18 de julio de 2010

Ghizele - Sextra Entrega

El ruido de la gente moviéndose a mí alrededor había desaparecido, era como si el local se hubiera desvanecido dejándonos solos mientras yo seguía mirándole, inmóvil, esperando. La noche se había pasado volando, apenas quedaban unas horas de oscuridad. Nos levantamos dirigiéndonos hacia la salida.

Empezamos a caminar, sin decir ni una palabra, simplemente cogidos el uno del otro. Hacía una noche magnífica. El cielo estrellado, la luna totalmente llena iluminando las oscuras calles de la ciudad, una brisa suave y fresca que me hacía estremecer... en fin, una noche perfecta que empezaba a desvanecerse entre purpuras y dorados. Sin darme cuenta llegamos a mi casa.

Cuando entramos me besó, me estremecí sin poderlo evitar y le correspondí con una pasión que me sorprendió hasta mí. Después, poco a poco, me quitó la ropa con habilidad, temblaba como una hoja. Me cogió de la nuca y me apartó con suavidad de él para poder contemplarme, sus ojos brillaban y su cara... ¡oh Dios!, Su expresión era de verdadero éxtasis, eso me encendió aún más, sentía mi cuerpo entregarse a él con cada roce, con una intensidad que creía que no podría aguantar.

Sus manos recorrían cada poro de mi piel, ardía y una especie de corriente eléctrica me sacudió, sus labios rozaron mi cuello y gemí, no puede evitarlo, me dominaba. Quería acariciarle, besarle, pero no me dejó. Me estiró sobre la mesita y sujeto mis muñecas con firmeza durante unos minutos mientras iba descendiendo por mi pecho sin dejar de besarme. Me mordí el labio inferior y me arqueé al notar como rozaba el interior de mis muslos a medida que separaba suavemente pero con firmeza mis piernas. Luego rodeó mis endurecidos pezones con su lengua, casi sin tocarlos, pero aún así yo vibraba. Perdí la noción del tiempo, ni siquiera sabía donde estaba, tan sólo sentía cada caricia suya con más intensidad que la anterior. Sabía perfectamente lo que me gustaba, incluso creía que me conocía a la perfección. Acarició mi espalda haciendo que saltará mi resorte oculto, estaba desenfrenada, no podía controlarme y su calidez me hacía sentir tan segura y excitada. Sus dedos reseguían mi piel unas veces con suavidad otras con violencia, hasta que estos rozaron la humedad de mi palpitante sexo. Me mordí el brazo, se dedicaba a mí con total entrega, luego se apartó para volver a acariciarme ahí, me dejaba y volvía haciéndome enloquecer. Me besó y rozo el lóbulo de mi oreja para morderme luego los labios. Se alejó, y descendió acariciando mis pechos y luego enterró su rostro entre mis piernas, creía desaparecer, era tan dulce. Primero me dio mucho corte, quise evitar que lo hiciera pero no pude... mi respiración acelerada me delataba. La sangre se agolpaba cada vez con más violencia y en un arrebato me levante y le arranqué la camisa. Le besé, le acaricié y lamí todo el cuerpo, me dediqué a él por completo como jamás lo había hecho y él se entregó a mí al igual que yo lo había hecho. Le mordí el cuello con suavidad, vigilando para no hacerle daño y luego le besé con suavidad algunas veces, como él. Le acaricie el pecho, los hombros y la nuca a la vez que besaba sus pezones jugueteando con la lengua, alternando descuidadas caricias por sus ya desnudas piernas, todo en un tono suave y lento. Observé cada una de sus expresiones, eso me enardeció aún más, verle disfrutar era como sí ya lo estuviéramos haciendo. Insistí donde a él le gustaba más pero no demasiado, iba y venía haciéndole sufrir. Al igual que me ocurría a mí él también se apasionaba, pedía más pero yo lo retrasaba. Finalmente acaricié su endurecido sexo y le besé, luego me aparte. Introduje uno de sus dedos en mi boca y dejé que me alzara sentándome en el borde de la cama. Besó mi cuello y casi sin darme cuenta lo sentí introducirse lentamente en mí; gemí y cerré mis uñas sobre sus hombros mientras seguía moviéndose hasta que el placer fue tan intenso que me agarré a las sabanas y las estiré todo lo que pude, sin dejar de acariciar su nuca. Habíamos ido a la habitación no sé cuando ni como, pero ahí estábamos hasta que los dos explotamos de placer y juro que creí gritar. Suspiré y me quedé abrazada a él, no podía dejar de mirarle ni de acariciarle el pelo, su cara ya había recobrado la serenidad habitual, estaba tan... increíble. Me adormilé, él susurró algo en mi oído pero ya casi no oía nada, mis labios se movieron solos, no sé que le dije pero sé que me dormía. Tenía que hacerlo pues tenía demasiada hambre como para seguir despierta. Sólo esperaba que al llegar la noche no descubriera que todo había sido un sueño.

