11 de junio de 2010

S.O.S Segunda Parte


Me ataco, parecíamos dos bailarines parando los golpes, esquivando arremetiendo… hasta que por primera vez en la vida tras dejar de ser una niña acabe sobre la cama vencida.

- Sí… eres buena, tienes madera… pero podrías ser mejor. Esto aquí no es suficiente. Ni la fuerza, ni la defensa te servirán, sino la tenacidad, la inteligencia y saber guardar tus sentimientos en un cajón, desprenderte de tu humanidad, del alma o esto te dañara… – Sus ojos se clavaron en mi dándose cuenta que no sabía mi nombre – El verdadero por favor – me indico antes de que respondiera.

- Belha – él sonrió y se aparto dirigiéndose al baño dando el agua – Tu… también has sido muy convincente – le miré intentando no quedarme sin aliento o ruborizarme recordando sus… jadeos por decir algo.

Él no dijo nada esperando que sus palabras calaran en mi mente, pero yo ya las había tragado cuello abajo como una bola enterrándolas, eso ya lo sabía, no iba a permitir que ahora sus comentarios me afectasen, no podía permitirlo, ya sabía a lo que me expondría…

Sólo es sexo me obligué a recordar, sólo eso… no dejaba de tener que pensar que era un trabajo al igual que ser puta. Pero era peor que eso, ambos lo sabíamos, allí nunca íbamos a cobrar ni a tener escapatoria. ¿Iba a tener el tiempo suficiente antes de que me descubrieran? Yo no tenía nada con lo que pudieran extorsionarme. O salía bien o estaba muerta, así de simple. Pensé en las chicas con las que había estado el día en que recibieron el nuevo envió… me concentre en sus ojos aterrados, en sus lágrimas… en lo que sintieron cuando… ¡Dios! ¡¿Cómo podían engañarlas y romper así sus ilusiones? Eran apenas adolescentes…

Apreté el puño y la mandíbula evitando pensar en lo siguiente, los vi hacerlo, golpearlas, humillarlas, violarlas…algunas no entendían porque yo me había librado de aquello. Las más grandes y avispadas sí… mi belleza me había salvado en aquella ocasión, me reservaban para algo “mejor” una adquisición así era algo grande. Esa también había sido mi condena tal y como dijo Nadia.

Él me observaba en silencio mientras yo seguía sumida en mis pensamientos, alargué la mano despacio hasta el vestido que había dejado sobre la cama y lo acerque a mi cuerpo ahora tembloroso. Debía pensar que no era capaz…que era una adolescente inconsciente y estúpida. Una chica demasiado hermosa… y una suicida. Mi mente se hundió aún más en las brumas de mis recuerdos, un escalofrío me sacudió, aferré la tela sobre mi cuerpo desnudo y ahogué cualquier sonido que intentase salir de mi garganta. La puerta se entreabrió un instante, él se mantuvo fuera del radio de visión como si estuviera de verdad en la ducha. Víctor me miro y supongo que la estampa que se encontró era exactamente lo que esperaba por que cerró satisfecho. Tenía ganas de echarme a llorar, mordí mi labio inferior y empecé a deslizar el vestido sobre mi piel.

Los ojos enrojecidos por la amenaza del llanto darían la nota de dramatismo necesario, aunque realmente me sentía tan mal como parecía. Entonces mis labios se movieron solos.

- Házlo – dije aún en la misma posición, de rodillas en medio de la revuelta cama.

- ¿Qué?

- Que lo hagas – moví mis ojos hasta encontrarme con los de él – Mejor tú que otro para empezar – murmuré – Recuerda, esto no es nuevo para ti Belha. Puedes hacerlo, debes hacerlo – pensé.

Me miró muy serio y dudo un instante entre acercarse o no, se puso delante de mi aún de pie enfrente de la cama.

- No creo que…

- ¡Hazlo! – le corte desesperada cogiéndole del cuello de la camisa – Por favor… - clave mis apenados ojos verdes en los de él.

Aguanté el aliento intentando contener el ligero temblor de mi cuerpo y sentí su cuerpo acercarse, me tiró hacía atrás dejándome tendida sobre la blanca sabana, mi pelo negro como la noche se esparció alrededor, sentí su peso sobre mí. Cerré los ojos un instante, era tan fácil sentirme e identificarme con esas chicas… los recuerdos fluían libres como si se hubiera descorchado una botella. Giré la cara y cerré los puños manteniendo mis brazos a ambos lados de mi cabeza. ¿Estaría realmente loca? ¿No había pasado yo ya por ese infierno donde ninguna mujer volvería a entrar? ¿Por qué me hacía eso? ¿Sería masoca?¿Tenía otra opción? Salva a las chicas… me recordé tragándome un hipido que amenazaba con partirme el pecho.

- Belha… - susurró acariciándome el rostro, yo le miré ausente.

- No tienes que hacerlo.

- Sí tengo que hacerlo.

- Entonces no me hagas hacerlo a mí.

