5 de junio de 2010

Circulo


Ni siquiera sabía la hora que era pero no me importo, apenas había luz pero mis ojos eran incapaces de apartarse de la hoja.

- ¿Por qué no vives tu vida en vez de desperdiciarla en esas fantasías absurdas? No todo está en los libros, esa no es la realidad. Empieza a disfrutar de tu vida, quizás te ocurra algo emocionante o tengas una historia digna de ser contada ¿Por qué te fascina tanto la lectura? No puedes huir siempre, ni evadirte de la realidad, el mundo está ahí fuera. Vive… siente, no tengas miedo a sufrir, la vida es esto, dolor, amor… No se puede vivir siempre en un mundo que no existe lleno de seres fantásticos e imposibles, no existen o quizás si abrieras los ojos verías que hay más verdad de la que crees.

Suspiré, cuanto me parecía a la chica… cerré el libro y me levante tras guardarlo en el bolso. Me desperece y empecé a andar sin rumbo, últimamente me sentía extraña, iba tan sumida en mis pensamientos que ni siquiera me di cuenta de que los primeros arboles se alzaban a mi lado. Seguí andando hasta que parpadeé confusa y mire alrededor.

- El bosque… ¿Cómo he llegado aquí? ¿Desde cuándo hay un bosque aquí? – me pregunté aún mirando las altas y frondosas copas de los abetos, olía tan bien…

Alce la vista al cielo, estaba muy oscuro, sentí un escalofrío y seguí andando intentando orientarme, mis sentidos parecían más despiertos ahí, incluso tenía la mente más clara, empecé a correr sin darme cuenta, me sentía bien, libre… casi feliz. A escasos metros parecía que se abría un pequeño claro, sorteé el último árbol y me quede paralizada, había una extraña laguna en medio del claro, era un círculo perfecto

Lance el boli sobre la mesa y cogí el vaso, estaba vació, ya era la tercera copa que pedía. Suspiré y mire la pantalla del ordenador donde el cursor parpadeaba esperando.

Nada, no se me ocurría absolutamente nada, me quede mirando el espacio blanco y apreté los dientes, llevaba días sin escribir una sola palabra. Era incapaz de escribir. No estaba inspirada mi musa había desaparecido, me había dejado sola y abandonada a mi maldita suerte. Me revolví el pelo desesperada y volví a mirar la pantalla con frustración enfurruñada conmigo misma a la vez que releía lo que tenía escrito en las hojas esparcidas por la mesa. Al alzar la vista descubrí a Mat delante de mí sonriendo. Mat era mi atractivo y acaudalado agente.

- Nada, no se me ocurre nada, sigo en blanco – lo mire exasperada.

- Necesitas unas vacaciones Bely. Te estrujas demasiado la cabeza, deja de torturarte. Tienes que divertirte.

- Si ya…

- Vas a hacer una cosa, cogerás esta tarjeta, la abrirás en casa, recogerás tus cosas e iras a esta dirección. Unos amigos míos estarán allí, te echaran un cable con tu problemilla.

Intente protestar pero me acallo.

- Y nada de trabajo, se trata de disfrutar, olvídate de todo por un tiempo y desinhíbete. Pásalo bien. Eres demasiado estricta… eres joven Bely ¡haz locuras!

- ¿Qué intentas venderme Mat? – lo mire desde debajo las pestañas sonriendo divertida. Parecía un diablillo intentando pervertir a un corderito con el paraíso más lujurioso.

- Unas merecidas vacaciones a todo lujo. Los gastos están pagados nena, corren de mi cuenta. Así que no quiero que escatimes, derrocha.

- ¿A ti te han golpeado en la cabeza verdad? Muy feliz estás tú…

- Sólo hay una vida y hay que disfrutarla.

- Pues mira… voy a tomarte la palabra, creo que sí lo necesito.

- Estas agotada, no has parado en todo el año. Vamos bien de tiempo. Sólo te pido una cosa, ve con la mente abierta, nada de racionalizar, sólo sentir y dejarse llevar.

- Ay madre… ¿Dónde me vas a meter?

- En un lugar mágico – sonrió de un modo perverso.

- ¿Oye, por quién me tomas? Lo dices como si yo fuese una monja…

Él se limitó a sonreír clavando una intensa mirada en mí y deslizó una tarjeta plateada y negra hasta mí, la cogí y me la guarde en la bolsa.

- ¡Ah! Y Bely… no te lleves ropa, allí tendrás un armario entero.

- No hagas que me arrepienta ¿Qué le pasa a mi ropa? – me levante guardando el portátil en la bolsa.

- Nada. Lo pasaras estupendamente – sonrió picarón – Siempre tan intuitiva – creí oírle mascullar entre dientes a la vez que me tendía las hojas ya ordenas e impolutamente cuadradas.

- Nos vemos a la vuelta entonces – le di un beso en la mejilla y me fui a casa sin olvidar que no había contestado a mi pregunta de la ropa.

Aquello sonaba a algo impulsivo, alocado y arriesgado… algo que no encajaba exactamente conmigo, pero tenía ganas de olvidarme de todo por unos días, disfrutar e incluso… dejar de ser yo por unas horas. Me asemejaba demasiado a ese personaje que estaba intentando crear. Cogí lo justo y metí la bolsa en el coche. Tenía que empezar a vivir un poco y enterrar los libros por una buena temporada. Subí al coche y una vez frente al volante abrí la tarjeta, leí la dirección y arranque. Aquello parecía estar en el fin del mundo y no me importaba… cuanto más lejos mejor, hasta me alegraba.

Conduje hasta no poder más y aparque en el arcén, era de madrugada cuando me eche a dormir y al despertarme reemprendí la marcha bajo un manto de bruma espesa y densa. Mire alrededor, aquella niebla parecía transportarme en completo silencio hacia el mundo de los sueños, a un mundo imposible de encontrar para aquel que lo busca, casi parcia estar en medio de la nada, no se veía absolutamente nada, avanzaba despacio, en completo silencio, ni siquiera el ruido del motor se oía en mitad de aquella quietud imposible…

Llegué al anochecer del tercer día de conducir por lo que parecía un desierto interminable, frene y mire la gran verja negra que daba la bienvenida a aquel lugar. Desde luego estaba en mitad de ninguna parte o eso parecía con lo enorme que era. La puerta se abrió y entre. Las antorchas iluminaban el camino. Al final de este me esperaba una inmensa mansión… perdón, palacio. No me lo podía creer. Iba a abrir la puerta pero un chico la abrió antes, baje tras mirarle descaradamente y mire la casa ajustando bien mis gafas de sol sobre mí cabeza.

- Vaya… - murmuré completamente fascinada por aquel hermoso lugar, parecía un sueño… el lujo, la casa, los jardines… el atractivo sirviente…

- La estábamos esperando Señorita Bely – dijo lo que parecía el típico mayordomo desde la puerta de la entrada.

Digo que parecía el típico ya que bajo el traje negro no llevaba camisa alguna y mas parecía un modelo que un portero. Estaba cañón el tío… pelo corto y negro, piel bronceada, rostro cuadrado y masculino, ojos negros… y un torso de infarto que lo suyo le habría costado en el gimnasio, parecía resplandecer con la luz dorada

- Espero que no le haya resultado difícil encontrarlo.

- No- me acerque tras acabar de bajar del coche y que mi cola de caballo se agitase tras de mí.

El otro chico ya llevaba mi bolsa al interior. Yo me sentía flotar en mitad de aquel paraíso de cuento, no acaba de creer todo aquello.

- Le prepararemos un baño para que pueda relajarse antes de servir la cena, debe estar cansada del viaje.

Sonreí encantadora y me deje engullir por aquel lugar encantada, aquella atención empezaba a gustarme y no se… había algo en el ambiente que… alteraba mis sentidos.

Mi habitación era tan grande como mi ático, casi me sentí chiquitita allí dentro. Espere a que el chico cerrase la puerta y me tire sobre la cama sonriendo como una niña chica ¿Qué había de malo en sentirse como una princesa de vez en cuando? Me levante y asome la cabeza al baño y se me desencajo la mandíbula al ver preparada la enorme bañera llena de espuma, agua cliente, pétalos de rosa y velitas aromáticas alrededor, me desnude y me metí en el agua con un suspiro. Me acomode cerrando los ojos y me lleve a los labios la copa de champan que había junto al borde de la bañera. Mi móvil sonó, lo cogí, era Mat.

- ¿Qué tal princesa?

- ¡Esto es increíble! - reí

- Te lo dije, volverás nueva ya lo veras – sabía que estaba sonriendo tras la línea con esa absoluta y arrolladora seguridad suya… Mat era tan masculino… - Disfruta, desmelénate Bely.

- Mat – dije recuperando la serenidad, es decir lo equivalente a seriedad.

- ¿Qué?

- Gracias.

- No hay de que nena – colgó y yo me adormilé en el agua.

Al cabo de un rato salí envuelta en un albornoz y miré mi bolsa, ahora entendía por qué Mat había mencionado mi vestuario, abrí la puerta del vestidor y ahogué un gritito de asombro cuando esa sala se desvelo ante mis ojos. Me paseé por aquel enorme lugar observando los vestidos y dejando que las yemas de mis dedos acariciasen las telas, era un sueño…. Empecé a sacar vestidos y a ponerlos delante de mi cuerpo olvidándome de cualquier prejuicio y me mire en el espejo, todos eran tan…sugerentes. ¿Cómo podía ser tan cara una cosa con tan poca tela? Todos eran de marca.

