13 de junio de 2010

Noche de Calor Cap.2 Segunda parte


Adder sonrió en la oscuridad de su celda, ese si iba a ser un reto divertido además la información ya había sido pasada, los polis siempre actuaban igual, eran predecibles salvo quizás la agente Bliard, estaba seguro de que si se enteraba de que había realizado una llamada ella la analizaría ¿sería capaz de
descifrar el mensaje oculto?

Por el momento tendría que ser paciente, aunque fuera correcta y educada no se fiaba, no dejaría que se acercara así como así, su mirada desconfiada se lo decía así como su expresión corporal, pero almenos había mostrado ser como creía… su humanidad la ponía en bandeja. Realmente había sido la única que se había preocupado por su estado.

Parecía que la chica tenía carácter y por supuesto no era sobornable, por lo poco que sabía hacia sólo medio año que la habían destinado ahí y ella solita ya había hecho una buena limpieza y Durel la tenía a su lado como el más preciado tesoro por suerte este ante las enormes presiones que recibiría acabaría cediendo por un lado u otro.

Así que el único eslabón suelto por el que preocuparse era esa chica de rostro dulce y hermoso.

Mirándola desde fuera nadie diría bajo esa piel se escondía una agente, parecía tan frágil y suave… apetecible, era la clase de chica que uno desea proteger y estrechar, cuidarle y amarla con suavidad y sin embargo había un algo salvaje y duro en sus ojos verdes. Era lo que cualquier tipo con dos dedos de frente querría en casa. En resumen lo que ya había pensado, una buena chica con las ideas claras y la mente despierta ¿podría realmente moldearla alguien? ¿Anularla?

Suspiro y su piel se erizo al recordarla de nuevo su rostro angelical, su cuerpo reacciono endureciéndose al punto de forma dolorosa y gruño por lo bajo. Ningúna mujer había conseguido eso sin ni siquiera tocarlo o mirarlo pero aquella chica… despertaba un deseo salvaje en él. Ella era la inocencia personificada y él el lobo feroz que la acechaba plantando la semilla de la duda.

En unos días ella solita conseguiría que lo soltasen y por supuesto Abigail pagaría la fianza. Más le valía estar trabajando a esa arpía o tendría serios problemas, debía saber todo lo que “ellos” conocían. Tendría que estar una buena temporadita fuera de juego, las sospechas no desaparecerían así como así y estaría en el punto de mira. ¿Por cuánto estaría protegido? La guerra entre sus familias no haría más que encarnizarse.

*************************

Me desperté temprano y me puse en marcha enseguida, quería hablar con Álvaro Mckoy antes de que estos vinieran a comisaría.

La mansión de este se encontraba en la parte alta de la ciudad dentro de una de las urbanizaciones más lujosas y apartadas del resto de la urbe y por supuesto elitista. Pase el primer control y enfile hacia la finca, una vez frente a la verja de la casa el guardia de seguridad me detuvo, le mostré la placa sin decir absolutamente nada y el segurata me abrió, sabía perfectamente que lo estarían avisando.

No me equivoque, cuando cerraba la puerta de mi coche el tipo ya salía por la puerta con el albornoz medio desabrochado con un bostezo a la vez que se desperezaba.

- Debe ser cierto eso de que la ley no descansa ¿Qué la trae aquí agente?

- Su presencia en las grabaciones.

El rostro de Álvaro cambio enseguida y yo me acerque observando el trozo de brazo descubierto y su mejilla arañada.

- ¿Cómo se hizo eso? – señale las heridas.

- Intentando desbrozar el jardín de atrás puso los ojos en blanco – No pregunte – medio rió llevándose la mano al abdomen.

Yo enarque la ceja.

- ¿Qué hacía usted ahí? Aparece la mayor parte del tiempo no muy lejos de ellos ¿Por qué iba Kylie sin protección?

- Ella no quería, hacía la suya era una inconsciente sólo pensaba en ella misma y en divertirse.

- Vaya, parece ser el único que no la apreciaba mucho.

- No se equivoque agente, lamento su pérdida más de lo que creé pero cada cual tiene su forma de enfrentarse al dolor.

- ¿Los estaba siguiendo Sr. McKoy?

- No, fue mera casualidad encontrarla allí, simplemente me llamo la atención y curioseé un poco sus… actividades nocturnas. Kylie no era precisamente la hija cariñosa y recatada que la mayoría creen. Que yo sepa no es un delito estar en el mismo lugar en el que estuvo ella.

