29 de julio de 2010

Ghizele .- Decima entrega

La luz de la farola se rompió, parecía que alguien le había arrojado una piedra, sentí el aliento que desprendía, y el sonido que hace el aire cuando cortan a través de él, me cubrí y le propiné una patada en el estomago, por suerte había aprendido a defenderme y a luchar, esas eran unas de las ventajas de vivir en la calle que aprendías a protegerte. Le sacudí otro puñetazo en la cara y apenas pudo rozarme pero sentí como me apretaba el cuello, era fuerte, muy fuerte, demasiado para ser mortal si lo era, trabe su pierna y caímos al suelo, le golpeé y lo apreté contra la pared pero de repente era yo quién estaba oprimida contra los ladrillos que arañaban mi rostro. Algo frío se clavo en mi piel, un líquido helado entraba rápidamente en mis venas, quemaba, solté un gemido y de un codazo me lo quité de encima. Me agarró el brazo y de espaldas me apretó contra su pecho oprimiendo de nuevo mi garganta, sentí como su puño se clavaba en mis costillas cuando forcejeaba. Le mordí el brazo, se lo mordí con tanta fuerza que su sangre manaba casi como una fuente manchando su tatuaje, y yo, fuera de mi, la emprendía a patadas y puñetazos con aquel cuerpo, un manotazo voló sobre mí cruzándome la cara, un reguero de sangre resbaló por la comisura de mis labios, no era de piedra… caí de bruces en la acera golpeándome la cabeza, su mano aferró mi pie pero le propiné otro golpe y salí corriendo tan aprisa como pude, las piernas me pesaban y la vista se me nublaba. Me ardía la piel y me sentía agotada y eufórica a la vez, llena de una fuerza que no sabría explicar. Dos manzanas delante me detuve, había dos más en la esquina, no se les veía el rostro, iban todos de negro, gire sobre mí, ¡Dios! estaba rodeada y casi no podía respirar, un gritito se escapo de mi garganta.

El corazón se me salía del pecho, mi furia iba en aumento, estaba asustada, como cuando era una niña y me acorralaron en aquel callejón. Me pareció que me decían algo pero no entendí que, estaba perdiendo el control, me desvanecía, intente apoyarme en la pared pero permanecí firme donde estaba, se abalanzaban sobre mí, ya estaban encima, temblaba de pies a cabeza, me sentía febril, el primero me agarró del brazo y lo lance por los aires mientras le propinaba una patada al otro, el que le seguía intentó reducirme pero le golpeé también y al darse contra la pared en la cabeza cayó como un saco. Los otros dos se miraron y avanzaron, no quería llamar a Naigel después de todo lo que había pasado o demostraría que él tenía razón, que debía protegerme y que debía ir acompañada, no podía permitirlo ¡¿pero qué demonios ocurría, porque a mí?! No sé qué ocurrió, sentía como el fuego crecía en mi interior, como el aire se arremolinaba a mi alrededor violento, note la tormenta desencadenándose sobre nuestras cabezas y los rayos precipitarse una y otra vez sobre el suelo crepitando y luego nada, calma total, se detuvieron un instante, vacilaban pero avanzaron. Mis ojos debieron de brillar como fuego por que se detuvieron en seco, y entonces... el que iba a atacarme ardió, ardió por completo en un abrir y cerrar de ojos, no hubo más, salieron corriendo. Sólo uno permaneció allí con la daga aferrada en una mano, ladeé el rostro y sonreí encantadora, estaba ya en su mente, le ordene venir a mí… necesitaba sangre… y ese hombre me deseaba, lo use, mis colmillos se clavaron en su yugular, bebí saciando mi acuciante necesidad hasta oír como su corazón sucumbía tras intentar resistir, luchaba antes del último sorbo lo solté su cuerpo vació golpeo el suelo con un sonido sordo que me estremeció. Si era rápida, fuerte, sabia luchar…pero no se que sucedió en ese callejón. Creo que me desplome, miles de extrañas imágenes poblaron mi mente hasta que todo se volvió negro. Al abrir los ojos de nuevo amanecía, los débiles rayos de sol impactaban sobre mi piel, me aterré y me levante de un saltó con un grito estrangulado en mi garganta hasta que me tranquilice y alargue la mano hacia la luz… nada, ¡no me pasaba nada! como en aquel sueño. Como drogada empecé a andar observando embelesada las calles a la luz del sol, sus colores, su textura… era algo tan increíble. En mi pecho se agolpaban tantas emociones encontradas… no podía creerlo, era increíble, tenía ganas de llorar de emoción, terror, tanto… tantas noches soñando con eso y ahora era real, el sol no me hacia el menor daño, su calor hacía cosquillear mi pálida piel como la caricia de un amante. Pero aquel dolor me impedía disfrutar que aquel momento, tenía que llegar a casa…