En mi corto recorrido por el lugar hacía mi habitación pude vislumbrar exactamente el tipo de etiqueta que se exigía esa noche así que al final me decidí por un elegante y sexy vestido negro, abrí uno de los cajones y vi todo tipo de complementos… sonreí y rebusque en mi bolsa hasta dar con el conjunto de ropa interior adecuado, bueno…sólo necesitaba las braguitas por que con ese escote en pico por ambos lados no daban para más, y un poco más y ni eso podía ponerme debajo, cerré un collar alrededor de mi cuello y me calce los tacones deseando no matarme por el camino y baje. Al final de la escalera ya me esperaba otro de esos chicos de portada, iba a darme un infarto con tanta perfección masculina…

Casi parecía un pajarillo al que habían abierto la puerta de su jaula y estaba descubriendo un mundo nuevo. Me sentí como borracha o drogada, no se… era como estar en medio de un sueño brumoso o fantástico, era como una visión borrosa e irreal o quizás fuese el cansancio del calor y el coche. Era imposible poder explicar lo extraña que me sentía y lo mágico que era todo aquello, parecía irreal, demasiado perfecto…

Deje que me llevase hasta el salón donde se desarrollaría la velada y tome asiento donde me indicaron tras saludar a los presentes, los hombres no volvieron a tomar asiento hasta que yo no ocupe mi lugar. ¡Joder todos era tan sumamente atractivos que mi pulso no podía recobrar el latido normal! Hasta ellas parecían todas modelos… eche una ojeada rápida a mi improvisado recogido y estudie la sala, me sentía fuera de lugar ¿que era aquel lugar, un parador? Más me recordaba a Eyes Whide Shut… un escalofrío me recorrió la espina dorsal. Había algo raro allí…

Cenamos y bebimos tranquilamente, casi suelto la lagrimita con esa comida tan deliciosa. Todos eran muy agradables, sus voces eran tan hipnóticas y atrayentes que me sentía absorbida como en un torbellino. Ya no sé si por el vino o porque pero casi había conseguido olvidarme de todas mis reticencias, me hacían sentir integrada. Aquellas chicas eran tan inteligentes y hermosas… me fascinaban sus movimientos y sus modales exquisitos, la elegancia de todos… realmente me parecía estar fuera del tiempo.

Me estremecí de repente cuando unos dedos recorrieron muy lentamente de abajo arriba mi espalda con un levísimo roce, una corriente eléctrica pareció atravesar todo mi cuerpo que se acelero ardiendo sin control, me gire con los ojos como platos hasta que un hombre quedo frente a mí.

- Mis disculpas Madeimoselle, la confundí con alguien. Espero no haberla ofendido – me cogió la mano delicadamente poniéndola sobre la suya. Su tacto era tan suave y ardiente…

Me quede atrapada en sus ojos turquesa, no me salía la voz, creí que las piernas no me iban a sostener y él cogió la copa que yo tenía en la otra mano y la dejo a un lado.

- Soy Antuan, Y usted debe ser Bely – sus ojos seguían fijos en los míos atrapándome, me sentía hipnotizada y él no me soltaba, seguía atrapando mi mirada. Sonreí inquieta.

- Encantada.

Él sonrió de un modo… indescriptible, casi malicioso y soltó mi mano deslizando su brazo hasta mi cintura y empezó a hablarme. Yo seguía su paso a lo largo del pasillo. No podía pensar con claridad ni reaccionar, no podía oponer resistencia mientras seguía andando llevaba por la cadencia aterciopelada de su voz, me estaba enseñando el lugar, era todo muy extraño y yo me sentía rara, como si tuviera la cabeza embotada y saturada de sensaciones. Las risas cristalinas de las chicas iban quedando lejos hasta que una luz más intensa me recibió.

Estábamos en un anexo del palacete, aquello parecía una especie de casino y algo más… había chicas y chicos ligeros de ropa bailando en escenarios. El alcohol llenaba las copas mientras los barmans hacían bolar las botellas y lucían sus perfectos torsos desnudos, todo era tan irreal y elegante a la vez que no podía asimilarlo, mi cabeza daba vueltas. Él empezó a abrir puertas… y si os digo que la película antes mencionada se quedaba corta creedme. La cabeza me rodó y sus palabras fueron cobrando sentido. Mentalmente estaba matando a Mat de todas las formas posibles, estaba cabreada, el labio inferior me tembló ligeramente.

Hubo unas risas y me giré cara a la puerta que se abría trayendo consigo el aire frío de la noche. Por esta entro el chico más atractivo que jamás hubiera imaginado. Era un dios, su perfección y belleza dolía, parecía algo imposible, cualquiera hubiese llorado ante tal Adonis. Sus fuertes brazos colgaban de los hombros de dos chicas que llevaba a cada lado y a cual más hermosa…

Los labios rojizos y llenos de él estaban entreabiertos, húmedos. Por su camisa entreabierta pude apreciar su pecho fuerte esculpido por la mano de un artista, su piel era canela, alto… viril, y esos ojos… profundos… verdes y brillantes… me mareé. El corazón me dio un vuelco y sentí un cosquilleo insistente bajo mi plano vientre, el estomago se me encogió sentí… ¿mariposas? El brazo de aquel otro chico en mi hombro me hizo volver a la realidad.

- ¿Os encontráis bien Madame? – preguntó solicito con ese acento francés tan delicioso y sugerente.

- ¿Me estáis diciendo que la gente viene aquí para…para… - hice una pausa, no podía decir aquello - ¿Y que encima pagan, que tienen una tasa? – le mire estupefacta. Estaba descolocada de verdad.

- Sí ¿Cuál es su precio? Están ofreciendo mucho dinero por pasar un rato con usted… - me estudió un instante y prosiguió - Es usted tan bella… que podría morir sólo con mirarla, hasta podría llorar.

Se me paralizó todo, la habitación rodo de verdad… ¿hermosa yo? Desde luego sabía muy bien que decirle a una mujer para desarmarla, pero eso no funcionaba conmigo… bueno…no del todo, las piernas me temblaron ligeramente a mi pesar. Su voz era tan seductora y convincente…¿o era el alcohol o el lugar en sí?

Sonrió inocentemente y me cogió la mano.

- Señorita… creo que lo está mal interpretando. Todo lo que aquí se hace es por diversión y con consentimiento. No hay nada de malo…

Mire la sala siguiendo el gesto que Antuan hizo con la mano abarcando el lugar. Todos reían y se divertían despreocupados tal y como decía. Nadie estaba a disgusto ni se hacía nada desagradable en ningún lugar.

- Todos son adultos y lo tienen muy claro.

Parecía un club elitista y privado… todo eran excesos, lujuria, dinero… y entretenimiento. Allí no había nada normal, parecía todo fuera de la ley…un mundo aparte y aún así parecía perfectamente aceptable… no se…seguía habiendo algo que no me cuadraba, extraño… irreal. Estaba mareada.

Un chico se acerco y rozando mi cuello con las yemas de sus dedos susurró en mi oído. Mis ojos se abrieron desmesuradamente y ahogue cualquier sonido en mi garganta.

Me mareé de nuevo y le mire ofendida resistiéndome a darle un bofetón, él se disculpó amablemente y se fue mientras mi cabeza contaba de nuevo todos los ceros de aquella propuesta. Debía estar loco o tomándome el pelo.

¡Podría dejar de trabajar y vivir toda la vida sin problemas! Allí había mujeres bellísimas dispuestas a sus juegos.

Salí furiosa de allí empujando la puerta y mis dedos marcaron solos el número. Mat lo cogió al quinto tono.

- ¡¿Dónde demonios me has metido?! ¡¿Qué representa todo esto Mat?!

- Relájate Bel.

- ¡No! ¡Ni Bel ni ostias! ¿De qué vais? Acaban de ofrecerme una millonada ¿Qué se han creído que soy, una fulana? Yo me largo de aquí - apreté los dientes dispuesta a colgar hasta que una risita femenina me llego amortiguada tras la línea así como el burbujeo del jacuzzi. Mat estaba acompañado y por su jadeó sabía perfectamente donde estaba la cabeza de la chica…

- No puedes volver querida.

- ¡¿Pero qué estás diciendo?!

- Estas atrapada, hasta que no redirijas tu vida no podrás volver – su voz sonó un tanto oscura y ronca – Firmaste un contrato querida.

El tono de su voz no me gusto nada… me estremecí.

- No he firmado nada Mat ¿Qué es esto, el club del desenfreno o qué?

- Mira a tu alrededor Bely. Mira bien – dijo de nuevo con una voz sugerente e hipnótica.

Me gire y casi se me cae el teléfono de las manos, todo rodo y pareció cambiar, parecía la dimensión paralela. La puerta se abrió y mire todo aquello, los cuerpos desnudos y sudorosos, las risas, sus movimientos, todo aquello parecía irreal… nada era lo que parecía… me lleve la mano a la sien, parecía que la vista se me desdoblase… allí había un sátiro, duendes, minotauros, demonios… mire otra cara y tras ese hermoso rostro vi como a través de un cristal distorsionado sus colmillos… vampiros, hombres lobo, brujas…. Seres imaginarios, imposibles bajo ese atractivo aspecto… ¡No podían ser reales! Ya esta, estaba oficialmente loca…tanto escribir sobre ellos y ahora… se giraba contra mí, no podía ser cierto y lo jodido… es que todos me eran extraña y vagamente familiares… demasiado. Me desplome.

Unos fuertes brazos me sostenían cuando volví a abrir los ojos, era otro de esos perfectos y atractivos chicos, Antuan estaba delante moviendo una especie de abanico sobre mi cara.

Me levante desasiéndome de las manos que me sostenían y mire alrededor, estaba rodeaba por todos aquellos seres.

- ¿Se encuentra bien Mademoiselle? – me preguntó Antuan.

- Sí…

- ¿Así ella es Bely Sairus? – se acerco una mujer preciosa a Antuan. Él asintió y ella sonrió encantadora, casi emocionada – Vaya… he leído todas tus novelas, ¡me encantan! ¡No puedo creer que de verdad estés aquí! – me cogió las manos, en su amplia sonrisa brillaron unos perfectos y afilados colmillos blancos – Se podría decir que te debemos la vida

Yo lo único que quería era soltarme y salir corriendo ¡aquello era de locos! ¡Estaba en shock! Estaba aturdida y me agobiaba estar ahí en medio de aquel círculo.

- Este Mat… mira qué no decirle nada – dijo otra.

- Vamos, vamos. Dejadla respirar – hizo sitio uno de los chicos.

Lo agradecí de veras.

- Pues sin saber nada lo hacía muy bien en sus novelas, una imaginación muy real… como ha dicho ella es casi es como si nos hubiera creado – rió otro.