- ¿Puedo pasar? – pregunte mirando discretamente la americana que se veía colgada en un armario a medio cerrar, parecía la misma tela…

- Me temo que sin una orden será imposible agente.

- ¿Tiene algo que ocultar Sr.? – le mire fijamente.

- ¿Me acusa de algo agente? Porque me está sonando a acoso su intromisión y una ofensa para mí y mi familia, al malnacido que asesino a Kylie lo tiene en el calabozo. No olvide con quién está tratando. Es más… yo de usted tendría cuidado de donde mete las narices, hay cosas que es mejor no removerlas.

- ¿Es una amenaza?

- En absoluto, sólo un consejo de amigo. Han hecho un buen trabajo dada la situación. No lo estropeé ahora.

Le mire fijamente sin añadir nada más y volví hacía el coche tras echar una nueva ojeada al lugar. Me metí dentro y puse la marcha atrás a la vez que marcaba el número de Jan.

- Dime Niki.

- Quiero un listado de relaciones familiares y genealogía de los McKoy en mi mesa antes de que llegue. Y Jan… tienes una hora.

- ¡¿Pero te has vuelto loca?!

- Una hora Jan – colgué y tome el desvió hacia la autopista.

Aquel tipo escondía algo, no le cabía la menor duda pero ni siquiera podría acercarse a más de diez metros después de aquello, cuando Durel se enterase le echaría la caballería encima.

Llegué a comisaría con el tiempo justo de adecentarme y echar un vistazo rápido al dosier que Jan me había preparado. Por lo que parecía el hermano del tal Álvaro era el segundo beneficiario de todo el imperio tras Kylie, y mira por donde eran gemelos…

Si algo había aprendido es que en temas de familia y con dinero por medio no podías fiarte de nadie. Los Mckoy llegaron al poco seguidos de una nube de periodistas que ensordecieron el lugar hasta que la puerta se cerró de nuevo.

- Sr. Mckoy – se apresuro displicente Durel.

- Quiero hablar con ella a solas – lo miro fijamente.

Mi jefe se quedo rígido y al poco asintió abriendo la puerta de su despacho donde entraron los McKoy. Yo apure el refresco que tenía en la mano y mire tragando a Durel que se giro hacía mí.

- Ninguna tontería Bliard.

Asentí y entre intentando estar lo más serena posible. Josué McKoy me estudiaba como un gato a su presa con los antebrazos apoyados en la resplandeciente mesa negras de Durel con las manos entrelazadas y el ceño fruncido.

- Chicos, salid por favor – les pidió este al resto que le acompañaban, estos fueron a protestar pero los acalló con un solo gesto de su dedos. Yo aguarde a que fuera él el que rompiera el silencio – Un poco joven para este puesto ¿no?

Yo me senté en el sitió de mi jefe desconfiada, no sabía por donde podía salirme aquel hombre de seguía pareciendo tan destrozado como la primera vez.

- ¿Cuándo podre enterrar a mi hija señorita?

- Les diré que la preparen en cuanto sea posible señor.

- En cuanto sea posible – esbozo un torcida sonrisa sarcástica y cansada - ¿Qué hay que no sea claro en este caso? Tiene abajo al hombre que mato a mi hija.

- Hay pruebas…

- ¡Pruebas! – el rió de nuevo frotándose los ojos cansado – Bliard… es usted una chica dulce, no hay duda de que es usted buena persona – yo tragué – He visto muchas cosas horribles en esta vida y se de lo que son capaces esos tipos, son peligrosos y muy convincentes… espero que no se deje engañar por esa apariencia, son inteligentes y saben manejar a las mujeres como usted, no me gustaría que le sucediera nada, usted es inocente.

Le mire sin comprender aún parpadeando.

- Bliard… se que tiene dudas, que pueden haber supuestas pruebas que la hagan sospechar, pero no le quepa duda de que fue él. La usara, no dudará en hacerlo es más creo que ya lo está haciendo y eso me entristece, usted es muy bonita y fresca no podrá resistirse. Lo tenían muy bien organizado. Yo, sólo le pido que haga bien su trabajo y no deje libre al asesino de mi hija y yo le asegurado de que pagara por lo que hizo, usted vigile sus filas que yo me ocupare de las mías. Sé que saldrá… lo sé pero por favor no lo deje hasta descubrir toda la verdad y si nunca necesita ayuda… llámeme – me tendió su tarjeta personal – Porque no dude que estará en peligro si le deja entrar – se levanto dispuesto a marcharse.

- Pero no lo entiendo yo…

Él sonrió como enternecido y se acerco cogiéndome la cara entre sus manos, sus ojos se humedecieron.