Tras eso ni siquiera sé como llegué a casa, estaba realmente aturdida y muy débil, no se que coño me habían inyectado pero esa droga me estaba afectado demasiado. Y la sangre de aquel tipo… parecía veneno en mis entrañas. Me hubiera desplomado en la entrada pero hice acopio de mi fuerza de voluntad para llegar junto a la cama, Naigel no había llegado y no sabía por que demonios me había dejado sola si tan poco le agradaba que saliera ¿le habría pillado el amanecer y se había tenido que ocultar, estaría bien? Me aterré y empecé a hiperventilar cayendo sobre la cama ya que tropecé con la banqueta y caí sobre esta desmadejada. Me adormile, Naigel era lo único que había en mi cabeza. Ni siquiera podía convertirme en bruma, ni surcar los aires… nada.

Su pelo mojado caía lacio sobre sus desnudos hombros; le faltaba el aliento y sus labios entreabiertos eran más rojos aún de cómo los recordaba pero sus placidos ojos grises se quebraban como el cristal presos del pánico apagándose en un suspiro. Cayó sobre mí resbalando hasta que su cuerpo se desplomó pesadamente sobre el empedrado sin que pudiera reaccionar. Sus rizos quedaron esparcidos sobre un charco de sangre carmesí enmarcando su pálido rostro de sirena mientras la lluvia seguía cayendo empapando nuestras ropas.

La habían asesinado, tres cortes precisos sesgaron su vida como si de un hierbajo se tratará.

Me desperté sobresaltada, había sido un sueño extraño, demasiado, era como si estuviera viviendo los recuerdos de otra persona... de un hombre. Me levante y me moje la cara, tenía cosas que hacer antes de que llegara Naigel. El corazón me dio un vuelvo al pronunciar su nombre y la imagen que aquel rostro femenino regreso a mi ¿Tenía algo que ver con él? Suspire cansada y tras echarme el pelo hacia atrás mire mi bolso.

Aquella misma noche me puse a leer el librito, me dolía todo pero tenía que aprovechar que Naigel aún no había regresado, intenté mantener los ojos abiertos, despejarme, pero por desgracia no me sirvió de nada pues el libro estaba escrito en un lenguaje que no comprendía, tan sólo entendí unos nombres: Akasha Pendragón, Pandora de Caléis, Nikta, Ablace de Marnonblack , N.S y G.P. Suspiré y lo dejé a un lado dentro del bolso. La cabeza me daba vueltas, temía dormirme de nuevo, así que cogí los expedientes y empecé a revisarlos pero nuevamente caí en una duermevela.

Me dormí, no pude aguantar más, lo que fuere que me hubieran metido en el cuerpo dolía como mil demonios.

Abrí los ojos, unas voces me despertaron, susurraban una i otra vez mi nombre, Gizhele, Gizhele. Me acerqué hasta el lugar de donde venían las voces. La puerta estaba entornada y podía ver como la luz de las velas reflejaban dos sombras largas y oscilantes, me asomé, las voces me eran familiares, ya las había oído antes y mis sospechas se confirmaron.

Eran los dos hombres que vi en la iglesia y me produjeron el mismo efecto que la primera vez, me atraían sobremanera y eran tan sensuales...

- Le ofrecí ayuda Gabriel, le dije que la protegería, pero lo rechazó- repitió el moreno, tenía los codos apoyados sobre las rodillas y hundió su rostro entre las manos.

- Lo se. Tranquilo.

- ¿Cómo demonios quieres que me tranquilice?

- Dijiste que...

- Se perfectamente lo que dije. Que ella misma se condenó, pero debo hacer algo por ella, aún no es tarde podría...- se alzó clavando sus hermosos ojos brillantes en la pared

- ¿Y que puedes hacer? Ella sabía lo que pasaría. Puede que no la conocieras...

- Algo le sucedió Gabriel. La amo a pesar de todo…

Parecía furioso, abatido, la desesperación hacía presa en sus ojos, aquélla seguridad, aquella serenidad y aquel enorme poder que desprendía parecían haber desaparecido por completo.

- Al menos tú siempre estarás para proteger a tu niña

- Silencio...hay alguien- susurró mirando fijamente hacía la puerta.

De pronto desperté aturdida, me costaba respirar e inconscientemente me lleve la mano a la muñeca y después busqué mi cadena... ¡no estaba!


Continuara....


1 comentario:

  1. Siento haber tardado en pasarme, realmente ha sido una semana terrible...

    Me ha puesto frenética la lucha, me encanta la facilidad con que has desarrollado este capítulo, aunque creo que necesito leer más para ir desenmarañando la historia (que conste que ya tengo una ligera idea). Supongo que las imágenes que bloquean su mente tienen que ver con el tipo del que se alimentó...

    ¿Y ahora la cadena?

    Sube pronto amiga, que me pasaré tan rápido como me sea posible.

    Leer a veces es lo único que nos libera de la opresiva vida que se nos impone. Besos

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