- Bueno, a algunos sí nos dio vida – oí otra voz de fondo –Nos creo.

Yo seguía desconcertada completamente, me estaba ahogando o almenos tenía esa sensación. El circulo se ensancho y al fin se abrió una brecha, al final de esta estaba aquel hombre de escándalo, el pulso se me acelero cuando mis ojos quedaron atrapados en los suyos… duros, salvajes…ardientes. El mareó volvió a aparecer.

- Tengo que… volver – susurré y anduve hacía el ala de las habitaciones abriéndome paso por el lado opuesto a ese bombonazo…

Un par de chicas hicieron intención de seguirme pero se lo impedí.

- Por favor – dije llevándome la mano a la cabeza echándome los mechones hacia atrás y a los lados nerviosa.

- Aún lo ha encajado bien ¿no? – oí a uno.

Una vez a solas dentro del enorme salón eche a correr escaleras arriba y me encerré en la habitación. Mi móvil sonó y lo cogí, las manos me temblaban.

- ¿Más calmada? – Era la voz de Mat.

- ¡No!

- Entonces mejor no te digo que te gires.

Automáticamente yo me gire y él estaba ahí apoyado en la mesa de caoba con una pose de chulo arrebatadora y su traje impecable cortado a medida.

- ¡¿Y tú que eres?! – me sobresalté dejando caer el teléfono al suelo.

- Sólo un diablillo – guardo su móvil de un elegante movimiento.

- ¿Y Mathew?

- Brujo.

- ¿Son?

- Humano

- ¡¿Ilia?!

- Vampiresa.

- Ay madre – me deje caer en el borde de la cama - ¿Y porque me sueltas esto ahora y así, de sopetón? – le mire dejando caer la mano que tenía en la frente – No creo que sea la mejor forma de inspirar pero si lo que quieres es que me dé un chungo eso sí… ¿no querrás deshacerte de mí, no? Es que tenía planeado hacer unas cuantas cosas antes de morir…

El puso los ojos en blanco y lanzo un cacahuete al aire con su pulgar y lo atrapo con la boca.

- Almenos no has perdido el sentido del humor.

Yo parpadeé aún fuera de lugar y seguí mirándole, él se acerco y se sentó a mi lado, mi primer impulso fue apartarme pero no me moví. Le conocía de hacía tiempo… nunca me había hecho nada malo, no tenía porque ser malvado sólo por ser un diablo ¿Por qué tenía que preocuparme por eso ahora o estereotipar? Por lo que parecía nada era como creía… ¡Joder que existían!

- ¿Por qué a mí, porque ahora? – repetí dejándome caer hacía atrás en la cama - ¿Por qué yo?

- ¿Quién mejor que tu Bely? – me acarició la mejilla con el dorso de la mano.

- ¿Qué quieres? Yo no… no lo entiendo…no… - suspire.

Él me miro en silencio pero no se me escapo el repaso que me metió.

- ¿Ahora crees que necesito un polvo? Disfruta Bely, desmelénate, desinhíbete… serás… ¡puñetero! – le golpeé con el cojín.

Mat me arrebato el cojín con facilidad sin borrar su esplendida sonrisa condescendiente de su cara, en ese momento le odiaba.

- Duerme Bely. Te sentara bien. Mañana hablaremos.

- ¡Pero! – no pude acabar la frase, un sopor anormal se adueño de mí y los ojos se me cerraron solos.

Me despertó la luz del sol, debía ser mediodía. Parpadeé confusa y me estire como los gatos, remoloneé y suspiré cerrando de nuevo los ojos, me costó un instante recordar donde estaba y todo lo ocurrido, por lo que por desgracia mi ilusión de que aquello fuera sólo un sueño quedo en agua de borrajas. Sobre todo porque un carraspeó resonó en la habitación y mis ojos hallaron a Mat sentado con su elegancia habitual en un sillón orejón enfrente de la cama, tenía una pierna sobre la otra y jugueteaba con una manzana que iba de una mano a otra bailando.

- ¿No te has movido de aquí? – me medio incorporé sosteniéndome sobre el codo.

Él siguió mirándome en silenció, suspire exasperada y me deje caer hacía atrás de vuelta al colchón.

- Podrías haber tenido la delicadeza de no haber seguido aquí, almenos tendría la posibilidad de creer que nada había sido real.

Mat volvió a torcer los labios en una extraña sonrisa, entonces yo me levante, por suerte iba vestida, no me había quitado la ropa. De pronto sentí como si algo insustancial pasase a través de mí, noté una descarga de energía y el crepitar de una especie de electricidad, la cabeza me rodo. Cuando mis ojos pudieron ver aún boqueaba en busca de aire… no podía moverme y sentía el sabor de la sangre en mi garganta y un dolor lacerante. Me dolía todo horrores, probé a mover mi mano pero se topo con algo, baje la vista… cadenas…

Un nuevo cambio de enfoque me mareó y cuando el equilibrio se restableció era como si yo estuviese viendo todo desde fuera de mi cuerpo. Digo fuera de mi cuerpo porque este estaba encadenado como una salchicha alrededor de una especie de tronco o estaca enorme, tenía un aspecto horrible y todo alrededor era rojo. La estaca estaba al borde de un precipicio oscuro, a los lados unas enormes llamas ascendían hasta el cielo como si fuera el fuego del mismísimo infierno. Observé mi maltrecho cuerpo apenas cubierto por una escueta gasa blanca, la cabeza descansaba sobre un hombro y tenía los brazos en cruz.

Unas manos me sostuvieron por los hombros sacudiéndome levemente, alguien gritaba mí nombre, tarde unos segundos en asimilar que estaba de vuelta en la habitación, con una rodilla hincada en la moqueta, intentando respirar de forma penosa y preocupante, el corazón me latía desbocado. Cuando mi mente reaccionó reconoció a Mat. ¡¿Cómo me estaba pasando a mí aquello?! ¡Era imposible, más bien parecía una de mis idas de olla para una historia y no mi propia vida, la realidad!

- Bely ¿Estás bien?

- ¿Qué coño ha pasado? – murmuré la garganta me ardía - ¿Qué ha sido eso?

- Te desplomaste, te quedaste como ida… tus ojos estaban fijos, vacios…

Me lleve la mano a la frente y deje que me ayudase a incorporarme, me temblaban las piernas, estaba débil, pestañeé y me recogí el pelo tras la nuca con la mano, estaba desorientada, no entendía que sucedía.

- ¿Qué viste? – me pidió.

- ¿Qué… como sabes…? – inhalé profundamente - A mí… encadenada, como si fueran a sacrificarme… - la voz se me quebró, nada tenía sentido.

Me dirigí al baño y me moje la cara con agua bien fría y volví a la habitación, el vestido seguía ceñido a mi cuerpo dejando ver mi piel dorada bajo el tremendo escote y la espalda. Mat no podía apartar la vista de mí.

- Mat… sabes que necesito respuestas…

- No más que yo Bely… te escogí a ti, no solo porque eres una escritora cojonuda nena, sino porque escribías sobre cosas que son verdad sin saberlo, para los humanos es simple ficción, entretenimiento. Es algo que no levanta sospechas, pero muchos de los nuestros empezaron a mostrar interés por tus novelas. Incluso algunos de tus personajes… cobraban vida en nuestro mundo.

- ¡¿Qué?! ¡Nooo! eso no es bueno…

- Puede ser peligroso dependiendo de quién o como lo interprete. Pero tú no sabías absolutamente nada, eres completamente humana. Almenos que sepamos.

- ¡¿Qué sepamos?! – repetí incrédula - ¡¿Pero porque ahora, porque me lo cuentas y porque alucino?! ¡No puedes decir en serio lo de mis personajes! No fue muy buena idea que Antuan me metiese allí… ya sabes que yo soy más bien…

- Necesitas desinhibirte un poco. Te sorprendería lo que eres capaz de hacer si quisieras conocerte de verdad, no eres como crees… tú eres fuego Bely. Pasión…ira, poder… fuerza. Eres letal querida.

- No me has respondido – dije eludiendo sus palabras sin poder contener del todo un escalofrío.

El suspiró dejando que su mano golpease su cadera y yo me metí en el baño, me di una ducha rápida cerrando bien la puerta y me metí en el vestidor obligándome a no pensar, a darle una tregua a mi cabeza, no quería acabar en un psiquiátrico con una camisa de fuerza y encerrada de por vida en una habitación acolchada. Cogí otro de aquellos modelitos decidiéndome por un vestido corto, rojo con algo de vuelo e inevitablemente provocativo, iba con mi estado de ánimo… ¡furia! Escogí bien que me ponía debajo y volviendo a la habitación ya vestida deje dos mechones sueltos a ambos lados de mi rostro y recogí otros más envolviéndolos en una tira plateada, el resto quedo suelto deslizándose por mi espalda. Mat no me perdía de vista mientras hacía todo aquello.

- ¡¿Qué?! – me gire exasperada.

¿Qué tenía yo para que me mirase con aquella atención tan especial? Pues no habría estado con mujeres infinitamente mejores que yo…

Mat se acerco sigilosamente hasta mí que había vuelto a darme la vuelta, le vi por el espejo ponerse detrás de mí y su calor me envolvió de una forma indescriptible, sus labios apenas rozaron mi cuello pero sirvió para que la carne se me pusiese de gallina y el bello se me erizase. Su mano se deslizo por mi hombro hasta mi cintura y acabo en mi vientre mientras con el otro pulgar trazaba lentamente un círculo en mí nuca. Mi cuerpo entero vibro manándome oleadas salvajes de deseo. Su boca rozó mí oído y el placer se intensifico robándome un jadeó, el pulso se me disparó y enrojecí.

- Tú no sabes lo hermosa que eres Bely… Eres una diosa, perfecta, sensual…ardiente.

Intente recuperar el control de mi mente cerrando los ojos y tragué nerviosa. Él se aparto dejándome en estado de ebullición. Hasta me costaba respirar.

- Quizás eso funcione con otras, no conmigo – musité con esfuerzo y abrí la puerta para bajar, el me cogió de la muñeca deteniéndome.

- Me temo que no puedo dejarte marchar, tenemos una… reunión que atender.

