9 de julio de 2010

Ghizele .- Tercera entrega

Ese día no hubo quien descansara ni hiciera nada pero el sueño nos pasa factura a todos. Así que acabé por quedarme frita tal y como iba.

Cuando desperté no tenía ganas de quedarme encerrada en casa de modo que decidí ir a dar una vuelta y quizá comiera algo por ahí. Me dirigí al armario, es uno de esos que parecen una habitación más, no sé si me explico. Creo que no os he explicado donde vivo. Pues situaos en un barrio a las afueras de Chicago, al final de una calle sin salida. Es una casa vieja, construida en madera, con un pequeño jardín delantero y otro trasero. Dos plantas y un torreón. Demasiada casa para mi sola, pero he de reconocer que siempre me ha gustado todo a lo grande. No tengo demasiados muebles, prefiero los espacios despejados y sencillos, te dan más libertad. En mi habitación por ejemplo, tan solo tengo una cama grande en el centro. Además de eso, a un lado, junto a la pared, tengo un antiguo tocador de caoba con un amplio espejo y el armario que os he mencionado, luego esta la terraza pero eso ya es otra cosa. En el salón tengo un cómodo sofá y delante de este hay una mesita de madera, ambos situados delante de la ahora sucia chimenea, la verdad, en invierno suelo poner una alfombra y cuatro cojines enfrente, así puedo tumbarme delante del fuego leyendo un libro o simplemente mirar el fuego. En toda la casa hay unas tupidas y viejas cortinas que apenas dejan pasar la luz. La cocina... bueno nunca como en casa. El resto de habitaciones están vacías, aunque en el torreón hay un antiguo baúl, no tengo la llave y nunca lo he abierto, no almenos hasta el momento adecuado.

Me enfunde dentro de una faldita de colegiala, una camisa blanca atada por debajo del pecho y a medio abrochar. Me calcé unas botas y me cubrí la muñeca izquierda con una pulsera algo gruesa pero delicada. No quería ir precisamente discreta. Salí de casa y me dirigía a la disco cuando pasé por delante del cine y.... algo me izo entrar. No me fijé que película hacían pero me metí para dentro. La sala, oscura, reflejaba la luz de la pantalla en la cara de los espectadores, y en uno de los destellos me pareció ver la cara de Naigel. Pero al volver a fijarme no lo volví a ver. Hubiese jurado que estaba sentado al lado de una chica rubia, serian paranoias mías.

Finalmente me quedé a ver la peli pero no me enteré de mucho la verdad porque tenía la cabeza demasiado ocupada en otros asuntos pero no estuvo mal, hacía bastante que no iba. Al salir me acerqué hasta el parque y paseé tranquilamente cerca del lago; me encantaba caminar entre los árboles y el agua, me hacía sentir bien. Tendría que ir algún día al bosque.

Al cabo de dar muchas vueltas me senté en un banco, estaba cansada y no me sentía muy bien y para colmo no podía dejar de pensar en ese chico. Sacudí la cabeza y me obligué a no pensar más en ello; tenía que ser realista, no ocurriría nada entre él y yo, además, no se porque me comía tanto la cabeza, no me interesaba, ni hablar. Era muy majo y muy interesante pero nada más. No lo conocía, ¿Qué sabía de él?, No podía sentir nada tan pronto, ¿no?, ¿A quién estaba intentando engañar? Me reprendí a mi misma, tenía que ponerle fin a esa situación, sí, debía hacerlo y me resolví a ello. No me interesaba para nada. Definitivamente eso era lo mejor, quizá quería convencerme a misma, no lo sabía pero ¿Qué podía hacer?, Estaba hecha un lío. Había tenido unas cuantas relaciones aunque, si tengo que ser franca... no me fueron muy bien pero de todos modos jamás me había sucedido nada igual, me habían gustado, nada más, pero igualmente... ¿Tanto efecto había causado en mí?. El chico no era para tanto. No pintaba nada con una chica como yo, más bien no le convenía a nadie. Estaba muy bien así, no quería obsesionarme, a lo mejor lo que pasaba era que estaba muy aburrida… ¿O llevaba demasiado sola?

Empecé a reír, no podía parar, era como si volviera a ser una cría, ¡con lo pasota e independiente que era yo!, ¿Cómo podía ser eso?, era divertidísimo verme sorprendida por tales pensamientos, pero me sentí tan bien...

Acabé por estirarme en la hierba, estaba fresca y húmeda, lo que hizo que la ropa se pegará a mi piel. Alcé la vista y miré las pocas estrellas que se veían, se estaba nublando y estas las tapaban, seguramente llovería. Al cabo de un rato los truenos no se hicieron esperar y seguidamente una fría gota cayó sobre mi rostro luego otra y otra hasta convertirse en una violenta tormenta.

Cuando me levanté estaba empapada pero eso no me importó, seguí caminado como si nada entre el correteo histérico de la gente en busca de refugio.

La lluvia caía cada vez con más intensidad, amenazando con no querer parar nunca, el olor a tierra mojada flotaba en el aire mezclándose con el chisporroteo de una torre eléctrica en mal estado.

