5 de junio de 2010

Noche de seda, balas de plata


De nuevo una nueva misión y una nueva bala que atravesara los sesos de una persona desconocida.

Siempre lo mismo, sin sentir, sin preguntar, sólo matar.

Volví a mirar el nombre y me puse en marcha, localizarlo sería sencillo, un trabajo limpio, rápido y fácil. Sin embargo… no fue así. Esa bala de plata se quedaría hoy en la recamara.

Ahí estaba yo, con el tiro perfecto cuando pareció mirar directamente hacia mí, era imposible, no me podía ver pero sus ojos verdes me traspasaron. Joder… algo suave y cálido como seda de deslizo por mi sangre de repente, me desconcentre y ahogué un gemido que salía de lo más profundo de mi ser, una oleada de calor se adueño de mis mejillas…

Él se levanto y con una sonrisa deslumbrante abrazo a una chica de pelo castaño a la que estrecho, por un instante ella pareció volar en el aire sostenida por él. Otra vez algo se removió muy dentro de mí pillándome por sorpresa. Volvieron a sentarse y empezaron a hablar animadamente bebiendo sus refrescos.

Y en ese momento, sin saber por qué en toda mi vida fui incapaz de apretar el gatillo. El pulso acelerado martilleaba en mis sienes.

Recogí el arma y fui hacía la terraza donde estaban y ocupe una mesa, acababa de caer la noche. Aquel chico no sería mucho mayor que yo y no tenía pinta de asesino, no había ni rastro de algo malo en él, llevaba demasiado en este mundo como para no saber apreciar ciertos rasgos, y tras tantas muescas en mi expediente, aunque claro, cualquiera que me mirase a mi tampoco vería a una asesina ni mucho menos.

Pedí algo de beber y me concentre en mi blanco sin perder de vista sus ojos de jade. Esta vez, no quería matar a mi asignación, almenos no por el momento, quería conocerlo, saber porque debía acabar con la vida de ese chico. Esta vez… decidía yo. Yo era dueña de destino, de mis actos, nadie podía decirme que hacer ni como, era mi mano la que apretaría el gatillo o no, pero esta vez… iba a recuperar mi vida, se acabo el recibir ordenas sin más, yo también era una persona y…. Y sentía. Mi corazón se aceleró cuando sus ojos se fijaron en mí. ¡Estaba viva!

Nikta


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2 comentarios:

  1. Siempre somos dueños de nuestro destino y nuestras decisiones y ojalà siempre sea así.

    Genial tu escrito Nikta.

    Feliz domingo amiga!

    Besos.

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  2. No había podido entrar antes en mi blog y acabo de ver lo de los premios , muchisimas gracias por acordarte de mí , me hacen ilusión y me los llevo a mi blog con mucho cariño.

    Besos y abrazos y muchas gracias.

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