- Creí que dijiste nada de trabajo – me solté con dignidad y elegancia.

Mat estaba serio así que le mire fijamente a los ojos, había algo que no me decía.

- Algo no va bien ¿verdad? ¿Qué no me dices Mat?

- Vamos, lo sabrás en seguida.

Suspiré y le seguí, me mareé cuando atravesamos la puerta de abajo, noté como el suelo desaparecía bajo mis pies y me entro el pánico, caía en picado, el centro de gravedad de mi cuerpo se desestabilizo y mi estomago se resintió. Aún estaba desorientada y perpleja cuando mire alrededor, todo había terminado. Estábamos en una sala gris de paredes de roca y a juzgar por el olor…bajo tierra. Él me sostuvo por el codo con firmeza y yo me lleve la mano a la sien aún mareada. Avanzo despacio sin soltarme y me hizo andar hasta dejarme en medio de la sala, justo bajo mis pies estaba el centro de una estrella de siete puntas, miré alrededor… parecía un juzgado… había gradas y un montón de gente sentada alrededor de esa sala circular. Se me hizo un nudo en el estomago y el pulso volvió a desbocarse. El bello de la nuca se me erizó con esa sensación desagradable de que algo no iba bien. Mat se situó a mi izquierda y se dirigió con voz solemne y oscura al portavoz de aquel lugar. No le preste atención.

- Así que esta es la humana – dijo el hombre levantándose. Llevaba un precioso traje de raya diplomática y por encima una especie de bata elegantísima de seda roja y dorada. Bajo los dos peldaños que lo separaban de la circunferencia y me rodeo.

Yo no le perdí de vista… sus ojos negros como una noche sin luna me atrapaban irremediablemente y sentí como el aire abandonaba rápidamente mis pulmones.

- Parece una chica muy normal… - dijo pensativo, estudiándome, sus ojos me traspasaban y casi podía sentir como desgarraba hasta mi alma. Me desnudaba, me dejaba totalmente expuesta ante él sólo con mirarme.

- Mat…- mi voz fue apenas un quedo susurró con una carga de nerviosismo, desconcierto y miedo que me desagrado. Al poco una lucecita se hizo en mi cabeza - ¿Qué esperan encontrar Mat?

- Tranquila Bely, estas a salvo.

- No le veo nada Erion – dijo una voz femenina desde una de las gradas que entendí seguían algún tipo de orden.

- Algo ha de haber para que ellos estén tan interesados en esta chica. Realmente no sabía nada hasta que se lo dijiste y sin embargo es imposible que escribiese todo eso sin conocerlo – siguió aquel hombre de belleza irresistible, su piel inmaculada y pálida parecía resplandecer. Su pelo largo y negro estaba atado en una cola.

Mis ojos buscaron los de Mat cuando él rompió su presa sobre mí, mis nervios estaban a flor de piel… sentía como mi agresividad se iba afilando peligrosamente y algo me decía que aquello era peligroso.

Algo había sacado en claro… mi vida corría peligro. Casi podía sentir la muerte soltando su aliento tras mi nuca.

- ¿Qué ocurre Mat?

- A algunos de nuestros círculos no les ha hecho mucha gracia que parezcas saber tanto, pero no es sólo eso. Has captado la atención de un grupo de humanos especiales que sí nos conocen… son los cazadores – siguió aquel hombre de voz profunda y seductora, mis ojos lo siguieron mientras tomada asiento – Bueno… y luego están tus… otras creaciones…

Sacudí la cabeza negativamente, yo no sabía nada…odie de nuevo a Mat ¡¿Por qué había tenido que decirme nada?! Yo era feliz en mi ignorancia, y yo que creía que tenía una imaginación desbordada…

- Hay más ¿no? – dije llevada por un impulso, tenía esa sensación…el instinto, la intuición…

- Todo llegará – respondió aquel ser apoyando su mentón en su mano ocultando sus perfectos labios tras su mano delicada y exquisita, fina… de largos dedos níveos.

Vale… ahora sí… querían matarme, quizás no ellos pero si otros. Tragué con esfuerzo y la cabeza volvió a rodarme cuando la adrenalina golpeo mis sienes con fuerza. Mi corazón bombeaba sangre sin parar de un modo violento, sentía que las venas iban a estallarme. Todo empezó a oscurecerse, sé que estaban hablando pero yo me estaba colapsando.

- ¿Cuál es tu verdadero nombre?

- Belsathy – respondí sin tenerlas todas, él volvía a estar frente a mí y sus dedos temblaron casi anhelantes cuando apenas rozaron la piel de mi mejilla.

Oí murmullos apagados y una hilera se aparto frente a mí. Al fondo, justo en el centro pude ver entonces a aquel chico de infarto…aquel dios parecido a una escultura griega, su belleza me golpeó conmocionándome, es que era algo indescriptible, me subyugaba. Sus ojos me atraparon, me quedé sin aire y gemí sin poderlo evitar. La sangre me ardía tanto que creía que estaba en llamas. Tuve que apartar la vista y mirar al suelo, los parpados y las pestañas caían hasta la mitad de mis ojos y despacio se elevaron para descubrirle frente a mí, el corazón me dio un vuelco y el estomago se me encogió. Mis labios se entreabrieron solos y ladeé la cabeza hacia abajo, el pelo oculto parte de mi rostro y clave la vista al suelo cuando le sentí rodearme.

Su mano se poso en mi hombro con firmeza, note la presión de sus dedos mandando oleadas de fuego a todas mis terminaciones nerviosas. Y al igual que había hecho Mat se puso detrás de mí y me apretó contra su pecho firme y duro. Parecía esculpido en piedra, pero a la vez era cálido y acogedor, se amoldaba a mi cuerpo a la perfección. Su otra mano me sujeto por la cintura apresándome bien contra él haciéndome sentir todo su vigor y su potencia. El aire abandono de nuevo mis pulmones, la cabeza me rodo mientras el pecho me latía con violencia. Sentía la sangre agolpándose en mis sienes latiendo furiosa, con un ímpetu desmesurado, ardía como si fuese lava fundida. Su olor me inundaba nublando mi juicio y mi mente, sólo me quedaba el instinto. Los sentidos se me agudizaron, una parte de mí quería alejarse de él pero era imposible. Sus labios se cerraron sobre la piel del lado de mi cuello y descendieron hacía la clavícula. Jadeé y sus dedos giraron mi rostro hacía el suyo. Sentía su aliento dulce y ardiente sobre mis labios palpitantes… los suyos atraparon los míos como una presa deliciosa y creí morir cuando estos se abrieron paso entre los míos abriéndolos con su lengua, una oleada de placer me sacudió de arriba abajo. Cuando quise darme cuenta estaba sentada de espadas a él. Mi ropa había desaparecido al igual que el suelo y bajo nosotros había un mullido lecho. Mis pechos se hincharon al notar el tacto de su piel, creía que iba a abrasarme…

Sus manos se deslizaban por mi vientre y descendían muy lentamente alargando el momento, mi cuerpo se tenso ante aquella dolorosa espera ya que seguía recibiendo descargas de placer que venían como en oleadas. Sus dedos apenas me rozaban pero yo me estremecía, poco a poco alcanzo aquella zona crítica. Me alarmé y jadeé intentando apartarme pero no me dejo moverme, sus dedos se deslizaron haciendo entreabrir mis piernas como si fuera una flor que entra en contacto con la luz del sol…

La sangre seguía golpeándome, abrasándome sin tregua atronándome los oídos. No podía pensar ni dejar de sentir de aquel modo tan intenso. Creí que me volvería loca. Aquel fuego me desbordaba, me consumía en llamaradas incandescentes, jamás había sentido nada así…. Tiraba de mí, estaba húmeda… excitada, le necesitaba…. Quería sentirle en mí. Bote cuando un sinfín de manos se movieron por mi piel, unas por las piernas, otras por la cintura… por todos lados, no estábamos solos… todos esos hombres… estaban allí y me atraían, no podía reaccionar de otro modo que no fuese sintiendo sus caricias.

Conseguí parpadear y el enfoque como de una cámara había vuelto a cambiar, yo seguía ahí, desnuda pero estaba a cuatro patas y él estaba detrás mirándome. Me sentí vulnerable y expuesta, asustada… me ruboricé avergonzada y me mordí el labio inferior.

Aquel extraño mareo regreso junto a la sensación de vértigo, cuando mis ojos volvieron a enfocar tras esa neblina tenue seguía estando de pie en medio de esa sala. Estaba turbada aún y sentía las mejillas arderme, baje la cabeza de modo que el cabello me tapase un poco y mire de soslayo a Mat que enarco una ceja confuso.

Entonces me di cuenta de que aún estaba respirando entrecortadamente pero de un modo acelerado a la vez y me removí inquieta, no sabía dónde esconderme… apreté las caderas y me mordí el labio inferior desde el interior. ¿Qué coño me estaba pasando? ¿Qué me estaban haciendo?

Todos aquellos seres estaban discutiendo, estaban tan concentrados en su debate que apenas me prestaban atención, era como si no estuviese allí… ¿y si probaba a largarme? ¿Pero como, por donde? Yo sola no iba a poder salir de allí, lo sabía… Estaban debatiendo sobre cómo proceder conmigo apreté los puños dispuesta a chillar para que no me excluyeran pero una figura quieta y oscura me llamo la atención. Esta no discutía ni hablaba, se mantenía al margen, apartado en una esquina y me miraba desde el fondo de una capucha negra… todo él iba enfundado en una especie de capa negra que casi parecía insustancial, es más… parecía deshilachada y era como si flotase en el aire…

Un escalofrío me recorrió la espina dorsal mientras seguía con la vista fija en esa cosa…

- Mia dolce Bely… petit treasure…

Os juro que oí salir esas palabras de aquella cosa fantasmal, sentí frío cuando su aliento llego a mí, su voz era algo indefinido y aterrador.

- ¿Qué has dicho? – susurre girándome cara a él.

- Me ves. Ella está aquí – dijo al aire y tras eso se disolvió y salió disparado hacía mí como un borrón de nube.

