5 de junio de 2010

Redención


Una gota, dos, tres… el suave goteo del agua resonaba en el lugar como un inquietante bálsamo sedante, una nueva gota cayó sobre el charco del suelo y pudo sentir claramente su vibración, podía hasta imaginar la ondulación del agua y como la circunferencia se iba alargando hasta desaparecer en los bordes del círculo concéntrico.

Aún no estaba consciente del todo, se sentía entumecida y adormilada, un sopor insoportable nublaba sus sentidos. Intento en vano sacudir la cabeza para alejar aquel encapotamiento pero era como tener una densa bruma en la mente. Esta terriblemente cansada y débil… y esa certeza le hizo apretar los labios impotente mientras la rabia empezaba a bullir en sus entrañas como un veneno lento pero eficaz.

Poco a poco a su oído llegaron más que gotas de agua, había voces…

- Es demasiado hermosa para ser malvada.

- La oscuridad está arraigada dentro de ella, nunca la soltará.

- Jamás vi tal cantidad de veneno en un ser aparentemente tan frágil. Ese... se aseguro bien de hacerla suya.

Primero sólo eran susurros, voces lejanas que le llegaban amortiguadas como si aún estuviese dormida, poco a poco sonaron más cerca, alarmantemente cerca. Justo delante de ella. Kyra procuro mantenerse impasible controlando el ritmo de su pulso, ella era así, calculadora… fría y táctica. Se mantuvo completamente quieta escuchando.

- ¿Esta es la chica? Casi duele mirarla… es preciosa, perfecta…

- Sí, está es la jovencita que nos puede condenar a todos. Ella solita tiene a todas las facciones en jaque. No dejes que su aspecto te engañé… es una de ellos. Su poder parece ilimitado, no sabemos que es capaz de hacer ni de si podremos retenerla mucho tiempo.

- La pantalla esta levantada, no la encontraran.

- Es cuestión de tiempo, su sangre los llama, la buscaran, no la dejaran.

La idea que implicaba aquella revelación no le hizo ninguna gracia, sus vísceras se retorcieron intensificando la bilis que amargaba su estomago. El odio y la rabia la instaban a rebelarse y luchar, sí… la furia, esa fuerza imparable y placentera que la llenaba de poder, le gustaba esa sensación de invencibilidad, aislarse de todo sentimiento, sólo rabia, furia…dolor. Odio. Ser sólo una bestia salvaje, un monstruo sin conciencia. Su disciplinada cabeza le recordó que era mejor hacer caso a la astucia y ella era inteligente, era metódica y practica, controlada. Podía mantener a raya sus instintos bélicos… con fuerza de voluntad ahogo el siseó que amenazaba con salir de sus labios y venció el deseo de abrir los ojos.

- ¿Creéis que es prudente hacer esto?

- No hay otra opción que probarlo.

- ¿De veras es tan maléfica como dicen?

- Cualquiera lo diría viéndola así ¿no?

“Verla así” repitió para ella misma… entonces fue tomando conciencia de lo que la rodeaba, era una sala bajo tierra, amplía… muy amplía y fría. Supo que estaba suspendida dentro de una columna de energía que la tenía prisionera, notó los grilletes mágicos alrededor de sus muñecas, su peso se sostenía sobre estos que se anclaban a los lados y el techo de la caverna. Sus tobillos por su parte estaban sujetos del mismo modo al suelo. No podía moverse, no conseguía atravesar esa cárcel. La ira ciega de la impotencia y la rabia se retorcieron una vez más empujando con desesperación dentro de su voluptuoso cuerpo.

- Espero que sepan lo que hacen. Si es como ellos no hay esperanza. No sienten, ni razonan. Sólo sienten odio y despreció. Matar es lo único que saben hacer, son el mal. Están vacios. No son nada…

- Si es así almenos no la tendrán a ella para atacarnos. Cada vez somos menos cazadores.

- ¿Cómo la capturaron?

- Eso lo han mantenido en secreto.

Era imposible, algo inconcebible… ¿captura? ¡Imposible! no podía estar atrapada, ella no podía estar prisionera, ella era poderosa, invencible, no podía ser real y sin embargo allí estaba… en manos de sus enemigos. Apretó los dientes con tanta fuerza que le dolió hasta la mandíbula, eso era una puñalada a su orgullo. Un gruñido amenazante y terrorífico afloro de su delicada garganta. Sus ojos se abrieron. Parpadeo varias veces para disipar el velo que enturbiaba su vista y miró con odio a los tres hombre que allí habían.

- Vaya, ya estas con nosotros. Pensábamos que no ibas a despertar – sonrió uno de los hombres.