- Señor ¿se siente bien, puedo hacer algo por usted? – le ayude a sentarse y me atrapo la mano.

- Te pareces tanto a ella… como la hecho de menos…

Por supuesto no hablaba de Kylie en ese momento.

- No me queda nada, soy sólo un pobre viejo. Pero por favor créeme, no sigas por ahí, ya nos han quitado demasiado. Cuéntame que tienes por favor, de mis labios no saldrá nada.

- Pero podría tomarse la justicia por su mano.

- Por favor…

Suspire y mire esos ojos suplicantes, parecía a punto de desvanecerse, era un hombre atractivo a pesar de sus años, tenía un aire a Sean Conery así que no sé como acabe contándole lo que se podía sin comprometer la investigación, al fin y al cabo sólo decía cosas que se iban a filtrar sobre la investigación. Es más los vídeos que aquella maldita noche ya se habían colado entre la prensa.

Él asintió e hizo entrar de nuevo a los suyos y a Durel, la reunión duro una hora más y cuando salí del despacho era como si me faltará el aire. Ese maldito calor no remitía y me estaba ahogando. A ver si arreglaban de una maldita vez el aire acondicionado.

- Bliard – me llamó de nuevo al despacho Durel.

Yo entre y di un par de vueltas por el despacho como un animal enjaulado, la mano en la cintura y el pelo pegado a la cara, era de locos. Le explique todo lo que tenía a mi jefe dándole una copia de mi borrador de notas y salí del edificio que era pasada la media noche. Estaba sacando las llaves de mi coche cuando alguien me aplasto contra este inmovilizándome con una técnica y una rapidez increíble. Me removí pero me apretó mas contra el vehículo aplastándome la mejilla contra el techo.

- Deje de hurgar Bliard y cerrad el caso no importan las pruebas, hay culpables que merecen más atención. Hay gente muy peligrosa en esta ciudad y podrían sucederle cosas terribles a una chica tan hermosa como usted – apretó el arma contra la base de mi costado a la vez que me baja con brusquedad la ropa por detrás apreté los dientes intentando soltarme pero era imposible - ¿se hace una leve idea verdad? – apretó el arma contra mi trasero – Ahora sea buena chica, asienta si lo ha entendido y métase en el coche, hable de esto y… será mejor que vaya mirando las sombras.

Asentí con un gruñido y el tipo me libero sacando el seguro del arma.

- No te vuelvas… y no te esfuerces, aquí no hay cámaras de seguridad.

Me maldije los huesos por elegir siempre los sitios más apartados de la seguridad y obedecí, me metí en el coche y arranque alejándome sin mirar atrás, cuando estuve a una distancia prudencial me detuve y baje del coche y salí corriendo hacia el parking pero ya no había ni rastro. El pulso me atronaba aún los oídos, me doble sobre las rodillas y jadeé soltando un grito de frustración. ¿Dónde demonios me había metido?

Regrese al coche y me dirigí a casa allí estaba todo patas arriba y Lobo con un tranquilizante clavado en el costado. Me lleve las manos a la cabeza me deje caer al suelo agotada… el calor era asfixiante.

Lleve a Lobo al veterinario y regrese a comisaria, allí me metí en la ducha y me abrace a mi misma dejando que el agua me cayese encima, almenos estaba fría, me vestí sin ganas y baje de nuevo a la celda de Adder, me apoye en la pared de enfrente y le mire. Él seguía sentado en el camastro con los brazos entre sus piernas separadas.

- ¿Por qué tanto empeño por ti? ¿Por qué tantas molestias en inculparte, eh? ¿Por qué?

Él siguió callado observándome. Ya no sabía en quien podía confiar, unos querían verlo entre rejas otros no…

- Mentiste Adder.

Este enarco una ceja mirándome aún con más atención.

- ¿Vas a seguir en silencio? Adder Castillo De Vargas Sousa.

Él se levanto como un resorte y luego sonrió divertido.

Continuara...

1 comentario:

  1. Déjame decirte que las imágenes me agradan totalmente, si con las de Nikki me tenías enamorada, con las de Adder lo has clavado.AAAy ese reo encarcelado con esa camiseta de algodón...jeje

    Pobre agente Bliard, a la que atosigan por todos lados al verla con ese aspecto frágil y aniñado, seguro que no cuentan con la fortaleza que guarda en su interior. El sujeto McKoy ha mentido muuuy mal, asegurando que el arañazo se lo había echo en el jardín, este necesita mano dura y una buena investigación.
    Haber con que nos deleita ahora nuestro Adder Castillo...
    Besos

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