Note como alguien me daba un tirón en el brazo con brusquedad pero me quede sin aire cuando sentí esa masa gaseosa impactar contra mí. Fue como el choque de dos camiones de gran tonelaje, me doble por la cintura y caí al suelo tosiendo mientras luchaba por conseguir un poco de aire. Algo crujió y se regiro en mi interior desgarrándose, grite a causa del terrible dolor que me convulsionó, no había suficiente espacio, me estaba invadiendo, sentía ese aire denso reptar por mi interior. Grite, otro desgarro de tejido…

Apenas oía las voces de los demás, algo estaba pasando, el aire crepitaba como si miles de rayos se estuvieran descargando sobre algo. Olí piel quemada… arrugué la nariz, era asqueroso, mi mano topo con algo viscoso en el suelo mientras intentaba ponerme en pie y respirar, me mire la mano temblorosa… sangre… estaba caliente. Tuve ganas de gritar pero de mi garganta no salía ningún sonido. Otra sacudida me llego desde el interior de mi vientre, ahora sí que grite de dolor. No sabía que estaba pasando, no lograba entender nada. El suelo desapareció bajo mis pies, estaba flotando… sentí otro desgarro interno, mire mis brazos en cruz… allí se abrían profundas heridas y mi sangre se escapaba de mi cuerpo. Mi interior quemaba como acido. Era algo insoportable, bajo mis pies había cuerpos amontonados, había una lucha… vi a aquel chico descargar una enorme espada contra el cuello de otro, busque a Mat cuando caí a plomo al suelo como un peso muerto e intente arrastrarme por aquel campo de batalla, a aquellas alturas la sangre me bañaba por completo, mi mano se cerró sobre algo y empecé a temblar cuando vi que era una mano amputada, la solté y gire quedando sobre mi espalda intentando respirar, todo era un caos confuso e irreal. Grite cuando vi algo venirse sobre mí con una hoja refulgente, un cuerpo choco contra ese otro y lo aparto de mí, la hoja se descargo de todos modos y pude esquivarla por los pelos ladeándome con un grito y un esfuerzo titánico. Me dolía todo… conseguí ponerme en pie, unas manos me asieron por la cintura. Me convulsione de nuevo desde dentro y grite mientras esa cosa de dentro de mí se agitaba como un león furioso destrozándome.

Una corriente helada y ardiente a la vez se arremolino a mí alrededor, grite, tenía que sacar eso de mí, luche apretando los dientes, no sé cómo fue pero eso salió disparado fuera de mi cuerpo. La masa negra golpeó con estruendo contra la piedra golpeándose la nuca en las gradas. Yo respiraba como un toro a punto de embestir, estaba furiosa… una extraña sensación se adueñaba de mí, era como perder la cordura o la razón… sólo había furia, odio…deseo de destrozar… de matar, quería venganza. Era algo imposible de explicar, era como si todo a mi alrededor ardiese y se tambalease, el suelo crujía y temblaba mientras yo me sumergía en esa vorágine de ira y caos. Mis manos se crisparon.

La sala quedo sumida en un silencio sepulcral… irreal. Parpadeé… nada… oscuridad. Aquello era lo que me envolvía, la sentía arremolinándose a mí alrededor, reptando hasta mí como una víbora intentando enroscarse en mis entrañas, avanzando lenta pero implacablemente, era un veneno sutil y dulce…

Oscuridad sí… pero no era fría como imaginaba, ni aterradora, era cálida y me abrazaba como un amante ardiente y exuberante. Me engullía, me llamaba sin tregua, llenándome, seduciéndome, atrayéndome… me estremecí, no quería resistirme, quería entregarme a sus brazos… su voz susurraba en mí oído palabras mágicas, poderosas… apenas era un murmullo que erizaba mi piel de un modo placentero… estas condenada, eres una de nosotros. No hay redención para ti por que nos amas. Su voz era tan convincente… sabes lo que hay en tu interior, enterrado en tu alma y tu corazón, no lo niegues… en el fondo lo sabes. Eres lo que eres, hay maldad también en ti.

Un nuevo tirón y una descarga eléctrica me arrastro lejos de un hombre, estaba parado frente a mí, estático… parecía como envuelto en unas alas negras y enormes plegadas alrededor de su enjuto cuerpo, parecía una crisálida… su cabello largo y negro como sus ropas caía enmarcando una cara algo afilada y blanca, sus manos eran finas, delgadas…con unos largos dedos… casi podrían parecer esqueléticas… pero no lo eran, eran unas manos fuertes y masculinas, poderosas… sus uñas largas estaban afiladas, volví a su rostro… entre la bruma que nublaba mis ojos vi una luz roja en sus pupilas. Lo que parecían alas desaparecieron y pude ver su torso marcado bajo el apretado jersey negro… era algo exquisito, bello… viril…

Unos brazos me cogieron dejándome entre ellos en volandas y me depositaron de nuevo en el suelo lejos de aquel ángel… quería gritar, acercarme a él, me llamaba… las espadas entrechocaban al igual que los hechizos que crepitaban, había un ruido ensordecedor y yo estaba… como borracha de nuevo. Caí al suelo y de nuevo unos brazos intentaron levantarme. Oí un grito ahogado de dolor y un gruñido, algo goteo en mi hombro…sangre… me palpe inmediatamente, no era mía… me levante como un resorte, frente a mí estaba aquella cosa negra envuelta en la capa negra, estaba agazapado como un león dispuesto a atacar.

De nuevo aquella furia incontrolada hizo mella en mí, tenía que protegerme, estaba en peligro, era una amenaza… bufe adoptando una pose agresiva y de ataque agazapándome también y lo mire fijamente, tenía una mano extendida a un lado como en una garra, ahí crepitaba una energía azul que se iba retorciendo e hinchándose en una bola de donde salían rayos.

Mis labios se movieron solos dirigiéndome a ese ser en una lengua que ni sabía que conociese, todo acabo en el momento en que lance aquella cosa de mi mano que acabo engullida por una especie de pantalla. Mis piernas cedieron y caí de rodillas al suelo jadeando. Apreté la mandíbula dolorida resistiéndome a perder la conciencia, la cabeza me zumbaba. Unos brazos se entrecruzaron sobre mi pecho y tiraron con facilidad de mí. Estos mismos me estrecharon contra un pecho cálido y acogedor. Mat…

Él murmuraba palabras de calma en mi oído, su voz era dulce y cariñosa, mis sentidos embotados no conseguían comprender sus palabras pero me reconfortaba.

- Ya paso pequeña, ya está. No dejaremos que te hagan daño, ya ha pasado. Tranquila….

Yo deje escapar un sonido extraño que estaba atrapado en mi garganta y me revolví un instante, estaba temblando como una hoja, los dientes me dolían de lo apretados que los tenía y entonces supe que estaba llorando y me enfade aún más conmigo misma, yo no era una histérica. Aún así me revolví un poco y arrastre con mi peso a Mat hasta el suelo donde siguió abrazado a mí, con suavidad me volvió hacia él hundiendo mi rostro en su pecho, yo me deje consolar como si fuera una niña desvalida mientras me mecía entre sus brazos y me acariciaba la espalda y el pelo revuelto.

- Ya Bely, ya…

Le aparte de mí secándome los ojos y me levanté temblorosa aún, un espasmo de dolor me atravesó de la cabeza a los pies. El corazón se me encogió, lo note dar un brinco extraño… ¿iba a darme un infarto? El dolor regreso redoblando sus fuerzas, los parpados me pesaban… mis labios estaban morados…

Una mano me sostuvo por la cadera y me atrajo hasta su cuerpo, su contacto me estremeció, la piel se me erizo y todas las terminaciones nerviosas de mi ser vibraron reactivando esa sensación de deseo, de placer…de necesidad pura y dura…dolorosa… mi bajo vientre palpito dolorosamente. Una oleada de energía me baño por completo, me sentí tan bien… el dolor desapareció, sólo había calma… calor, esos brazos me acogieron entre su pecho, me hice un ovillo cuando me puso en volandas, la cabeza me daba vueltas… me sentí tan relajada… a salvo. Me daba fuerza…

Gemí sin darme cuenta mientras mi cabeza caía hacía atrás dejando una cascada de pelo azabache tras de mí, la yugular quedo en un arco imposible y sentí como esa mano me sujetaba la nuca con suavidad y acariciaba la misma de un modo suave y lento.

- Esta mal herida – oí una voz apagada de fondo… apenas estaba consciente, todo era como un sueño… sueño… tenía mucho sueño, tiritaba, hacía mucho frío ahora en aquel lugar, no tenía fuerza… el brazo me cayo del vientre quedando suspendido en el aire, sobre el vacio…

- ¿Pero cómo ha podido hacer eso si es humana?

- ¿Pero que eres mi estrella? ¿Quién eres tu Bely?

Esa era la voz de Mat… ¿pero por que sonaba tan ahogada, tan apagada, casi triste, desesperada, confusa? Estaba bien ¿no?

Noté como ese pecho y esos brazos que me sostenían se alejaban, me entro el pánico, quería aferrarme a ellos, quería hablar y no podía… sentí algo mullido en mi espalda, entre abrí los ojos mareada y aturdida y sólo vi aquellos ojos verdes… era él…

- Apartaos, mirare de sanarla.

- Ten cuidado Sager… es frágil, es humana.

- Lo tendré descuida. Madame… puede que esto sea un poco… desagradable – su voz se difuminaba… pero note unas manos grandes y ardiente sobre mi vientre, una presión… alguien grito, creo que fui yo… no estoy segura… oí un crujido de huesos.

Dolor, sólo había eso en mí, un dolor atroz y punzante que me oprimía la cabeza y el cuerpo. Necesitaba respirar, necesitaba aire y aire frío a poder ser. Parpadeé un par de veces y cuando me sentí con fuerzas para poder aparta la vista de sus ojos de jade desvié la mirada hasta el hombre cuyas manos estaban suspendidas sobre mí cuerpo desprendiendo un calor abrasador, de ellas parecían desprenderse hilos dorados y blancos que caían en una cascada que se retorcía como humo. Casi parecía un rayo.

