7 de julio de 2010

Clanes - Cap.2



- ¿Y tú a que te dedicas?

- Hago un poco de todo.

- Ya – sonrió mirándole – Oye es tarde, quédate, hay sito de sobra. A esta hora la carretera empieza a helarse y con la moto puedes caer.

- No pasa nada ¿estás segura? – la miro y siguió el movimiento de su cabeza que se giró en dirección a donde sonaron unos aullidos lejanos.

- ¿Tienes hambre? Yo es que no he comido – se levanto dirigiéndose al refrigerador y sacando un paquete con un plato.

- Un poco.

- Espero que te guste la carne.

- Descuida, soy carnívoro – sonrió de un modo estremecedor.

- ¿Poco echa?

- Sí. Por no decir cruda – susurro con el rostro ensombrecido.

Ella sonrió y empezó a como quien dice calentar la carne que al poco lleno la cocina con su olor característico, puso la mesa y saco algo de vino y cenaron. Yaizha observo como él devoraba la carne casi cruda como ella. Luego él sin decir nada retiro la mesa y fregó los platos llenando de nuevo las copas que llevo hasta la alfombra donde ella esperaba sentada mirándolo y le alargo la bebida.

- No tenías por que hacerlo.

- Que menos.

- Si hombre, encima que me has traído hasta aquí.

- No importa, pero no se lo digas a nadie – le guiño el ojo haciéndola reír.

- Tranquilo, tu reputación está a salvo. – sonrió y se apartó la melena a un lado y se estiro alcanzando un mando permitiéndole ver a él la marca de una extraña letra en la nuca de ella que encendió el estéreo.

El pulso volvió a desbocársele, intento recuperar el dominio de sí mismo y bebió un trago para que sus ojos recuperaran la tonalidad natural sin que ella lo viera, pero Yaizha lo miro seria notando su nerviosismo.

- ¿Qué edad tienes?

- Diecinueve ¿por? – lo miró confusa

- ¿Cuándo es tu cumpleaños?

- En el solsticio de… – se interrumpió mirándole fijamente.

- Perdona. Soy un poco curioso – sonrió bebiendo pero a Yaizha le sonó falso el comentario, su instinto se puso alerta.

- ¿Y tú?

- Soy algo mayor- sonrió – Así que pronto es tu cumple…

Ella asintió.

- Tu pareces de invierno – dijo entrecerrando los ojos y rozando su mano para acercar la copa de él a sus labios y beber de su copa.

Wolf asintió aspirando el perfume de ella, la tenía tan cerca que casi podría rozar sus labios con los suyos, su cuerpo era cálido y suave, sus ojos se clavaban en los suyos, no los aparataba como las demás intimidadas, sus instintos le decían que era ella, sólo ella, le ardían las entrañas. Le apartó el cabello de la cara con suavidad.

- No eres de aquí ¿verdad? – la miró con intensidad.

- No exactamente – susurro aun a escasos centímetros de su rostro – Mí… extensa y antigua familia proviene de Transilvania – dijo casi rozando la piel del cuello de él que se erizo - ¿Y tú?

- Tierra de leyendas – sonrió aún sujetando la nuca de ella - La estepa rusa… por una parte – la miró notando como su sangre golpeaba con fuerza sus venas.

Yaizha se apartó un poco y volvió a apoyar el codo en la mullida alfombra, había algo de él que la atraía tanto… casi no controlaba su cuerpo que se estremecía, parecía temblar de deseo ¿Qué le pasaba con ese hombre? Se sentía tan extraña, suspiró distraída en sus pensamientos y miro al fuego intentando contener esa ansía que la devoraba tirando de ella.

- No me has dicho cuántos años tienes Wolf.

“Millones” pensó él pero le respondió como correspondía – Veintiocho.

- Vaya – le sonrió fugazmente volviendo a mirar el fuego que crepitó en la lumbre.

- Que tampoco soy tan viejo – rió contagiándola.

- No, no lo eres – se giro poniéndose a cuatro patas mirándolo de frente – Oye… quizá soy yo la que no es chica para ti – soltó de pronto con los ojos brillando con un aspecto dorado nuevamente.

- ¿Por qué dices eso?

- Nada – se encogió de hombros sentándose sobre las rodillas – Soy joven para ti.

