26 de julio de 2010

Clanes - Cap. 9



- Yaizha, sabes que puedes contarme lo que sea cuando tú estés preparada - Ella suspiró y Sina prosiguió – Dale la oportunidad de demostrarte que sabe cuidar de si mismo perfectamente y que puede protegerte. Él siempre ha cuidado de todos nosotros.

Yaizha miraba el esplendido cuerpo desnudo de Wolf que había salido del agua empapado, deseaba ser cada una de las gotas que resbalan por su piel, contemplo la magnificencia de su cuerpo viril y sacudió la cabeza volviendo a concentrarse en Sina.

- Sina, ¿Crees que esto que nos está pasando es posible en tan poco tiempo? No nos conocemos, pero esta atracción es tan fuerte… Además se que me está ocurriendo algo, mi cuerpo…mi alma… no puedo controlarme. Lo siento pero no puedo hablar ello, yo…

- Déjale hacer a él, sabe que ha de hacer. Tú ten paciencia e intenta estar lo más relajada posible. Deja hablar a la naturaleza. En cuanto a tu pregunta, sí, es posible. Yo cuando vi a Koen supe que quería pasar el resto de mi vida con él – suspiró deseando poder decirle que lo sabía todo pero no podía, lo entendía tan bien…

- Gracias Sina.

- No hay de que, ahora déjame marujear un poco más ¿a que es genial en la cama?

- ¿Eh…? No puedo comparar… pero sí. Me volví loca.

- ¿Sabes cuantas desearían estar en tu pellejo? Aprovéchate bien de ese pedazo de hombre. Se dé una que debe estar morada de envidia – rió perversa –Bueno querida, ahora toma nota de esta infusión y tómatela antes ir a dormir.

Ella obedeció y apunto lo que le decía y la releyó tras colgar, le resultaba familiar la composición… ¿Cómo podía conocer esa infusión en concreto si era humana? De nuevo aquella sensación que le bufo el pelo.

Wolf la cogió por sorpresa por detrás y la beso empezando a hacerle cosquillas para que quitase esa cara tan sería. Ella rió y casi se atraganto cuando la tiró al agua helada del rió, chapotearon un rato hasta que la volvió a coger como un saco de patatas y la tiró sobre la cama al llegar a la habitación, remolonearon un rato hasta que él empezó a besarla suavemente deslizando su mano por sus piernas que al poco se entreabrieron como un flor al contacto con el calor del sol acabando enredados el uno en el otro con movimientos rítmicos y lentos, le encantaba mirarlo mientras gozaba… estaba tan bello.

Lo miro una vez tirada en la cama recuperando el aliento entre sudada y mojado del agua y le aparto un mechón de la frente sentándose en la cama cara a él.

- ¿Qué? ¿Vas a tenerme siempre metida entre las sabanas? – sonrió traviesa y Wolf rió al acordarse del comentario de Sina.

- ¿Algún inconveniente?

- No, mientras me des de comer – rió

- Creo que dejamos un ascenso pendiente ¿te apetece?

Asintió, se levantaron y prepararon los utensilios de escalada, estaba claro que ella le llevaría ventaja en eso pero no se podía ser perfecto en todo.

En casa Koen miro a su esposa que estaba pensativa aún al lado del teléfono y se acerco a ella cogiéndole la mano.

- ¿Qué te preocupa cariño?

- Oh, perdona, nada estaba pensando en muchas cosas y en nada en concreto ya sabes.

- Si ¿hablabas con ellos? – se sentó a su lado con esa sonrisa que siempre la hacía derretir.

Ella asintió acariciándole la mejilla y apoyando la cabeza en su hombro.

- ¿Están bien?

- Sí, pero me preocupa Yaizha…

- ¿Por?

- Creo que está pensando en volver con los “suyos”

- ¿Por qué?

- Por Wolf, para que no le hagan daño. Lo que ella no sabe es que nada evitara el enfrentamiento de todas formas y no sabe quién es Wolf.

- ¿Crees que habría que decírselo?

- No, ahora no, está en pleno solsticio… está hecha un lió y aún no ha pasado lo peor del cambio. Wolf casi no podía controlarla la noche anterior cuando entro en trance. Además si se entera ahora después de…

- ¿Se han…?