Tenía un rostro grande y curtido, afable… era mayor y una espesa barba corta y blanca se retorcía sobre sus rechonchos mofletes. Su pelo era igual de blanco espeso, cortó y rizado, tenía los ojos pequeños y placidos, de color Avella y su sonrisa era afable, estaba completamente concentrado y se formaban miles de arrugas en su frente. Vi el sudor resbalar por su sien. Gemí cuando pereció tocar algún punto sensible y dolorido con sus dedos. Presionó varios puntos más haciéndome arquear sin importar que estuviese medio desnuda ya que el vestido estaba hecho girones. Probé a incorporarme pero mi cuerpo no respondió, estaba exhausta pero es que además aquel chico me inmovilizo con una sola mano. Fruncí los labios, quería hablar pero no salía voz por mi boca. Además… seguía sintiendo un frío atroz. Tenía la sensación de que cada vez me alejaba más y más de allí… las voces se diluían mientras aquel ácido iba corroyéndome desde dentro, apreté el puño con fuerza.

- Esta muy mal, casi la destroza por dentro ¿Cómo ha podido soportarlo? No lo entiendo – seguía diciendo una voz.

- Parece más que estuviese inspeccionándola. No quería matarla – dijo la voz grave y profunda de aquel hombre. Era algo gutural pero aún así… me atrapo.

Me entraron ganas de gritar de nuevo, de hecho lo hice.

- ¡Estoy aquí joder! ¡no habléis como si no estuviese aquí! - Pero nadie me hacía caso, era como si no me oyesen.

Seguía oyéndoles hablar una y otra vez y nadie parecía oírme aún, sus rostros estaban sombríos, tensos, yo seguía esforzándome para que me escuchasen. El aire golpeó con fuerza mis pulmones, entro directo con virulencia, fue como sentir un peso sobre el pecho.

- ¡Estoy bien, estoy bien, estoy bien! – repetí casi gritando.

Mat por fin me escucho y sonrió, el labio le tembló ligeramente, su voz no sonó muy segura. Su traje estaba arrugado y hecho un guiñapo, con lo impoluto que iba siempre… no parecía él así despeinado y tan… atractivo, tenía una mano en el bolsillo de su americana, sus zapatos estaban manchados.

- Claro princesa. Enseguida estarás bien cielo. No es nada nena. Relájate – me cogió la mano con sumo cuidado intentando rozarme la piel lo mínimo posible, aún así me dolió. No dije nada.

- ¡No me llames nena! – proteste y él medio sonrió.

Una sacudida de dolor regresó y el hombro me mando un desgarro. Sentí la quemazón justo en ese punto y mire hacia allí, una especie de filo me atravesaba de lado a lado el hombro.

- Oh…

- Lo siento dulzura pero eso va a doler – se dirigió a mí el hombre de la barba. Yo le mire y asentí manteniéndole la mirada.

- Tú sólo sácalo – le indique apretando los dientes. Cerré los ojos esperando el tirón, fue rápido y limpio pero dolió horrores, aún así procuré no gritar.

El otro chico apretó los dedos entorno a la herida taponándola, la sangre palpitaba ardiente bajo su presión y le vi tensarse. Varios se inquietaron, su nariz aleteo. Él se envaro y procuro mantener su máscara de indiferencia pero su perfecto rostro se perlo de sudor, parecía estar haciendo un esfuerzo hercúleo…

Me quede paralizada al entender… mi sangre… era aquello lo que los alteraba y no porque les repugnase… todo lo contrario, la deseaban.

Aquella energía cálida seguía llegando a mí en oleadas, como si yo fuese las rocas contra las que se estrellaba el mar. Me reconfortaba, notaba como esta salía directa de él hacía mí curando mis heridas mientras reconstruía cada tejido y cada musculo dañado, todo, lenta pero minuciosamente.

Un espasmo me sacudió, me estaba agobiando, tenía que levantarme… me mareaba y toda aquella gente alrededor…con suavidad conseguí interponer mis manos entre aquellos dos hombres y me incorpore. Apreté los dientes cuando otra punzada de dolor amenazaba con doblarme pero extendí las manos para que me dejasen. Inhale profundamente pese al esfuerzo y al sufrimiento que eso me comporto y me aoville un instante para recuperarme. Cerré los ojos y me quede muy quieta.

Note como una brisa mecía mis cabellos con suavidad, casi de una forma tímida al principio. Esta era fresca y alivió mi piel febril. Los girones de ropa se movieron al aire. Suspire concentrada en el bienestar que me proporcionaba esa brisa y me deje mecer aturdida. Mis labios se movieron solos, no era consciente de estar salmodiando pero todo el dolor desapareció tan rápido como había aparecido y mis heridas dejaron de existir. La parte inconsciente de mí ser parecía saber muy bien que hacer… sólo quedo un leve escozor en el hombro que moví sin problemas.

Deje escapar despacio el aire de mis pulmones y me levante estirándome. Estaba como nueva, sonreí agradecida a aquel hombre grandullón que me miro desconcertado devolviéndome la sonrisa.

- Ya te dije que estaba bien – me aparte el pelo hacia atrás – Nunca tendría que haberte hecho caso ¿Por qué no podía ir al Caribe como cualquier turista? – iba sucia y sangrienta de arriba abajo.

- Esta chica siempre me deja fuera de juego – me miro descompuesto Mat. Se esperaba cualquier cosa menos eso.

Yo bufe irritada y mire el desastre de mi aspecto.

- Genial – refunfuñe.

Mire alrededor, la crudeza de aquel escenario me golpeo con tal fuerza que se me desencajo la mandíbula, era horrible. Parecía una batalla de la edad media, me estremecí abrazándome.

El vértigo regreso…todo era culpa mía… me habían atacado a mí y ellos me protegieron. Era una carnicería ¿Cuántos habrían muerto? Empezaba a recordar detalles que venían como flashes a mi mente, ahora recordaba estar acorralada entre dos hombres de negro, uno me inmovilizo desde detrás y el otro empuñaba lo que acabo en mi hombro cuando me revolví, caí golpeándome la cabeza, había más retazos igual de desagradables. Se me hizo un nudo en el estomago, sentí nauseas y ganas de llorar. Me quede paralizada, no podía moverme, mis ojos estaban fijos y vidriosos sobre aquel dantesco escenario.

En ese momento todo parecía aún más confuso y sin sentido, no entendía nada, aquello no tenía lógica alguna, era violencia gratuita a no ser que hubiese algo que no me decían. ¿Por qué tantas molestias para acabar con sólo una simple humana? ¿Era tan fácil borrarme del mapa…?

Ahora sí agradecí la mano de Mat en el hombro pese a que primero le gruñí amenazando con apartarme si me tocaba.

- Yo no… - tragué saliva - ¡Dios Mat lo siento!

- No te preocupes ahora por eso pequeña – me estrecho contra él por el hombro.

- ¡Cómo no voy a hacerlo! Oh… - me lleve las manos temblorosas a los lados de la cabeza enredándolas entre el pelo. No me salían las palabras, tenía un nudo enorme.

Me sentía avergonzada y culpable y él lo sabía. Pero no era solo eso… si yo era capaz de odiarme por lo que había pasado… ¿Cómo no iban a hacerlo todas aquellas personas que ni me conocían?

- Bely… si una cosa no has hecho nunca es pensar tonterías… así que no empieces ahora – me miro muy serio Mat. Yo asentí aunque no me sentía mejor.

Mat apretó la mano de mi hombro como queriendo decir… si te han ayudado no te guardan rencor y además una buena pelea no se la pierde nadie y menos si es por proteger algo tan valioso como tú.

- ¿Por quién nos tomas? No nos encasilles nena.

Mis ojos brillaron furiosos y le di un golpecito en el brazo con el puño, el sonrió pero luego hizo una mueca de dolor. Mi cara se alarmo.

- ¡Estoy bien, tranquila! – se apresuro a decir extendiendo las palmas frente a mí.

- Tengo la sensación de que me tratáis como a una histérica. No creo que me este comportando así.

Debí hacer un mohín o algo por qué Mat sonrió acariciando mi mejilla. Parecía que el pobre había pasado un mal rato cuando me quede más allá que acà. Según me dijo me quede como…muerta, no reaccionaba.

- No, no lo haces… y no lo entiendo. Creo que aún no lo has digerido todo.

- Posiblemente. Pero no quiero acabar encerrada en el loquero.

Él puso los ojos en blanco.

- Creo que los volverías locos tú a ellos.

- ¡Mat! – protesté, él se echo a reír.

El hombre de la barba se acerco y carraspeó a nuestra espalda.

- Esto…gracias por… curarme.

- No he hecho nada – me dijo completamente serio, yo no le hice caso creyendo que le quitaba importancia y le sonreí quedamente.

- ¿De verdad estas bien? – me pregunto Mat sacando unos restos de sangre de mi frente.

-

Demien se acerco también y me cubrió con su capa con suavidad. Sus movimientos eran tan elegantes y gráciles que me quede otra vez atrapada en él.

- Llevaos a Bely arriba. Necesita descansar – hizo apenas un gesto apreciable con los dedos y Mat asintió.

Cuando volví a mirar estábamos en el palacio. Mat abrió la puerta del baño, yo volvía a estar catatónica ante esos… “traslados”. Sager, un par de chicos más y aquel pedazo de fuerza de la naturaleza tomaron asiento. El leve corte que antes cruzaba su hermoso rostro ya había desaparecido. Aún agilipollada mirándoles me di la vuelta con la boca abierta y cerré la puerta tras de mí. Efectivamente necesitaba un baño y descansar. Me quite los restos pegajosos y chamuscados del vestido destrozado y me metí dentro de la enorme ducha de obra exquisita y puerta de cristal. Dejé que el agua caliente desentumeciese mis agarrotados músculos limpiándome. Estuve un buen rato bajo la ducha sentada abrazada a mis rodillas. Tras lo que pareció una eternidad salí, me sequé y me envolví en aquel albornoz que me venía grande. Salí a la habitación, estaba adormilada… me dirigí al vestidor donde estaba también mi bolsa y cogí unos pantaloncitos muy cortos de terciopelo blanco y me los puse. Rebusque entre la bolsa y saque mi camiseta extra grande con la silueta negra de un gato, gastada y dada de sí, un hombro siempre me quedaba al descubierto y daba la sensación que debajo no llevaba nada más ya que tapaba los pantaloncitos.