- ¿No te gusto, no soy bonita? Acaso… ¿me desprecias? – le miré con un mohín, casi un puchero delicioso, irresistible.

- Sabes que no es eso.

- ¡Entonces acaba de una maldita vez y hazlo! Por favor – le implore.

¿Cuántas veces lo había hecho voluntariamente? ¿Una, dos, quizás? No… en parte no, estaba ebria…no es que no quisiera…pero no contaba…no podía razonar. ¿Sería capaz alguna vez de amar a alguien? ¿De realizar aquel simple acto de amor? Tantos se lo tomaban a la ligera… yo no era una romántica ni una monja… pero…mi vida era complicada.

Los labios de él rozaron mi cuello, me estremecí enrededando mis dedos en su pelo.

- No… así no – dije con un hilo de voz.

Sus ojos grises volvieron a estudiar mi rostro, sabía a lo que me refería, entendía que le estaba pidiendo, no quería ni le gustaba la idea de hacer aquel papel. Pero yo necesitaba la prueba de que podría soportarlo de nuevo y él era demasiado bueno y hermoso para sentir un completo rechazo, tenía que volver al rincón vetado de mi mente… pensar que él no era una buena persona, no verle como parecía exactamente. Me arranco el vestido lanzándolo lejos y volví a sentir su fuerza. Jadeó, aunque no quisiera estaba aún excitado de antes…

Estaba sucediendo, la cabeza me rodo cuando le sentí separarme las piernas, entró, fue rápido, preciso y algo brutal, embistió. No se andaría con tonterías ni remilgos, así iba a ser. Me mordí el labio inferior y volví a girar la cara fijando la vista en un punto cualquiera, deje vagar la mente alejándola del cuerpo, como si mi alma me abandonará, sólo flotaba, no quería sentir… dolía. Me llenaba entera, era fuerte, grande… no iba a gritar, eso jamás, me mordí el dedo cuando se irguió un poco sobre mí, me sentí partirme. Me dolía bajo el vientre, todo. Una furtiva lágrima desobediente resbalo por mi mejilla, por suerte tenía la cara girada y esta fue tragada por las sabanas. Él me libero y yo jadeé intentando respirar, me cogió del pelo y me tiró sobre la moqueta, quede a cuatro patas y volvió a la carga. Ya que yo lo había querido iba a mostrarme parte de toda aquella crudeza que tan bien conocía. Tendría que estar insensibilizada ya a esas alturas, no sentir… me hirió y solté un quejido ahogado, siguió hasta que tuve que gritar. Acabo... sentí aquel líquido cálido y pringoso sobre mi espalda.

Me levanté en silencio, las piernas me temblaban, él intento decir algo, disculparse a pesar que había atendido sólo a mi petición y me dirigí al baño, me metí bajo el agua dejando ahora sí que mis lágrimas salieran libres y salí tras un buen rato. Me deje caer sobre la taza del wáter y vomite. Me limpie la cara y me miré en el espejo un instante. Odie la imagen que me devolvía, siempre lo había hecho, tire la toalla con violencia contra mi reflejo y volví a la habitación.

No le miré, aún no podía afrontar aquellos ojos grises que me noqueaban. Tampoco podía oír aún esa aterciopelada voz, cálida, sensual… le rogué con un gesto que aguardase, que aún no dijera nada… silencio, sólo quería silencio. No hacía falta que preguntase como estaba, era evidente.

- No tendría que haberte hecho caso – suspiró apretando el puño. Se culpaba.

- No te culpes, has hecho lo que te pedí.

Deje caer la toalla al suelo y aún algo magullada recogí la ropa y me vestí.

El volvió a hacer intención de hablar.

- No… por favor – le miré y abrí la puerta haciendo un esfuerzo para no mirar más ese cuerpo de vicio.

Víctor esperaba.

- Si no desea nada más nos iremos ya – miró al chico que ya tenía los pantalones puestos.

- Claro ¿Cómo puedo localizaros? Para solicitar otro servicio…

- Ten – Víctor le tendió un trozo de papel con unos números.

Él asintió y les despidió dándoles la espalda. Víctor dudo un instante y carraspeó.

- ¿Valió o no valió la pena lo pagado?

- ¿Hubiera pedido referencias si no hubiera sido así? – lo miró de un modo duro.

Víctor asintió tras pasarse nervioso la lengua por los labios y me cogió del brazo empujándome fuera. La puerta se cerró sólo vi su espalda y algo se rompió dentro de mí.

- Debo decir que me has sorprendido, buen trabajo nena. Te has portado.

- ¡Suelta! No hace falta que me toques, no puedo escapar – espeté con rudeza soltando mi brazo de un tirón.

Continuará....

1 comentario:

  1. Ufff, ha sido una lectura alucinante. Me has tenido con los ojos como platos desde la primera línea, y he vibrado con esa escena tan sexual, aunque para nada satisfactoria para Belha.
    Felicitaciones amiga

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