10 de junio de 2010

S.O.S Primera Parte

Hola a todos, aquí os dejo la primera parte de una de esas locas ideas que pasan por mi mente y que surgieron tras ver un documental, aunque con ficción e imaginación mezcla dosis de esa cruda y desgraciada realidad que envuelve a nuestra sociedad. Espero os guste u sirva de reflexión para lo que el ser humano se hace asi mismo y a su projimo.


La velada fue como otra cualquiera pero veía a los vigilantes más nerviosos que de costumbre, no sabía el motivo, no vi nada del otro mundo, siempre había atraído muchas miradas… y ese era el problema. No me fije demasiado en la gente del restaurante, salvo quizás en un chico tres mesas más allá. Era algo escandaloso, parecía un Dios griego, una escultura perfecta. Su espalda era ancha, fuerte… seguro que tenía los pectorales y las abdominales marcados de un modo delicioso, su era pelo negro… y esos labios y esos ojazos que traspasaban desde donde estaban, grises… su rostro algo duro y anguloso era masculino, algo demasiado perfecto, tanto que parecía un ángel caído del cielo… salvo eso y sus intensas y poco discretas miradas no hubo nada. Quizás un exceso de medidas de seguridad pero ya está.

¿Pero por qué pensaba en eso ahora con lo que me esperaba tras esa habitación? Las paredes rojizas del pasillo del hotel de lujo pasaban rápidas mientras seguía a aquel hombre, suspire para concentrarme. Fue entonces cuando volví a oír revuelo, “mis canguros” estaban nerviosos y dijeron algo codificado a través del sistema de comunicación, desvié la vista hacia atrás y vi como los cinco hombres que nos escoltaban cerraban filas detrás de nosotros, dos eran como armarios empotrados.

Escuche un barullo de voces y una de ellas enfadada, como molesta, esta era viril, aterciopelada y sensual a pesar de la furia.

- ¿Qué pasa aquí? – quiso saber mi acompañante cogiéndome del brazo disolviendo un poco la barrera.

El chico de abajo del restaurante estaba desasiéndose de las manos de dos de los hombres de… seguridad

El hombre que me sujetaba lo miro dispuesto a meterse pero cuando le vio la cara su gesto se torció, se le ensombreció el rostro y bajo la cabeza como a modo de respeto.

- Seguro que hay un modo de resolver esto diplomáticamente – dijo uno de ellos.

- Como si no supiera que os lleváis entre manos.

- Me temo que eso es lo de menos, pero la chica ya tiene una cita.

El chico me miro fijamente y cambio el peso de pierna, el traje negro se ceñía a su perfecto cuerpo cincelado por dioses como una segunda piel, sus ojos grises me atravesaron y me quede sin aliento.

- Si claro, os doy el triple – miro al que era el cabecilla – No creo que el señor tenga inconveniente en solicitar los servicios otro día, es más si aún lo desea lo invito a otro.

Todos ellos se miraron estudiando y valorando la situación. Estaban desconcertados. Víctor saco el móvil y dio la espalda al grupo, intercambio una cuantas palabras y se volvió hacía el chico guardando el teléfono.

- Si tan interesado esta señor… no podemos ignorar eso, creo que vamos a entendernos esta noche.

- Muy interesado, bien lo vale.

- Desde luego, no hay nada igual. Sin duda sabe elegir demasiado bien… - sonrió malicioso y saco de nuevo la mano del bolsillo – Ingen, le tenemos preparado un plan alternativo por hoy ¿si le parece?

- No tengo alternativa ante la magnitud de la oferta de mi oponente – lo saludo y me soltó alejándose de allí con dos de los chicos.

- Bien, usted dirá – lo miró Víctor.

- No hará falta escolta, pueden esperar en el bar – y viendo sus reacciones añadió – Y es una orden, mi propio servicio se encargara, están invitados.

Estos asintieron y se alejaron por el pasillo. Yo le miré furiosa y deje que me metiera tirándome del brazo en una de las habitaciones. Parecía enfadado por algo que se me escapaba.

- Siéntate – me dijo con una seña hacía la cama, yo obedecí - ¿Quieres tomar algo?

- No – lo miré mientras dejaba el vaso que había llenado para mí con brusquedad sobre la mesa y vacio el suyo.

Giro la cara y sus ojos se clavaron directamente en los míos, volví a quedarme sin aliento y la cabeza me rodo hasta que me acorde de respirar.

- Bien entonces – se acerco hasta mí, me tensé y él me estudió.

Su mirada me recorrió de pies a cabeza como sopesando algo, me tiro sobre la cama donde estaba sentada y se puso sobre mí, tragué saliva y giré la cara un instante y luego le sostuve la mirada.

Dijo algo entre dientes y bufo apartándose, me molesto ¿Qué había de malo en mí? Tanto interés y ahora eso…

- A ti no te han engañado.

Parpadeé confusa, ese chico… me sonaba de algo pero ahora no lo ubicaba. Era como si supiera a que se dedicaban esos.

- No te entiendo – le mire extrañada, eso no fue difícil. Pues estaba sorprendida de verdad.

- No te hagas la tonta. Por muy bien que te traten tu aspecto es demasiado deslumbrante. Demasiado hermosa, perfecta…

¿Tenía que seguir fingiendo?

- ¿Vas a seguir sin decir nada? No hace falta…no soy uno de sus hombres ni nadie comprado para saber cuál de las chicas puede romper el silencio.

Estaba diciendo la verdad, lo sabía. Su expresión corporal, sus ojos, su voz… tuve que recordarme que debía respirar.

No sé qué fue lo que dijo luego, pero no pude seguir.