Él se acerco y volvió a cogerla de la nuca acercándola a su cuerpo, acerco el rostro al suyo rozándose con los labios mientras ambos intentaban controlar sus instintos que empujaban con fuerza. Yaizha se escurrió y apoyó la espalda en su pecho sentándose cara al fuego, respirando entrecortadamente con discreción. Era algo casi doloroso…

- ¿Quién eres? – le pregunto en un susurro al oído al levantar la barbilla hacia su rostro.

- Sólo yo – respondió de igual modo pasándole un brazo por la cintura.

Fuera los aullidos volvieron a resonar y Yaizha se levanto de un bote y cerró las ventanas. Hecho un tronquillo al fuego y volvió a sentarse en el sofá, prefería mantener las distancias con él o acabaría cediendo a sus instintos. Era peligroso…

- ¿Cuándo se casa tu amigo? – le pregunto siguiéndole con la mirada ya que se había levantado y se sentaba en el sofá al otro extremo quedando cara a cara.

- Mañana.

- ¡Vaya! Lo siento ¿te dará tiempo de poderte cambiar?

- Si claro, descuida – sonrió recordándole la moto.

- Parece un buen tipo, bueno todos.

- Sí, lo son. Somos una gran familia.

- Te entiendo – suspiro.

Él la observó en silencio.

- ¿Quieres venir conmigo?

-¡¿Qué, yo?! No. Estás loco, no os conozco – rió – Además, tu ya tienes pareja con quien ir.

Él negó con la cabeza.

- ¡Anda ya! No me tomes el pelo, un chico como tú seguro que tiene con quien ir.

- Pues voy a ir solo si no me acompañas… que triste ¿no? – le soltó una sonrisilla traviesa con cara de cachorrito abandonado.

- No me conoces.

- Pues así nos conoceremos. Venga, vente. Te divertirás.

- ¿Y qué me pongo?

- Seguro que tienes algo bonito para ponerte.

- Quería ir a escalar mañana… - suspiro

- Si me acompañas, luego haré el ascenso contigo si quieres.

Ella enarco una ceja pensándose la oferta y finalmente acepto tendiéndole la mano que él estrecho acariciando descuidadamente su palma.

- En ese caso será mejor que nos vayamos a dormir.

Él se encogió de hombros y ella se rió mientras seguían hablando, fuera el alba iba despuntado.

A la mañana siguiente Yaizha se vistió con un elegante traje rojo de palabra de honor, ceñido a sus curvas de cintura para arriba y que era algo plisado y luego caía elegantemente. Por detrás hacía un bonito escote en pico cerrado por unos botones que parecían sugerir ábreme y un corte a un lado para darle mayor movilidad, había recogido parte de su suave melena en un desenfadado recogido con pincitas brillantes, se dio un toque de brillo en los labios, se puso unos zapatos de tacón y bajo, la tela vaporosa parecía ondear tras ella como si flotase sin tocar el suelo, cogió las llaves de su descapotable y despertó suavemente a Wolf que estaba aun dormido tendido sobre la cama de la habitación de abajo como un ángel. Ella lo miro durante un rato hasta que abrió los ojos, él bostezo dejando ver unos afilados colmillitos y se froto los ojos.

- ¿Ya estas lista, qué hora es?

- Es temprano tranquilo.

- Creo que no dormía tanto desde hace tiempo – se levanto mirándola casi sin respiración – Estas increíble. Mis amigos se morirán de envidia.

- Oye, que no soy un trofeo de exhibición. ¿No desentonaré? – Se miro preocupaba.

- Vas perfecta. ¿Me dejaras lucirte aunque sea un poquito? – sonrió travieso.

- Vale – rio – Pero sólo un poquito – dijo haciéndole el gesto de poco con los dedos y saliendo hacía el comedor – Vamos, te llevo.

Yaizha lo esperaba en el coche mirando el cielo despejado, no había sucedido nada pero lo deseaba tanto… había algo en él que le hacía olvidar quien era ella, y a la vez le daba la sensación de que era igual, que la entendida, pero no podía ser, si fuera como ella… lo habría reconocido enseguida.

Wolf saltó al interior del coche tras haberse refrescado con agua bien fría y dejo que el aire lo despeinase mientras ella conducía carretera abajo en dirección al lugar donde se celebraría la ceremonia y donde estaba su traje. Pronto llegaron frente a un palacete increíble, el verde del jardín contrastaba con las flores, todo estaba dispuesto, Wolf bajo del coche que ahora conducía él pues se habían cambiado y le abrió la puerta a Yaizha que bajo con incomparable porte, le tendió la mano y entraron, los cuchicheos no se hicieron esperar, todo eran murmullos a su alrededor, las mujeres elegantemente vestidas la repasaban de arriba abajo con su mirada crítica y cruel. Wolf se disculpo y la dejo a la sombra de un gran aveto y subió a cambiarse, allí cerca estaban algunos de los chicos que lo acompañaban anoche que la miraban atónitos y entre risitas. Enseguida siguieron a Wolf al interior del edificio y otros se quedaron fuera, uno de ellos se acerco.

