la mano con elegancia y llevándosela a los labios mientras seguía con la postura de reverencia ante esta que se ruborizó.

- Morganean Pendrack, mi lord – respondió devolviéndole la reverencia.

- Es un honor, conocer a tan hermosa dama.

- El placer es mío de conocer a tan renombrado caballero, mi padre os tiene en gran estima mi señor.

Empezaron a bailar y todo el mundo alrededor se paro para ver tan magnifico espectáculo, aquella mujer… esos ojos, me eran tan familiares, conocía aquella voz. Me perdí en sus movimientos parecían flotar el uno unido al otro, la devoción con que la miraba, el amor que desprendía hacía ella, puro y simple. Pero de pronto…. Aquella oscuridad, esa presencia aterradora no pude ver más.

- Gizhele, Gizhele querida, ¿te encuentras bien? – preguntó Mirielle sacándome de mi aturdimiento – Te has quedado rígida como una tabla…

- Yo… disculpa, si estoy bien – sonreí bebiendo un poco y desviando la vista me levante y dejé la copa buscando con la mirada a Naigel que por suerte apareció.

- Por fin, estabas aquí. ¿Estas bien Gizhele? – me pregunto cogiéndome la cara con las manos. Estaba helada y pálida lo sabía – Siento haberte dejado.

- No pasa nada – sonreí más relajada.

- Gracias Mirielle.

- No hay de que querido. Me alegra verte después de tanto… - sonrió – Más tarde hablamos – le dijo en un tono negro y luego me miro a mi sonriendo y se alejo.

Naigel la siguió con la mirada y luego volvió a centrarse en mí no sin antes haber advertido la presencia de Basili y dedicarle un “no te dije que no te acercaras”.

- ¿Seguro que estas bien, te ha hecho algo alguien?

- No, estoy bien, no te preocupes… pero quiero irme de aquí… no me siento a gusto Naigel…hay algo que…

- Ven, bailemos un poco ¿quieres?

Asentí y fuimos a la pista a bailar un poco, Naigel era muy buen bailarín, a mí en cambio ese tipo de bailes anticuados no se me daban demasiado bien pero me deje llevar por él, hasta que la cabeza empezó a darme vueltas tras sentir aquella presencia y de nuevo voces riéndose en mi cabeza. Y todas esas miradas fijas en mí… murmurando sobre mí…

Entonces fuimos al lado donde servían la bebida y nos sentamos hasta que se acercaron unos hombres imponentes.

- ¿No piensas presentarnos Naigel? – dijo uno de ellos el más entrado en años.

Naigel se puso rígido pero me tendió la mano para que me levantase a su lado.

- Claro Mael…

- Es un placer conocerla, Gizhele – sonrió malicioso besándome la mano que no me soltó.

- Un símbolo muy interesante querida… - dijo otro cogiéndome la muñeca con descaro y girándola de forma que la palma de la mano quedaba hacía arriba.

Intente soltarme de su mano pero me hizo daño al agarrarme con más fuerza. Naigel gruño clavando su dura mirada en él.

- El símbolo de la vida sin duda – dijo por fin soltándome.

Me sentí acorralada de pronto por aquellos cinco hombres que parecían absorber toda mi fuerza, que me hablan sin cesar preguntándome miles de cosas que no entendía hasta que por encima del hombro de uno de ellos vi al anciano con quién Naigel había hablado en el hangar, intente deshacerme de ellos con la mayor elegancia posible y me dirigí hasta el lugar donde había estado el hombre mayor pero ya no estaba, miré alrededor y por un instante creí ver sus ojos cruzarse con los míos y extrañamente me dio una paz que no hallaba en ningún lugar últimamente. Naigel me agarro con suavidad de los hombros y yo apoyé mi espalda en él poniendo mi mano sobre la de él.

- Vayámonos de aquí Naigel, por favor – le pedí cansada – O saldré corriendo…

- No hará falta cariño, estoy de acuerdo en irnos – me giró y me beso dulcemente delante de todos y yo me deje fundir en él cerrando los ojos, me abrazó y me condujo hasta fuera.

- ¡Naigel! – lo llamo alguien.

Me dejo fuera un momento diciendo que iba a por algo que se había dejado y yo me quede fuera, sentada en la escalera.