– Creo que se avecinan problemas – dijo asintiendo en respuesta a su marido.

Él le acarició el hombro estrechándola.

- Cuando llegue el día de la batalla… quiero que te quedes al margen.

- ¡No puedes pedirme eso!

- Piensa en los pequeños, no quiero que os pase nada a ninguno. Ya sé que eres muy valiente y fuerte, pero ahora no eres tan ágil…

- No quiero perderte.

Por fin Bakio contemplaba la sala vacía desde el puesto del dominante, después de tantos años había derrocado a su padre y lo único que le decepciono fue que no le costara hacerlo. Echo un último vistazo y llamo a sus tropas. Ya era hora de ponerse en marcha y reclamar todo lo que consideraba suyo, para él la guerra ya había empezado.

Dio las órdenes oportunas a cada uno de sus batallones y se paseo por la arena de la sala. Encontraría a Yaizha costase lo que costase y acabaría con el clan del rayo negro, de hecho ya había empezado el ataque contra estos. Entonces el maldito gran lobo saldría de su escondrijo, cuando lo informaran de las primeras muertes estaba seguro de que respondería tal y como él esperaba.

Un soldado interrumpió sus pensamientos.

-¡¿Qué demonios ocurre ahora?! Dije que no me molestaran.

- Señor, ahí fuera hay dos lobos del clan del rayo negro que quieren verlo, dicen que tiene información útil.

- ¿Es una broma no?

- No Bakio.

Bakio le ordeno que lo guiara hasta donde los tenían retenidos entro con su porte regio sabiendo que su imponente talla era suficiente para amedrentar a muchos machos y entro echando un vistazo rápido dejando ver sus enormes colmillos. Frente a él esperaba un lobo algo escuchimizado para su gusto, y una bonita hembra de pelo claro y mirada coqueta que se acerco sin temor alguno frotándose contra él y pasándole la lustrosa cola por el morro, él la olió y luego se dirigió al macho.

- Habla, ¿Qué información me traéis?

- Sabemos dónde está tu desobediente prometida… deberías poner en vereda a esa perrita.

Bakio gruño y con un rápido movimiento le soltó una dentellada en el costado.

- Cuida tu lengua enano cuando hables de mi futura mujer.

El otro se encogió soltando un leve gañido medio gruñido.

- ¿Quieres la información o no? – le pregunto la otra volviendo a pasar por delante de él desprendiendo su olor de disponible.

- No soy estúpido. No pienso caer en vuestra trampa.

- No lo es.

- Entonces lo sois vosotros. ¿Qué ganáis con esto, que queréis? Aquí la traición se paga con la muerte – los miró con ojos centelleantes.

- Estar con los más fuertes claro – se sentó la loba – Quiero tener a mis pies al cacho perro ese – gruño mostrando los colmillos y encrespando su pelaje con los ojos brillantes.

- Lo tuyo estaba caro, las mujeres siempre quieren poder, estar lo más arriba posible y tener lo que no pueden… pero ¿qué quieres tú? – miro al macho trazando círculos entorno a este.

- Venganza, quiero aplastarlos. Patear a ese Wolf y algo más pues nuestra colaboración bien vale la pena para que tengáis éxito en el asalto.

- ¿Y qué es eso? ¿Un sitio de honor? Si lo que me digas vale la pena considéralo tuyo. Aún a riesgo de lo que pueda oír… y dejándoos claro que con o sin vuestra ayuda os aplastaríamos igual voy a preguntar, ¿Qué más le pides a Bakio? Podría no darte nada y aplastarte simplemente…

- Una noche con tu loba.

El otro gruño amenazador pero de nuevo la loba se interpuso.

- Yo puedo estar en tu cueva cielo – le dijo de manera seductora – Se que no te soy indiferente – meneo la cola.

- Puedo tener muchas como tú.

- No creo – dijo con los ojos centelleando

- Pero si sabes satisfacerme no le veo el problema, no soy un anticuado. Me va la variedad.

Ella rió haciendo caso omiso del reproche del otro macho.

- Así se crea un clan fuerte.

- No te apures cielo, también tengo algo para ti – le guiño un ojo – Al fin y al acabo somos tal para cual.

Los tres tomaron asiento y los recién llegados explicaron todo lo necesario al nuevo cabecilla del clan de la Luna.