- Hola, soy Rield – le tendió la mano.

- Yaizha – sonrió estrechándole la mano con elegancia y aceptando una copa que le ofreció otro chico que se acerco y se presento como Peter.

- Así que nuestro Wolf insistió hasta conocerte – sonrió este.

- Es un poco cabezota.

Ella sonrió amablemente, se sentía fuera de lugar, observada y lo peor de todo… se sentía minúscula, una intrusa que no era bienvenida, sentía una opresión muy grande, se sentía casi débil y eso solo podía significar una cosa… se estremeció incrédula, no podía ser, desestimo esa idea, pero sentía una incesante inquietud que iba creciendo en su interior, no tendría que haber ido. Que sabía de él, de esa gente…¿y si le hacía daño?

- ¡Eh!, tranquila, anima esa cara mujer. No te va a comer nadie – sonrió otro chico dándole un afectuoso toque en el brazo.

- No me siento muy cómoda…

- Pues siéntete como en casa – sonrió Koen acercándose a ella y tendiéndole la mano y presentando a su hermano Naigel que era el que la había intentado animar. Rield resulto ser el primo del novio.

- Gracias – sonrió – y felicidades

- No hay de que, estoy más nervioso que el primer día de caza – le confesó – Y no te preocupes por lo tuyo… nadie de aquí dirá una sola palabra.

- Os lo agradezco.

- Aunque no hay nada de qué avergonzarse, ¿verdad? – sonrió pícaro Peter arrimándose a ella.

- Discúlpanos – dijo Koen y se alejó seguido de su hermano, su primo y otros chicos ya que los estaban llamando.

Yaizha suspiro y miro al suelo distraída y luego a su alrededor, el palacete era increíble.

- ¿Quieres verlo por dentro? – se ofreció Peter pero algo en su mirada la hizo desconfiar.

- Eres muy amable pero estoy bien aquí.

- ¿Seguro? No quieres venir conmigo ahí detrás, hay un reservado muy tranquilo – sonrió malicioso cogiéndola del brazo.

Yaizha se puso tensa, su olor… el brillar amarillento de sus ojos, era uno. Ella intento zafarse de su mano pero él le apretujo el brazo con fuerza atrayéndola hacia él y dándole un lametón en el cuello le susurro al oído.

- No armes un escándalo y sígueme calladita si no quieres acabar mal parada… preciosa. ¿Ya se te ha tirado Wolf? Debes de ser un polvo esplendido para haberte traído aquí. ¿Qué digo?, más que eso, y esta es la mía.

Por suerte en aquel momento salía Wolf ya cambiado y de reojo lo observaba acabando de hablar con una mujer mayor, muy elegante y de porte solemne, se alejo elegantemente de ella y se aproximo llamando a Peter que la soltó rápidamente con el rostro pálido.

- No intentes ninguna tontería Peter, no es una cualquiera – le dijo al oído. Él se disculpo y se alejo – Discúlpale a veces es un poco… torpe.

- Tranquilo, estoy acostumbrada a tipos así… - dijo ella sin mirarle a la cara y añadió – Pero yo no me fiaría de él Wolf, es traicionero – dijo con voz oscura y clavo sus ojos ahora brillantes y dorados en él que echo un rápido vistazo alrededor y la rodeo entre sus brazos calmándola.

- No eres un capricho Yaizha…

Yaizha se dejo envolver y entorno los ojos que volvieron a recuperar su tono azul y miro alrededor, había algo extraño en todo ellos, no eran normales… lo olía, lo sentía.

Wolf la tomo de la mano y la llevo con él hasta donde estaba el resto de la gente esperando y que comenzaba a sentarse en las sillas para ver la ceremonia al aire libre. Estaba todo precioso y pensado a la perfección, volvió a mirar alrededor, la gente reía, todos estaban contentos y nerviosos por el acontecimiento, ella sonrió para sus adentros con cierta tristeza.

Continuara...

1 comentario:

  1. Como siempre tengo una favorita, y es esta. No sé por qué pero esta historia de clanes, de licántropos y de pasiones encendidas me atrae mucho.
    Espero el tercero, besos

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