- ¿Por qué demonios la has traído aquí Naigiel, ¡y hoy!, es que te has vuelto loco? Eres un insensato – lo intercepto Mirielle cogiéndole del brazo antes de que se congregasen alrededor otras personalidades.

- Tus actos traerán consecuencias muchacho.

- ¿Pero que te ocurre? – lo miro enfadada Mirielle haciendo caso omiso de los demás.

- Esto es una invitación a la rebelión Naigel.

- No, es una provocación – sonrió malicioso Mael que no había apartado la vista de la de Naigel que se la sostenía.

- ¿Vas a enfrentarte tú solo a todos? – rió – Necio. ¿Acaso crees que podrás protegerla solo?

Naigel agarro el cuello de este.

- ¡Basta! Aquí no Naigel, ¡Vete! – Lo aparto Mirielle de Mael.

Naigel se colocó bien la americana y salió.

Mientras esto sucedía yo seguía sentada en la escalera hasta que uno de los caballos se acerco y me dio en el hombro con el morro, lo acaricie, no tenía nada para darle.

- Eres un caballo muy bonito, pero no tengo nada para ti – sonreí acariciando su frente.

- Ahora sí – Naigel sonrió y me tiro un paquetito de azúcar que le di al animal - ¿Quieres montar?

- ¿Se puede?

- Claro que si ¿Por qué no? Anda, date una vuelta.

Me subí al caballo de un salto y me di una vuelta galopando por la playa, me sentí libre por fin con la brisa en la cara, Naigel apareció en las rocas, baje del caballo y le mire, vino hacia mí e hicimos un poco el tonto por la orilla persiguiéndonos y salpicándoles, hacía tanto que no me reía que me olvide de todo. Nos besamos y deje que sus manos vagasen por mi cuerpo haciéndome llenar el aire de la noche con mis gemidos. Luego Naigel monto sobre la grupa y me tendió la mano para ayudarme a subir, devolvimos al animal a la cuadra y volvimos a casa.

Naigel estaba serio otra vez, casi distante, parecía preocupado.

- ¿Qué te pasa?, no has dicho nada en todo el camino de vuelta. ¿Qué te preocupa Naigel?

- Cosas mías, no te preocupes.

- Ya vuelves otra vez… - suspire y me plante frente a él con los brazos en jarras - ¿puedo preguntarte algo?

- Claro.

- ¿Por que me llevaste allí? Siempre me dices que confié en ti pero tú no te fías de mí, no me explicas nada, me preocupa tu silencio, te pasa algo Naigel y no sé que puedo hacer.

- Claro que confió en ti Giz – me miro dolido y luego me estrecho contra él – Siento ser tan complicado…no quiero que te preocupes, estoy bien, lo estaré si tú estás conmigo.

Yo insistí en mi pregunta tras pasarle la mano tras la nuca.

- Ya te lo dije, estábamos invitados.

- No, no me dijiste el motivo, y eras tú el que estabas invitado. Naigel, parecía que estuvieses mostrando un trofeo…

- No digas tonterías. Anda ven aquí – me tendió la mano y deje que me asiera la muñeca.

Guarde silencio y le deje atraerme hacia él que estaba sentado en el borde de la cama con las piernas separadas, me puso entre ellas y recostó su frente contra mi vientre, suspire y le acaricie la nuca y la espalda abrazándolo.

- ¿Te encuentras mejor? – me preguntó tirando de mí con cuidado hasta dejarme parcialmente encima suyo a la altura de su rostro.

Asentí y le miré mientras bajaba la cremallera del vestido que cayo al suelo con un frufrú apenas audible, contemplo mi cuerpo y me besó cogiéndome la cara entre sus manos. Me tendió sobre la cama, ladeé la cabeza, estaba dolida, y enfadada aún con él, pero si le miraba no podría reprochárselo, se le veía tan indefenso esa noche… me besó la garganta y fue descendiendo e irremediablemente le deje hacer.

Nos amamos buena parte de la noche pero tome una decisión… tenía que volver, volver a casa.

Continuara...

1 comentario:

  1. Creo que yo soy más bien del grupo elitista, de los vampiros antiguos... ejejejeje

    Me encantó la descripción del castillo, inmerso entre la bruma y con el mar embravecido lanzando jirones de espuma desde el acantilado, las antorchas oscilantes y los tonos dorados del salón. Chapeau, amiga.

    Por cierto, Akasha Mirielle no será prima lejana mía? ejjejejejejejje

    besos

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