Su voz era sedosa y tranquila, petulantemente segura y despreocupada…como si ella sólo fuera una gatita indefensa ¡era imperdonable tal insolencia! Bufo airada y clavo sus ojos de jade en aquel ser despreciable. Ella no se impresionaba por su delicadeza ni su belleza de ángel. Era como todos ellos un asqueroso y renegado cazador. Había dado la espalda a parte de su esencia, había renegado de la sangre. Su cabello rubio y su piel pálida inmaculada no eran nada para dejarla a ella sin aliento, eso sólo servía para los humanos que no podían resistirse a su extremada belleza ni al sonido de sus voces. Ni siquiera sus ojos color miel podrían hacerle deseable a su vista. El otro era rubio también, pero llevaba el pelo largo atado en una cola. Era más alto y algo más delgado, junto a este había otro chico de pelo castaño ondulado también anudado tras la nuca.

Kyra concentro su mente y dejo que su poder se centrase en sus ojos, tenía que intentar traspasar la barrera y llegar a su mente, manipularla… y sería libre. Él volvió a sonreír con ese ego viril, se creía superior a ella.

- Tus trucos no sirven con nosotros, tus artes aquí están contenidas.

Ella se revolvió furiosa un instante y luego volvió a bufar levantando la barbilla orgullosa, sus ojos centellearon y volvió a ponerse su máscara de absoluta frialdad e indiferencia, de calma y control. No podía dejar que esos la sacasen de quicio, mantendría la compostura y buscaría el modo de salir pero estaba tan débil… la primera punzada hambre no tardo en llegar sacudiéndola hasta los cimientos. El dolor de la sed era insoportable, la quemazón de sus venas era ácido puro, su garganta ardía dolorosamente. Otra dentellada desgarradora la atenazó. El ansia por saciar su hambre pronto la cegaría, su instinto era demasiado fuerte y el sufrimiento atroz y doloroso. Violento… el depredador que anidaba agazapado en su corazón rugiría hambriento exigiendo su víctima. Casi la dominaba por completo el ansía del hambre.

Dejo caer el rostro sobre su pecho y su sedoso cabello negro como la noche se derramo ocultando su cara. Sonrió maliciosa y levanto el rostro a la vez que alzaba muy lentamente los parpados mirando por debajo de sus oscuras y largas pestañas, sus ojos tenían ahora un tono ambarino. Sibilina intento usar sus encantos poniendo su mejor sonrisa seductora, traviesa…tentadora, sabía el poder que tenía sobre ellos, su rostro inocente y dulce contribuía a incrementar el encantamiento pero ellos se mostraron inquebrantables. No eran como los demás cazadorcillos de tres al cuarto, estos eran la elite, formaban parte del ejército real, no se dejaban engañar por esos burdos y antiguos trucos.

Tendría que usar otros recursos, tenía que usar su maldad y su oscuridad contra ellos, su veneno. Ella había sido convertida y sin embargo no era como los demás.

Cazadores, bufo para sus adentros… renegados, débiles… humanos, ellos y sus ridículos sentimientos y su moral. Con ese sentido pasado de moda del honor y la verdad, de su idea estereotipada del bien y el mal… ¿Quiénes eran para decidir que estaba bien y que no? ¿Acaso los animales no matan a otros para sobrevivir? Al fin y al cabo era eso… ¿Pero que gloria había en eso, que poder? Sufrimiento, dolor…adrenalina…eso si daba fuerza. Sonrió ante la idea y vió como el castaño se estremecía.

Él estaba en su mente, veía la oscuridad de ella, su crueldad… y le dedico todo un festival de imagen con todo lo que hacían sus compañeros… para ellos eran una abominación, seres sádicos, crueles, despiadados. Monstruos terribles y depravados, el mal. Siempre dominados por sus bajos instintos, por la perversidad, por la maldad sin más, satisfaciéndose a causa de la agonía de los demás. Asesinos sin alma, sin sentimientos. Era sólo era un depredador, no le atraían las atrocidades y barbaridades que tanto les gustaban a sus congéneres. Ella cazaba sin más, se alimentaba y seguía adelante. Las pupilas de él se agrandaron mirando sus ojos.

- Nunca seré como vosotros. No cambiare, soy lo que soy. No hay redención para mí. No siento, no temo, no sufro ni tengo remordimientos, no tengo alma ni la quiero. Podéis guardaros vuestros estúpidos e inútiles sentimientos, yo no los quiero para nada. No conseguiréis nada de mí – dijo fríamente con una voz desprovista de emoción y que aún así era sensual y atrayente, seductora, dulce… ardiente.

Su voz cristalina y musical reverberó por las paredes devolviéndole solo su propio eco.