Yaizha se levantó de la cama como un resorte, algo la sobresaltó, fue como un rayo, como si algo se quebrara en su interior atravesándola de punta a punta, empezó a andar intranquila de un lado al otro de la habitación con el corazón desbocado. Wolf la miró con el ceño fruncido algo no iba bien, intento hacerla parar pero ella se deshizo de él hasta que la abrazo por la espalda y consiguió relajarla un poco y se volvió a sentar en la cama con las piernas estiradas sin dejar de mirarla.

- ¿Qué pasa?

- Tengo que irme – dijo nerviosa

- ¿Por qué?

- Ha pasado algo… - empezó a decir pero se calló y miró el pie que Wolf que había movido para sacudirse la sabana y entonces lo vio, se quedo helada, en la planta del pie tenía el rayo negro.

No había querido admitirlo en todo ese tiempo pero era verdad, su instinto no la había engañado la primera vez, eran lobos, lobos como ella pero del clan del Rayó Negro, estaba temblando de rabia, ¿Cómo había podido ser tan estúpida? Bakio se lo dijo, a su modo pero se lo dijo… ¿Cómo se había dejado engañar así? ¿Cómo se había dejado usar de esa forma? De pronto se sitió encerrada, las paredes se le caían encima y los muros se estrechaban, estaba a punto del colapso, ¿Cómo no había sido capaz de reconocer las señales? Wolf, Wolf era el gran Señor… quería gritar, llorar o hacer algo que le quitara su frustración, la angustia que se agolpaba en su garganta, en su vientre. Casi se dejó caer en un rincón estaba confusa, en su mente se agolpaba todo lo que le habían enseñado sobre el clan rival, que debía odiarlos, que la matarían si la atrapaban, recordó todo lo malo que le explicaron de ellos, pero no la habían tratado mal, la habían acogido ¿era acaso un juego macabro? ¿Eran realmente malvados o eran ellos? ¿Cuál era la verdad? ¿Por qué se habían empeñado en envenenarla contra ellos? ¿Por qué sobre todo a ella le insistían en que no se acercase nunca a ellos? ¿Quién era ella? ¿Cuál era la verdad? La profecías le decían, ¿pero qué profecías si nunca se las enseñaron? Estaba luchando para detener el cambio…

Wolf se acercó a ella preocupado llamándola pero Yaizha no reaccionaba, pensó que al igual era una crisis por su transición. Pero cuando se acercó para tocarla lo rechazo apartándose, jamás su voz sonó tan dura, tan fría, tan vacía y salvaje, porque ella era salvaje no lo olvidaba, ella era el fuego y como le dolió…

- ¡Aléjate, no te me acerques! ¡Ni me toques! – le gruño

- ¿Pero qué pasa? Yaizha…

- ¡Mentiroso! ¡Traidor! ¡¿Pondrías habérmelo dicho?! ¡¿Como has podido hacerme esto?! – se levanto del rincón donde se había refugiado amenazante, estaba a la defensiva, demasiado alterada para atender a razones.

- ¿Pero qué dices? – la miró confuso sin entender que sucedía hasta que lo recordó – “mierda” – pensó reprendiéndose por no ser más cuidadoso, así que ya lo sabía, había visto su marca.

- Yaizha, déjame explicarte

- ¡No! ¡Cállate, déjame salir! – le miró furiosa con los ojos brillantes por donde empezaban a asomar amargas lagrimas ¿Cómo podía ser que se hubiera enamorado él, porque el hombre al que amaba era su enemigo mortal o eso le decían los suyos, porque no los había escuchado, porque había querido alejarse de su clan que sólo quería su bien a su modo? ¡¿Por qué?! ¿Por qué él?

Wolf intento abrazarla, hacer que la escuchara pero a la que alargo el brazo gruño mostrando los dientes aún en su forma humana dispuesta a morder. Si seguía así ella cambiara y lo atacaría no le cabía la menor duda…

- Por favor, apártate y déjame salir de aquí.

Hizo un último intento pero finalmente suspiro y la dejo pasar, Yaizha hecho a correr escaleras abajo tan rápido que lo único que pudo ver fue su cabellera rubia ondeando tras ella.

Continuara...


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