Las calles estaban desiertas, pero yo seguía caminando bajo el agua, la gente, atrincherada en los portales, me miraban pero no me importaba, yo también les observaba...

Tal y como pintaba el asunto estaba claro que no iba a dejar de llover así que me metí en una cafetería, me senté y pedí algo sin mucha gana. La cafetería no era muy grande, pero estaba a rebosar. Todas las mesas estaban al completo al igual que la barra.

Después de estar un rato allí sentada, y en una de mis miradas a lo largo de la cafetería me pareció volver a ver a Naigel, entre el mogollón. Me levante y anduve hacia él, pero de repente me quedé parada al ver que no estaba solo. No me había equivocado en el cine. Estaba acompañado de una chica rubia. Parecían estar manteniendo una conversación interesante ya que no paraban de reír. En ese momento me entro un arrebato de... ¿celos? Podríamos llamarlo así. Di media vuelta y me dirigí al camarero para pagarle y salí de allí rápidamente. No sabía dónde ir, estaba desconcertada, me sentía traicionada, ¿pero por qué? No estaba saliendo con él, y además no sabía con certeza si él estaba saliendo con alguien. Empecé a caminar hacia casa, sin parar, no me importaba mojarme. Por el camino empezó a llover con más intensidad y acabé llegando a mi casa empapada.


Ese día me desperté temprano, me levanté tras desperezarme estirándome como un gato y me senté frente al espejo, cuando acabé de arreglarme me miré, llevaba dos coletas, unos vaqueros y un corpiño morado y negro precioso. Bajé al comedor y me senté frente la chimenea recordando pequeños detalles de mi vida. Echaba de menos mi ciudad, mis amigos...una vida. Quizás algún día volvería pero no sería pronto, no, no lo sería, allí nadie me esperaba, no tenía nada.

Estaba tan aburrida y cansada que me quedé ahí, tirada en el suelo como una muñeca de trapo viejo jugueteando con la pequeña cadena de plata que colgaba de mi cuello. No quería pensar más, simplemente quería desaparecer, desvanecerme tragada por la vieja madera de mi casa, ser engullida por el cemento, así que finalmente, para no enloquecer más cogí un libro y cuando me cansé de leer salí a la calle.

Llevaba un buen rato andando cuando la sensación de que alguien me seguía se izo más fuerte, me sentía observada y en cierto modo me ponía nerviosa. Estaba acostumbrada a ello, pero había algo que me ponía alerta. Quería mirar alrededor y ver quién podía ser pero era mejor seguir andando como si nada. A lo mejor tan solo eran imaginaciones mías, ¿quién podía seguirme a mí?, las posibilidades eran muy escasas así que acabé por no darle más importancia.

Crucé la calle y entré en un cibercafé, así me distraería un rato. Empecé a navegar, no sabía que buscar, pero al abrir una web empezó a aparecer una serie de ventanas con publicidad de todo tipo, que si tiendas virtuales... cerrar; que si paginas eróticas... cerrar. Pero la siguiente me llamó más la atención, era una página satánica. Entré y empecé a curiosear. Vi un artículo que hablaba sobre vampiros.

Lo leí, iba desde el mito más antiguo de vampiro original a Nosferatu, Vlad Tepes, los tipos de vampiros que hay, formas de convertirse en uno, los vampiros en el mundo, el viajero, formas de destruirlos, la cultura vampírica etc. a lo más novedoso como uno de los últimos estudios sobre la posibilidad de que los “vampiros” fueran en realidad personas afectadas por la rabia y de la importancia de la literatura en este tema y el romanticismo. El aire gótico y torturado, el sufrimiento etc., etc.

Hablaba sobre muchas más cosas y sin quererlo me eché a reír, al fin y al cabo toda la información era bastante inconexa y poco creíble. Sin embargo había otras de muy interesantes. Todas tratadas y documentadas por la misma persona.

Más abajo de la página había un icono: Chat. Pinché sobre él al mismo tiempo que se abría una ventana que me pedía un nick. Tecleé lo primero que se me paso por la cabeza: Nikta. Entré en el chat, y me entretuve a mirar los nicks, cuando de repente... Naigel. No podía creerlo, ¿sería coincidencia?

Podía muy bien ser otra persona y como no tenía nada que perder inicié conversación, por probar...

Continuara....

1 comentario:

  1. Wow me encanta esta pequeña damita, que si bien se burla de los estereotipos de lo que la gente cataloga como vampiro, a mi forma de ver ella se ciñe bastante, puesto que no deja de ser un alma torturada, solitaria y ... triste.
    Me encanta la descripción de su mansión, yo no me la podría haber imaginado mejor, oscura, de madera, siniestra y austera, sin apenas mobiliario, deonde llevar una existencia sombría y solitaria. Ideal.
    Esa pequeña obsesión con Naigel creo que será su perdición, salvo que realmente no sea una obsesión y el destino sea el que los cruce constantemente.
    Muy buen capítulo y buen argumento para una historia interesante.

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