Me puse los calcetines doblando la parte de arriba y salí tras peinarme aunque no me había secado el pelo y me senté en plan indio sobre la cama mirando a mis… ¿guardianes? Suspire jugueteando con la punta de mi camiseta, ahora había más gente. Hablé.

- ¿Y bien? – recorrí con los ojos a cada uno de ellos hasta detenerme en ÉL.

Uno de los chicos se removió inquieto y Mat se echo hacia delante yo extendí la mano con un dedo hacia arriba.

- ¡Ni se te ocurra volver a dormirme! Como uses tus truquitos conmigo te la cargas – le dije muy seria.

- Captado – subió las manos como si fuese un detenido – Pero no pensaba hacerlo.

- ¡Ja! Si claro… y yo nací ayer – bufe irónica. Él sonrió malicioso, no iba a tragarme aquello, no le serviría otra vez, estaría preparada – ¿Nadie va a explicarme que ha ocurrido? porque no creo que eso fuera nada – volví a probar.

- No sabemos que eres Bely – Habló por fin Mat

- ¿Qué? – le mire entre confusa y divertida intentando no reírme – Soy humana Mat. Soy yo, Bely – me encogí de hombros - Simplemente soy una chica – suspire – Una estúpida que ha abusado demasiado de la imaginación – murmuré esto último en un gruñido incomprensible.

- Bely… los humanos no sobreviven a un ataque de un ente oscuro, ni pueden usar magia de ese tipo. Ni siquiera pueden sanarse.

- Yo no he hecho nada de eso. Habéis sido vosotros.

Él negó con la cabeza y yo miré al resto buscando constatar o refutar sus palabras. La pelota de mi estomago creció, No podía ni tragar. ¡Joder que era humana!

- Estarías muerta…lo siento…te fallamos, no estábamos debidamente centrados pero eso no volverá a pasar te lo prometo. No creíamos que atacarían allí y de esta forma, tan pronto.

- Mat… - dije – A ver – me puse el pelo tras las orejas levantándome sobre las rodillas y llevándome las manos a los lados de la cabeza – No puedo creer lo que estás diciendo. Es imposible, soy normal y no me habéis fallado ¡Joder que estoy viva de milagro! Y es gracias a vosotros, yo no hice nada, sólo intentar sobrevivir. Menospreciáis mucho a las personas normalitas. Cuando nos están atacando no nos quedamos precisamente quietos e impasibles para que nos maten. Nos defendemos como podemos, con uñas y dientes, algunos se quedan paralizados por el miedo pero otros no. Es instinto de conservación. ¡Y no entiendo porque tanto empeño en matarme, no he hecho nada! ¡No soy nada en vuestro mundo! ¡¿Cómo puedes estar diciéndome esto así?!

- Bely. Creo que los que estamos aquí sabemos muy bien lo que decimos – dijo intentando no exasperarse ni perder la paciencia. Estaba sereno, con las manos juntas frente a sus rodillas como si estuviese enseñando una lección a un niño testarudo.

No me gustaba nada esa idea…un escalofrío me recorrió y sentí un aliento gélido tras la nuca, me quede petrificada.

- ¿Qué te dijo? – la voz de aquel chico rompió el silencio llenándola con su cadencia exquisita. Mi corazón dio un mortal, su tono era tan sensual, aterciopelado…irresistible, era algo mágico…seductor, había poder en ella.

Le miré sin comprender.

- Aquel esbirro te hablo.

Intente recordar, todo era turbio y brumoso, había oído muchas cosas pero no sabía que era real y que no, era todo tan confuso y yo estaba tan aturdida…

- Me llamo Iubitul meu regina

Sus rostros se ensombrecieron y sus cuerpos se tensaron de un modo casi imposible.

- No sé qué significa – me encogí de hombros – No recuerdo mucho más…

Los mire de nuevo pero parecían sin ganas de querer hablar, me eche hacia atrás y me acurruque. Tenía ganas de olvidar y dejarme engullir por la inconsciencia, dejar de pensar, de recordar y revivir aquella pesadilla en mi mente una y otra vez.

Uno de ellos se dispuso a decir algo pero mi cuerpo se tenso, note ese frío tras la espalda y de nuevo esa descarga de energía que bajo directa atravesando mi cabeza y desaparecía por los pies. El rostro se me crispo y empecé a echarme hacía atrás hasta quedar apretada contra la pared. Diversas serpientes, escorpiones, cien pies y arañas venían directos hacía mí por encima de la cama. ¡Ahora sí que sería una histérica! Yo seguía ahí acorralada contra la pared, temblando deseando que se me tragase el cemento.

- ¡Quitadlas de ahí, quitadlas! ¡No! ¡Apartadlas! – grite.

Ellos se miraban sin entender nada.

- ¡Quitadlas maldita sea! ¡¿Es que no las veis?!

Yo di un respingo cuando una de esas víboras rozaba mi pierna con su lengua negra, empecé a intentar quitar esas cosas de la cama a golpes con el cojín. Los brazos de aquel chico volvieron a acogerme cuando iba a empezar a gritar y a colapsarme alejándome del lecho.

Grite cuando una serpiente salto con los colmillos extendidos directos hacía mí, grite y la mano de él se cerró contra el cuello de aquella cosa asquerosa aunque el resto seguían sin ver nada entre sus poderosas manos. Otra se enroscaba por su brazo y yo la tiré lejos estampándola contra la pared, entonces todos se levantaron de un brinco viendo esa cosa negra y asquerosa.

- ¡Serpientes!, asquerosas y sucias serpientes – medio sollocé y deje caer mi rostro en el ancho hombro de él, aún temblaba.

Despacio me soltó dejándome en el suelo, ya no había nada de nada, parpadeé entreabriendo los labios y le mire confusa ¡¿lo había imaginado todo, ya alucinaba?! Él negó con la cabeza.

- Lo que viste para ti era real – me miró estrechando los ojos.

- ¡Pero tú lo viste! Todos lo visteis, esa cosa… - señale la serpiente muerta - ¡Dios voy a volverme loca! ¡Y por favor sacadla de aquí! Grite histérica.

Empecé a andar por la habitación como un animal enjaulado, el pulso seguía disparado y me sorprendió cuando oí un golpe seco dentro de mí y un solo latido…

- Es hora de que regreses a mí meu Regina. No te resistas, entrégate no te resistas, me sientes en cada poro de tú piel, erizándote el bello… mi dulce Bely. En tus ojos puedo ver la inmensidad del cielo y las estrellas. Lo que oyes latir en tus oídos es mi corazón. Esti mia mica

Me sobresalte, la cabeza me dio vueltas y me quede sin aire al sentir un aliento sobre mis labios. Algo tiraba de mí con insistencia…

Aquel chico volvió a sostenerme por el codo y su tacto volvió a tener el mismo efecto en mí reactivando todo mi cuerpo que palpito.

- La llama – oí que decía uno.

Aturdida aún y con el pulso atronándome los oídos él me hizo sentar en la cama, yo me estire cerrando los ojos, estaba muy cansada… no podía luchar más… me rendí al sueño y aún así aquella voz seguía en mi cabeza repitiendo una y otra vez…

Iubitul meu si spinoase regina, sol meu meu luna ... ta este la putere, vino la mine ... Regina de toate, al tau e in bezna, foc, tiera, apa si aer. Toate ardera la picioarele tale. Esti in intuneric. Tu nu rezista mas

Cuando desperté lo hice sobresaltada, notaba el corazón intentando salírseme del pecho, acelerado, inquieto. Un sudor frío perlaba mi piel. Mat y Sager me miraron, estaban todos sentados alrededor de la mesa y parecían muy concentrados en su conversación.

- Ya estas despierta – dijo Mat más para los demás que para mí, me lanzo una botella de agua y yo la atrape bebiendo. Debía tener un aspecto horrible, me sentía empapada en sudor y tenía la ropa pegada. Tenía la piel helada. Todos guardaron silencio. Tape de nuevo la botella y les mire.

- ¿Qué significa Iubitul meu si spinoase regina, sol meu meu luna ... ta este la putere, vino la mine ... Regina de toate, al tau e in bezna, foc, tiera, apa si aer. Toate ardera la picioarele tale. Esti in intuneric?

Los dos chicos rubios miraron al moreno de ojos verdes que se repantingo en la silla apoyando la espalda en el respaldo de un modo demasiado tentador y clavo sus ojos en mí.

- Mi dulce y ardiente reina, mi sol, mi luna... tuyo es el poder, ven a mí... reina del todo, tuya es la oscuridad, fuego, tierra, agua y aire. Todo ardera a tú pies. Tú eres la oscuridad.

Trague como pude y baje de la cama para ir al baño, me refresque un poco y volví. No tenía ganas de hablar ni de nada, todo era demasiado irreal para ser cierto. Ni siquiera me habían presentado a toda esa gente. Suspire y me apoye de lado junto a la ventana apartando un poco la cortina para ver el exterior, estaba anocheciendo.

- Ochi de cer, capricioase si lucioase. Periculos ... dar foarte frumoasa. lumina si intuneric.

Desvié un instante la vista hacia aquel hombre, una luz argéntea parecía envolverlo en un aura oscura y misteriosa, sus labios carnosos eran una provocación. No entendía que había dicho ni si era bueno pero una oleada de pasión me subió por los pies y sentí mis mejillas arder.

Erion se materializo en medio de la sala e hizo una elegante inclinación de cabeza hacía mí. Yo le devolví el saludo y volví a dejar la vista perdida en el horizonte que se iba oscureciendo con sus tonos morados y rojos como el fuego. No sé porque pero notaba todas las miradas fijas en mis ojos. Suponía que por que el tono azul de estos cambiaba según mi estado de ánimo… los tenía muy claros y brillantes pero podían adoptar un tono neón intenso y oscurecerse más como un anochecer o un amanecer. Mis ojos grandes y expresivos resaltaban dentro de mi cara fina gracias a unas espesas pestañas negras y largas. La forma era algo lobuna porque parecía que los llevase perfilados, la piel pálida y el cabello azabache contribuían pues como digo a que fuese el rasgo más distintivo en mi rostro aparte de los labios.