- ¡¿Pero qué demonios has hecho?! ¡Te has vuelto loco!

- ¡¿Qué, que he hecho?! ¿Qué haces tú? ¡¿Qué se supone que estás haciendo?! ¿Tienes idea de dónde te has metido? ¿Estás loca o algo por el estilo? Porque no lo entiendo. No creo que te guste este negocio…

- ¡No! No lo entiendes por supuesto – me levante dando vueltas por la habitación.

- ¡¿Cuántos años tienes?! ¡¿A qué juegas?!

- Metete en tus asuntos, vas a arruinar mi tapadera.

- ¡¿Tapadera?! – rió estupefacto y divertido – Por favor, mírate, estabas temblando.

- ¡¿y?! ¡¿Cómo crees que están el resto de chicas?!

- ¿Pero quién eres?

- Soy poli listillo.

- ¿Es un chiste, tengo que echarme a reír? Pero si no tendrás más de veinte años tirando muy alto…

- Dieciocho…

Se le abrieron de par en par los ojos.

- Departamento especial ¡¿Qué?! Ni que fueras mucho mayor.

- Veintiocho – se sentó mirándome - ¡¿Pero por que lo haces?! Es…es… - no hallaba la palabra.

- Sé donde me meto, es peligroso, repugnante y denigrante pero es lo que hay, no hay otro modo de atraparlos.

- ¡Hay otros modos! Otras personas.

- ¡¿Pero que más te dará lo que haga?! ¡No me conoces! Y soy muy buena. Alguien tiene que ayudar a esas chicas. Puedo cuidarme sola.

- ¿Pasando por lo mismo?

- Tengo mis métodos.

- No servirán siempre…

- Esto no sucedería sin el maldito negocio, el dinero y vosotros ¿no sabéis pensar en otra cosa? ¡Somos más que un trozo de carne!

- Oye a mi no me metas… - levanto las manos - ¿Por qué crees que hice lo que hice? Creí que tú… quería ayudar.

- ¿Puedes comprar la libertad de todas?

- No sería la solución.

- ¿Puedes acabar con todo este problema?

- No. Pero puedo contribuir ¿de verdad no sabes quién soy? – me miró extrañado enarcando una ceja – Es igual, déjalo – sonrió medio entristecido.

- Gracias – suspire vaciando el vaso que me había llenado antes. – Y yo que creía que te había deslumbrado por mí – bromeé con una leve sonrisa apoyándome en la pared opuesta mirándole, era tan atractivo… respira me recordé - ¿Cuánto tiempo se supone que tenemos?

- El que yo deseé, he pagado mucho por ti.

- Ya…

- Y cuando vuelvas ahí… más te vale ser una actriz de primera.

- Descuida.

- Aunque puedo ayudarte a que parezca algo más real – se levantó parándose frente a mí, acerco su mano a mi cuello acariciando con la punta de sus dedos la piel de mi yugular, me estremecí.

- No creo que haga falta – murmuré el me puso un dedo en los labios pidiéndome silenció, los “seguratas” ya estaban tras la puerta escuchando y vigilando que todo fuera bien.

- Tenemos compañía – susurró con una sonrisita traviesa - ¿Sabes fingir?

- Vamos a ver… - me desnude dejándome lo justo y empecé a desabrocharle la camisa.

Tal y como me figuraba ese torso era algo digno de admirar… deslicé mis dedos por su pecho conteniendo el aliento, su cuerpo era tan cálido y suave. Su olor me lleno la nariz dejándome sin aire una vez más, la cabeza me rodo, pero mis manos ya desabrochaban su pantalón mientras él acababa de quitarse la misa. Lo tire sobre la cama y echo las sabanas a bajo y yo rodeé bajo él justo a tiempo de que se entre abriera la puerta, sólo verían su espalda arqueada, moviéndose con intención, yo jadeé , giré la cara y entorne los ojos reprimiendo un escalofrío.

Sus brazos anchos y fuertes sujetaban su peso hinchando los músculos, deslizo sus manos sobre mi piel sabiendo que el otro aún miraba y me alzo poniéndome una mano en la nuca haciendo un movimiento brusco. Me mordí el labio sofocando un extraño grito. Giro sobre sí mismo con migo encima y me hizo sentar sobre él manteniendo la sabana estratégicamente colocada. Yo me deslice sobre él arqueando la espalda atrás ya que él me sujeto del cuello exponiendo en parte mi cuerpo desnudo. La puerta se cerró cuando solté un quedo gemido de impotencia y él me tendió de nuevo “embistiendo” y yo deje la mirada perdida en el techo como si quisiera alejarme y evadirme de mi cuerpo clavando las uñas en sus omoplatos y apretando los dientes.

Seguimos durante un buen rato con esa farsa.

- Grita – me dijo al oído y yo obedecí.

Me miro asustado cuando solté un par de gritos, quejidos y alaridos demasiado convincentes. Cerré los ojos con fuerza, mi mente seguía trabada en el recuerdo exacto que me había permitido hacer aquello. Jadeé respirando aún de modo acelerado, tenía la mandíbula apretada.

- ¿Qué? – le miré parpadeando con un quedo tono de voz

- Nada… - se estremeció – Pensaba que podía haberte pasado o que recuerdo te ha permitido hacer eso… - aparto la vista apesadumbrado.

- ¿Soy o no soy buena actriz? – lo rete haciendo como si nada.

Me removí inquieta y salí de debajo de su cuerpo cálido, fuerte… y me envolví en mis propios brazos aún con el bello de punta.

- Así que sabes defenderte… - empezó y se levanto – Veámoslo.


Nikta

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