7 de julio de 2010

Ghizele .- Segunda entrega

A la noche siguiente me levante y me duché a la luz de las velas, me encantaba sentir el agua deslizarse por mi piel; luego me arreglé y salí. Me dirigí hacia la discoteca donde había estado la noche anterior, aunque no sin antes haber saciado mi apetito, puesto que no había probado bocado desde hacia dos días y ya no podía soportarlo más.

No sé que me hizo volver a aquel antro; bueno sí lo sabía pero no quería reconocerlo. Estaba más lleno que el otro día, casi no se cabía, pero igualmente di un par de vueltas por el local; no encontré lo que buscaba, pero seguí dando vueltas como una tonta durante un buen rato hasta que me cansé de aguantar empujones y apartar a la gente. Me puse a bailar, pero al cabo de tres canciones empecé a agobiarme. Estaba a punto de salir del local cuando de repente apareció él; salió de la nada, de un rincón, en el lugar más oscuro del recinto. Llevaba puesto un jersey de pico negro y unos pantalones de pinza que le marcaba el culo de una manera un tanto, ¿sexy? Bueno no sé...

Fue entonces cuando me repensé abandonar la discoteca, ¿quizá buscaba algo en aquel chico? En fin ya lo averiguaría, la cuestión entonces era que demonios hacer porque seguía hay palplantada como una imbécil, solo faltaba que viniera el de la limpieza con una bayeta para que no manchara más el suelo. Debía resultar ridícula en medio de la escalera sin dejar pasar a nadie; me digné a acercarme, aunque de manera cautelosa, como aquel que no quiere la cosa y de repente se giró mirándome fijamente y yo, nerviosa di un paso en falso en la escalera dándome de morros en el suelo. Dios! Quería morirme, que se me tragase la tierra pero no; levante la cabeza y... Allí estaba él, tendiéndome la mano. ¿Cómo había llegado tan rápido estando en la otra punta de la sala y con toda aquella gente?. Y Yo que quería ser discreta y que no se enterase!... Se ve que ese no era mi fuerte. Imaginaos a mi tirada en el suelo, roja como un tomate, y ese chico allí, delante de mí tendiéndome la mano... uf! Menudo sofoco, una entrada triunfal, vamos, nada parecido a lo que había imaginado. Me levante como un cohete y enterré la cara entre los cabellos que se me habían soltado (aunque en realidad tenía unas ganas locas de reírme de mí misma) y lo estaba haciendo pensando que así sería menos vergonzoso, pero que narices! Me ardía la cara y no sabía dónde mirar. Sonreí como pude y dije un... algo casi parecido a un gracias.

Me cogió de la mano y me sacó de en medio de toda la multitud, llevándome a la barra. Nos colocamos en un rincón, donde no había nadie que pudiese molestarnos. El barman se acercó dirigiéndose a él:

- ¿Lo de siempre Naigel?

- Sí – dijo él con tono frío.

Ahora sabía por lo menos su nombre, Naigel. Algo era algo después de mí... pequeño desliz pero... ¿ahora qué? No sabía que decir, y eso que no me cuesta empezar una conversación, pero con él, no sé, era diferente, había algo que... no se como explicarlo. En fin, toda mi seguridad y autoestima se vinieron abajo, tendría que improvisar algo.

- Ayer me quedé con la palabra en la boca. – Dijo Naigel.

- No me di cuenta, perdona- mentí, ¿pero que iba a decir?, ¿Que salí por piernas por que no sabía que leches decir?

- No importa. No te había visto por aquí antes.

- Es que no había venido antes.

- Aquí tiene señor – dijo el barman, un hombre de negro, de estatura media, muy corpulento, y con el cogote afeitado.

Lo miré un momento y luego desvié la mirada hacia la pista pensando en algo que decir, pero nada, ¡seguía en blanco! Esa sensación era horrible.

- ¿Qué quieres tomar?

- Nada, gracias - sonreí encantadora, cada vez me sentía más estúpida.

- ¿Seguro? Invita la casa.

- ¿La casa?

- Sí, se podría decir que trabajo aquí.

- Vaya, no lo sabía ¿y llevas mucho tiempo aquí?

- Desde el primer día en el que abrimos el local.

- Ah... ¿No será tuyo, verdad?

- No, sólo soy el relaciones públicas. Pero conozco muy bien a los dueños, se podría decir que son mis creadores.

- No me extraña, ¡quiero decir!, Que te pega- corregí. Una tontería más y me iba a la vía del tren pensé.

- Deberías sonreír más a menudo, tienes un sonrisa muy bonita – sonrió clavando sus profundos ojos en los míos -Me tendrás que disculpar, debo marcharme, es tarde. Ya nos veremos.

- Claro, no pasa nada- sonreí aún fuera de lugar, después de todo no me extrañaba que aprovechara para largarse, parecía una idiota pero mientras le disculpaba él pasó al lado mío, dejando caer una mirada y desapareció entre la multitud. ¡Dios! Creí que las piernas no me iban a aguantar pero obedecieron y salí con cara de felicidad del recinto, no me extraña que me miraran, con la cara de chiste que debía llevar... lo malo fue que al salir al exterior tuve que salir corriendo hacía casa si quería llegar a tiempo.

Continuara....

1 comentario:

  1. MMMMM esa velocidad al cruzar el local... y el decir que los dueños son sus creadores... no sé, quizás haya algo más detras de esa apariencia de guaperas atrayente.
    Besos y te voy leyendo

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