Empezó a anochecer. Seguía estirada en la cama, recostada hacia un lado. Tenía miedo de darme la vuelta y que no estuviese. El pánico era enorme, insoportable, pero cual fue la sorpresa cuando noté la suave mano de Naigel acariciándome la espalda, empezando por el cuello y terminando en la cintura para luego abrazarme. Fue entonces cuando se me pasó aquel temor. No había sido ningún sueño, todo era real. Giré un poco la cabeza y le miré con una leve sonrisilla, no osaba moverme demasiado, le aparté el cabello de la cara y cerré los ojos absorbiendo el olor que desprendía su cuerpo ahora frío como el mío y lo que sentía era otra clase de temor aún más cruel e intenso, quería salir huyendo.

Por un instante la habitación me dio vueltas, tenía mucha hambre y sin embargo no quería salir a la calle. De todas formas tenía la sensación de que no llegaría yo sola a la puerta, creía que me desplomaría hasta que me calme, suspiré y recuperé el control de mi misma apretándome contra el cuerpo de Naigel. ¿También sería tan difícil para él?

No osaba acabar de despertarle, se le veía tan agusto... pero yo estaba intranquila y no quería que él lo notara. Parecía que siempre se daba cuenta de que me sucedía sin embargo yo apenas sabía nada de él, aunque él tampoco o eso creía. Igualmente esperaba que todo lo que había pasado no fuera un error. La verdad es que yo me veía como un problema para todos, bueno, más bien era un caos impresionante.

Me revolví un poco entre las sabanas y me destape sin darle importancia a mi desnudez por una vez en mucho tiempo y me quedé mirando su plácido rostro.

Al cabo de un rato me levanté y me dirigí al baño, en realidad no sé cuanto tiempo pasó entre una cosa y la otra pero abrí el grifo y deje caer el agua, me quité la camiseta que le había quitado a Naigel y tras encender un par de velitas aromáticas me metí debajo del agua tibia que resbaló por toda mi piel. En ese momento deseé verle despierto, de pie tras la cortina, observando y entrando conmigo a la ducha, pegándose a mi espalda para prolongar lo que había empezado la noche anterior, pero no fue así, de todas maneras no creo que hubiera aguantado mucho, me apoyé contra la fría pared y salí cubriéndome con una escueta toalla. Estaba más pálida que nunca, cogí el cepillo y me senté en la cama mareada.

De repente sentí como me rodeaba con sus brazos con fuerza y me apartó el cabello húmedo de la cara.

- Has de comer –me susurró.

Yo me giré y me dejé tumbar en la cama con suavidad, entrecerré los ojos y suspiré dejando los labios entreabiertos mientras oía el desbocado sonido de mi corazón resistiéndose a sucumbir.

- Si sigues así acabarás contigo ¿es eso lo que quieres? –Su voz sonó grave y su mirada refulgió entre furiosa y afligida - ¡Di!, ¿Es eso lo que deseas? –Insistió– Porque yo no quiero eso.

- No, no lo sé. No... –murmuré

- Sufres más que nadie porque eres como eres, acéptalo. Todos hemos pasado por esto, eres una vampira pero has de superarlo.

- No puedo –repliqué.

- No quieres que es diferente. Olvídate de todo cuanto aprendiste. Podrías hacer tantas cosas Gizhele... no sabes lo especial que res.

- Lo siento.... Me siento tan perdida, tan…sola. Quizás no hiciste una buena elección conmigo- musité apenas consciente.

- Tienes que comer- me repitió acariciándome la mejilla mientras yo me sentía fundir, desaparecer entre la suavidad de las sabanas- Si no lo haces por ti, al menos hazlo por mí.

Gire la cara, no podía soportarlo, no podía decirle déjame morir, deja que me quite la vida poco a poco, matándome de hambre ya que, aunque me corte las muñecas o el cuello para dejar escapar hasta la última gota de sangre las heridas se cerraran de inmediato. Me obligo a mirarle, a abrir los ojos, no podía mantenerlos abiertos, era como si él supiese que iba a salir huyendo tan buen punto saliera por la puerta. Una punzada de dolor cruzo mi pecho, intenté disimular pero no pude, era como si me estuvieran arrancando el corazón a lo vivo y mi mente vagaba, no podía dejar de pensar en que hacía allí, por que seguía allí.