- No perdáis más tiempo ni recursos. Matadme ahora que estáis a tiempo.

Los tres hombres fijaron su mirada en ella, intento que la suya fuera vacía, sin emoción pero en sus ojos llameaba la ira y algo más… sintió la intromisión de sus mentes en la suya, probó a expulsarlos pero ellos implantaban las imágenes que querían implacablemente de modo lento y minucioso, escogiendo las imágenes meticulosamente. Parecía que le devolvían la moneda…

Kyra apretó los dientes al sentir la primera punzada, los flashes se iban sucediendo en su mente con rapidez clavándose como si fueran miles de agujas hipodérmicas perforando su psique. Dolía… sintió nauseas cuando las imágenes empezaron a desfilar por su mente como si estuviera viendo una película. La estaban llenando de recuerdos impuestos, creados por ellos.

Tenía ganas de vomitar, estaba mareada, era peor que ver una empalagosa película de amor, todas esas imágenes bonitas y tiernas la torturaban. Amistad, amor, camaradería, ayuda… todos sentimientos de bondad, de paz… cosas buenas… era repugnante. Le repelía del mismo modo que la luz blanca o la comida, tanto como la vida en sí. Ella no quería sentir, no quería un corazón, no lo necesitaba, estaba muerta, uno de los suyos la había matado, la había mejorado, la había hecho fuerte, invencible, poderosa, nada podría tocarla ya, ni la enfermedad, ni el dolor, ni el sufrimiento… ella era mala, era oscura, era de las fuerzas del infierno. Simplemente una vampiresa.

Intento serenarse, expulsar lejos las imágenes que se repetían y repetían sin cesar como en un bucle eterno, se volvería loca. ¿Pero por qué dolía tanto? No había tortura alguna que ella no hubiese superado, no había dolor ni sufrimiento físico que no pudiera vencer o dominar pero aquello la estaba hiriendo.

Notaba como la energía y la mágica purificadora de ellos la iba envolviendo lentamente en su tela de araña, notaba como su luz sanadora intentaba invadirla y entrar en su cuerpo. Notaba la bondad intentando encontrar un hueco donde dejar su mella y perforarla hasta acabar con ella. No iba a permitirlo ¿pero que era esa calidez? Los músculos se le agarrotaron y cerró los ojos luchando contra el dolor atroz que la corroía. Eran muy poderosos, había un gran conjuro actuando sobre ella, lo notaba penetrar en sus venas. La sangre era ácida abrasando todo a su paso, intentando limpiarla.

Kyra rió con frialdad y malicia. Abrió los ojos mirándolos y consiguió el efecto esperado, desconcertarlos…

- Vuestros truquitos tampoco funcionan, los conozco muy bien – espetó ocultando el dolor y que le daba a su voz un tono amenazador, aterrador. Había poder en sus palabras. Intento mezclar una orden en ella pero murió sólo al entrar en contacto con esa energía cegadora, con esa extraña luz que los envolvía.

Su frente empezó a perlarse de gotitas de sangre, no pudo controlar el temblor de su cuerpo ni el encogimiento de su estomago. Cada vez tenía menos fuerza y menos voluntad para resistirse a ese ataque. No quería rendirse, no iba a ceder pero su conjuro seguía allí al igual que las imágenes. Noto los dedos de uno hurgando dentro de ella.

- ¡Salid de mí malditos! – grito furiosa, estaba cansada… casi al límite - ¡Sal te digo! – rugió.

Pero no lo hizo y siguió reptando como una serpiente venenosa por sus fluidos internos, explorando su interior, buscando y hurgando hasta traspasar todo lo que ella era. Purgando su organismo de ponzoña.

Su cuerpo quedo lacio pendiendo de las cadenas cuando acabaron, parecía una muñeca rota, sin vida… cansada y ajada, jadeaba y su pecho subía y bajaba con lentitud. Estaba exhausta.

Estaba desconcentrada, perdida…dudaba… se sentía indefensa, pequeña…vulnerable por primera vez en toda su vida y eso la desconcertaba, no lo entendía, no llegaba a ser miedo por lo que pudieran hacerle o pasarle pero… se parecía mucho, era angustia. ¿Cómo podían ser tan poderosos, de donde sacaban esa fuerza inagotable? Ella no podía hacer nada… era como una polilla. Si querían minar su seguridad lo habían conseguido, le habían demostrado que no era la más fuerte ni la más poderosa, no ahora, no allí. Miedo… se repitió… no, yo no tengo miedo, pero su voz temblaba quebrada en un hilo. ¿Qué era lo que sentía tras los ojos? Le escocían… ¿lágrimas de rabia, de impotencia? ¿Llorar, de donde había sacado esa idea? Ella no tenía lágrimas.

Oyó pasos y entre abrió los ojos, un hombre se acercaba, era muy atractivo, seductor… carismático, un aura imponente lo envolvía. Sus facciones duras eran una exaltación de la belleza masculina. Sus ojos negros eran profundos y ardientes, llevaba el cabello negro atado también a la espalda, largo… era alto, esbelto…

- Caballeros… eso no ha sido muy sutil. No conseguiréis nada así – su voz le robó el aliento cuando poso sus ojos en los de ella – Hola, Kyra – su aterciopelada voz oscura hizo cosquillear su piel.

- Me conoces… - susurró

- Todos aquí conocemos tu nombre pequeña.

El modo en que dijo esa última palabra la hizo estremecer sin saber porque. Ella no debería estar sintiendo nada de todo aquello, tendría que seguir impasible, indiferente… como dirían ellos ella era una no muerta, ni siquiera una vampira. Algo que tampoco eran exactamente ellos o sí… tenían la misma fuerza, los mismos recursos, la misma magia, pero no bebían sangre… no que ella supiese. Ahora que lo pensaba sabían bien poco de sus enemigos… tenía que saber, aprender… sólo así sería una buena rival. Conocer a tú oponente te da fuerza, poder.

Él hizo un pase con la mano y Kyra cayó bajo el sopor de la duerme vela. El tiempo pareció detenerse para ella, todo quedo suspendido, atrapado. Nada avanzaba, pronto los sonidos regresaron despacio, casi con pereza… el mismo gotear… la misma sala. Algo había cambiado, lo supo enseguida, murmullos… gente… una asamblea. Sus ojos se levantaron despacio, ¿todo parecía ir a cámara lenta o era sólo que estaba tan débil…? Estaba aún en su prisión de luz.

Un número indefinido de hombres y mujeres la miraban sentados a lo largo de las gradas que rodeaban la sala circular que recorrió con la vista.

Bueno si iban a juzgarla ya estaría, todo acabaría rápido. No era un buen final para ella. Era un insulto para una guerrera.

Los murmullos se detuvieron y el silencio casi oprimió su pecho, tan quieto estaba todo que pudieron oír claramente unos pasos al mismo ritmo que latía un corazón potente, fuerte… una vibración erizo el bello de Kyra que contuvo el aliento levantando la barbilla con el corazón en un puño esperando ver quién se acercaba. Todas las cabezas se giraron hacía la entrada, los ojos de ella se abrieron de par en par un segundo. Su cabeza volvió a ladearse pesada y entrecerró los ojos… estaba tan cansada.

Pronto una figura se recorto entre las sobras del pasillo de la gruta, su presencia era inquietante, poderosa… tenía un porte indescriptible, era algo imponente, casi divino. Irradiaba seguridad, fuerza… todo pareció detenerse una vez más cuando su cuerpo se izo visible, un cuerpo alto, fuerte, viril… tenía el pecho y la espalda ancha, musculada a la perfección, casi dolía tanta perfección, llevaba un traje negro, la americana estaba abierta y voleaba detrás de él a su paso. Debajo llevaba una camisa por fuera deliciosamente abierta hasta casi el ombligo dejando ver la fortaleza de su pecho y su piel bronceada.

A medida que se iba acercando la luz iba iluminándole hasta llegar a su rostro, los ojos de Kyra se dirigieron a este alzándose despacio bajo sus largas pestañas, entre abrió los labios al notar como el corazón de daba un salto mortal, el pulso se le aceleró y se quedo sin aliento y creyó que realmente podría llorar al ver ese rostro.

No había nada igual en el mundo, nada más hermosos que su cara de ángel, dura, masculina, regia… sus labios eran llenos y sus ojos profundos y misteriosos, tan azules e intensos que parecían irreales. Un azul eléctrico que brillaba entre sus pestañas negras y su pelo azabache, corto y estudiadamente despeinado. Extrañamente empezó a temblar. Su interior se estremecía con descargas placenteras, sentía cosquillear la parte baja de su cuerpo y como se le erizaba el bello de la nuca y los brazos. Creyó emitir un quedo jadeó y quedo atrapada en esos ojos cuando él la miro tras intercambiar una palabras con los suyos, todo parecían sentir devoción por él. Todos le temían, respetaban y honraban.

Sus ojos en los suyos fue como recibir la descarga de un rayo que la atravesó de arriba abajo, deseo cosas que no debería haber deseado y todo su mundo pareció desaparecer. Sólo estaba su cara de ángel y el deseo de su piel.

Nikta



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