Quien no a querido alguna vez desaparecer, quien no ha deseado desvanecerse poco a poco dejando que la tierra te cubra lentamente, dejar de respirar y no volver jamás.

Nadie me echaría de menos, nadie notaría mi ausencia ni reprocharía aquella entrega libre del último beso.

- Déjame- musite con un hilo de voz pues sentía como cada vez me alejaba más y más de la conciencia, pero Naigel seguía ahí, me incorporó y zarandeándome le oí decir que no iba a dejarme. Pero él no sabía lo horrible que era para mí lo que me estaba pidiendo.

- ¡No!, Tú lo eres todo- me susurró- ¿A que viene eso ahora? ¿Por qué quieres acabar con todo? Todos mueren Gizhele, todo tiene su depredador, su tiempo. No son mejores ni peores. Es el ciclo de la vida.

No ha de haber una razón específica. Mata rápido si quieres o disfrútalo pero hazlo porque has de vivir ¿O me vas a decir ahora que después de todo esto tendré que olvidar que he estado en tú cama, que sólo ha sido una noche más? que he sido un simple capricho, no. No puedo hacerlo. No puedo ignorar que has sido mía y que el corazón me habla llorando por ti. No puedo evitar sentir lo que siento por mucho que lo quieras, es imposible. Peor para el sol si mientras él dormía yo te tenía entre mis brazos, soy algo más que un simple amante, creo yo. Me merezco algo por tu parte al menos... En cambio tú... llegas y te vas, fría y lejana, ardiente... Así eres tú. Una niña asustada, falta de amor que sólo huye. Como si no té importase nada... dime, ¿acaso no sientes?, Porque yo creo que sí a no ser que fingieras anoche. ¡¿Qué se supone que he de hacer cuando te busco en mi mundo y tú no estás?, ¡¿Cómo puedo buscarte para mí, dime?!– Preguntó apretándome contra él.

Sigues siendo humana Gizhele, tienes un alma, corazón, razonas y sufres, sigues siendo humana.

- Perdona, perdóname, lo siento. No quiero hacerte daño, soy un desastre. Y además, tienes razón, soy una cobarde...Sólo sé huir. No quiero que te vayas, no sabes cuanto te deseé desde el primer momento en que te vi, solamente podía pensar en ti. Me haces sentir bien- sollocé- y eso...me asusta. Temo que algún día desaparezcas y temo que si me aferró demasiado a ti, después no sepa que hacer por que dependeré tanto de ti que no podré sopórtalo_ concluí ocultando mi cabeza entre mis brazos.

- Yo nunca te dejaré, ni te anularé, te quiero Gizhele- susurro acercando sus labios a los míos- Y si, puede que sólo haya pasado una noche contigo pero para mí ha sido suficiente para saber que quiero que sea así durante toda la eternidad. Se perfectamente lo que siento por ti, desde el primer día- apartó el pelo de mi cara y me aparto de su pecho donde me arrebujaba, se hizo un corte en el pecho y me apretó contra él. Su sangre eran tan...cálida.

Cuando me recuperé un poco me abracé a él como si en ello me fuera la vida y me quede ahí, temblando, queriendo escapar de mis sentimientos, de mí misma, de todo y de todos. Estaba aún ahorcajadas sobre él que estaba tendido sobre la revuelta cama, me limpié la boca con el dorso de la mano. Su sangre me llenaba, y sentía como inflamaba mi cuerpo por entero, llenándolo de una fuerza inmensa. No se que pasó después, no sé si le dije algo o no, sólo sé que me amó con una pasión inmensa, con dulzura pese que le debilite demasiado y que después salimos a la calle a devorar el mundo con una fuerza nueva que crecía en mi interior.

Continuara...

1 comentario:

  1. Como siempre las escenas sensuales han sido sublimes, ¿ seguro que no eres vampira y has experimentado en ti misma esas sensaciones... jejejejeje?

    Me asola y al tiempo me intriga ese "alma" atormentada de Ghizele, me recuerda a cierto vampiro rubio de largas melenas, quizás el pionero del vampiro atormentado y sin sosiego interior.

    Me alegra al menos que por fin haya encontrado a un compañero, y nada menos que el chico que la atraía desde un principio, esperemos que no sea una mala influencia en ese espíritu torturado.

    Besos mi querida amiga, mi tejedora de historias.
    Voy a por Clanes... ejjejeje

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