Volví a suspirar otra vez y me gire apoyando la espalda en la pared con la vista perdida en el interior de la sala, como siempre la camiseta caía hacía el lado izquierdo dejando el hombro y medio brazo descubiertos. Creo que no era muy consciente de donde estaba, volvía a sentir como si estuviese colocada, era una sensación muy extraña, era como si estuviese allí sin estarlo. Yo no era nunca la protagonista de estas cosas imposibles, sólo las escribía… creía estar perdiendo la cabeza por momentos, me estaba rompiendo por dentro. La música llenaba la sala como una nana apaciguadora, empecé a tararear la letra de ese modo distraído de cuando uno no está realmente conectado con el mundo donde está. Me calmaba…

Algo malo ocurría conmigo, lo sabía… siempre lo había sabido… era una certeza. Y lo que ocurría era esa oscuridad que se enroscaba en mi corazón como la ponzoña, deseaba ser malvada, deseaba dejarme llevar por mis instintos, por esa maldad… no quería ser así, no quería se aquello. Hoy más que nunca sentía esa parte negra de mí pugnando por abrirse paso fuera de mí, como si mi cuerpo albergase a otro ser malévolo y peligroso, mortal. Hasta Mat lo había dicho. Todos tenemos un lado malo y perverso pero no era lo mismo, a mi me gustaba, amaba esas tinieblas que anidaban en mí, las alimentaba y nunca las dejaba salir salvo en mis libros donde no podían causar mal… en el papel era inofensivo, era sólo un personaje sobre el que derramaba parte de mi propia angustia y sufrimiento. Ahí mostraba parte de mí, quedaba plasmado como un retrato ¿pero quién iba a saberlo? Era sólo una novela, una ficción… pero ahí había mis sentimientos, mis vivencias, ideas… pensamientos, emociones…

Recordé una frase del día anterior y hasta parecía cierto, era como si yo hubiese dado vida a ese mundo imaginario, como si lo hubiese creado pero ya existía mucho antes de que yo empezase a escribir ¿sabrían ellos como me sentía? Odiaba sentirme así de confusa y perdida, indefensa… no lo soportaba. ¡Yo soy fuerte, yo soy agresiva, decidida! No tengo miedo… me repetí, no me detengo ante nada… lucho, seguí pero… ¿entonces que era todo eso que ataba mi estomago? ¿Estaría acaso muriendo? ¿Estaba enferma?

Noté vibrar esa oscuridad dentro de mí, cada vez más fuerte y pérfida, me gustaba el sabor de poder que dejaba en mi garganta, te hacía sentir poderosa, intocable casi invencible… era un subidón increíble, era algo inexplicable. Me estremecí de placer cuando otra oleada de aquella fuerza me recorría por dentro como un amante meticuloso. Ira, odio… violencia…matar, dominar, poder… sonaba tan bien en mi mente… y esa voz en mi cabeza…

Mi Reina, Mi reina, Mi dulce reina oscura…

¿Qué era yo? Me deje caer al suelo resbalando por la pared, mi cabello me siguió dando la sensación de abrir grietas en la pared anaranjada. ¿Qué soy yo? Volví a plantearme… nada bueno seguro, creía que era humana, quería ser humana… pero ahora tenía una salida, una explicación quizás más plausible para toda esa maldad que había en mí, por sentir esa atracción por las tinieblas, por lo oculto, por lo oscuro… y quizás fuese algo que no me gustase nada… no podía negarlo, aquella voz tenía razón, yo sabía lo que había dentro de mí. No quería ser aquello, no quería que esa… magia se adueñase de mí, quería seguir siendo yo, tenía que controlarlo, no podía imponerse. Pero ser perversa era tan fácil y atrayente… me estremecí de nuevo con un jadeo. Aquel poder era tan embriagador, era tan fácil dejarse llevar, dejar de resistir a su dominio, me llenaba con tanta fuerza… me hacía sentir que podía hacer todo cuanto quisiera, era casi como un Dios… eso debería bastar para aterrarme, pero no… me gustaba aún más, me tentaba, la idea, era tan atractiva y seductora…

Entonces esa vocecita interior abrió una brecha de luz… temblaba.

- Mat… - murmuré él se acuclillo frente a mí cogiéndome la mano, no debía tener muy buen aspecto. Me aparto el cabello de la cara echándolo a los lados y me levanto la cara para que le mirase. Los ojos me ardían al intentar contener el llanto, me mordí el labio inferior antes de volver a hablar, necesitaba fuerza para decir aquello – Mátame.

Él se quedo rígido, tanto que creí que se rompería, percibí el temblor en sus manos pero me empezó a acariciar y a estrujarme como a una niña pequeña. El labio inferior me tembló.

- Princesa… nena… ¿Por qué dices eso? No seas tonta, no pasa nada, todo estará bien, nos ocuparemos y no recordaras nada, quizás será lo mejor.

- No… no servirá de nada – le miré frunciendo el ceño en un mohín compungido - ¿Es que no lo ves? – sus manos seguían rodeando mi rostro, yo puse las mías sobre las suyas intentando apartarlas, no cedía – Mátame, acaba conmigo ahora que puedes, hazlo… no quiero ser ELLA, está dentro de mí, mátame por favor, no quiero ser esto. No puedo… líbrame de este mal, haz que termine esta oscuridad. Este…veneno está acabando conmigo.

- ¿De qué estás hablando mi niña? Cálmate Bel, está todo bien, no hay nada malo en ti.

- ¡No, no está bien! ¡Está muy mal! – sollocé y me levante furiosa deshaciéndome de él con cierta brusquedad, intento acercar una mano a mi mejilla y se la volví a apartar con violencia y fui hacía el otro extremo de la habitación. Quizás si estaba loca e histérica, fuera de control.

Él me miraba como si no fuera yo, con los ojos desorbitados y llenos de dolor.

- ¡Algo me está pasando y no sé que es! Quizás tengáis razón al fin y al cabo, ¡no sé qué coño soy o que hay dentro de mí pero no es normal…! – grite

- Bely tranquilízate….

- ¡No! – una punzada de dolor volvió a invadirme por completo y me apreté el vientre.

Me costaba respirar, hasta pensar era imposible… me apoye en la pared y fui hacía la cocina, estaba fuera de mí, desquiciada. Mat vino detrás, todos estaban de pie. Yo cogí un cuchillo de la cocina de la habitación.

- ¡Bely deja eso! No hagas tonterías ¡Bely! ¡Para! ¡No!

No le escuchaba, dirigí el filo a mi brazo e hice un corte, la sangre broto de la herida como si fuese una lagrima y al instante se cerró. Jadeé y agarre el mango con ambas manos justo cuando iba a clavármelo el cuchillo salió volando lejos, una fuerza increíble lo arrebato de mí mano, sentí la chispeante energía mágica que me lo arrebato. Grite y me deje caer de rodillas al suelo, ninguno de los que había allí tuvieron tiempo de hacer aquello, era algo oscuro…frío y atractivo a la vez…terrible, mortal. Terrorífico. Mire a Mat con los ojos como platos.

- No dejes que me lleven Mat. Por favor, no le dejes… vendrá a buscarme. Me quiere a mí, no quiero volver… – se me quebró la voz.

- ¿De qué estás hablando? – me levanto metiéndome entre sus brazos. Me revolví como una fiera

- ¡No lo sé! – grite golpeándole el pecho, él no me soltó hasta que me quede quieta, las lagrimas que tanto había intentado contener salían solas.

Me deje caer al suelo cogida a él y sentí como aquel sopor volvía a envolverme dejándome fuera de juego. Lo último que recuerdo es que alguien me dejaba sobre la cama y unas voces hablando, tras eso todo fue silencio.

- ¿Qué creéis?

- Hay una forma de saberlo…

- No creo que sea la mejor opción…

- ¿Entonces qué opinas tú?

Al despertar no recordaba absolutamente nada de lo que había pasado antes, yo era la misma chica que llego el día anterior, completamente normal y humana y por supuesto, yo no entendía la reacción aturdida de alguno de ellos, tampoco me importaba. Era como si me hubiese ido a dormir y acabase de despertarme salvo por la masacre de ahí abajo…

El chico guapo y Erion estaban hablando en la salita entre susurros y pese a todo, parecían discutir acaloradamente.

- ¿Tienes hambre nena? – me pregunto Mat con su sonrisa habitual.

- Sí.

- Pediremos que nos suban algo. Bely… creo que aún no he hecho las presentaciones convenientes…

Yo me levante de la cama y descruce los brazos dejando mis manos en las caderas.

- Él es Kylian, un alto elfo.

El chico de largo pelo rubio y tez pálida hizo una reverencia impoluta, tenía unas largas y puntiagudas orejas y era realmente bello, delgado y grácil.

- A su servicio Floarea dulce de no apte (flor nocturna) – su mano sostuvo la mía con tal suavidad y elegancia que realmente creí que ni me había tocado – Nuestra dama celestial sin duda te ha bendecido. Eres como un rayo de luna mi dulce estrella Esti ca o raza de luna.

Me quede sin palabras mientras otro de ellos se ponía frente a mí, me cogió la mano e hizo un extraño gesto con los dedos.

- Soy Omar el sombrío mi señora. Mago de la primera casa y segundo del conclave.

Asentí mirando sus ojos color miel y él me soltó la mano dejando sitio a otro.

- Etiene – hinco una rodilla en el suelo el otro, su pelo era corto de color bronce y lo llevaba de punta, era tan atractivo y magnético… - Príncipe de los licántropos – sus ojos dorados me atraparon dejándome sin aire y me quede paralizada cuando acerco su rostro al hueco de mi cuello y aspiro mi aroma – Es un placer – sus ojos brillaron un instante y se aparto.

- A Sager ya lo conoces, y a Erion también – dijo señalando a aquel hombre de largos y oscuros cabellos que salía de la salita en dirección a nosotros.

El estomago se me encogió al ver salir al otro, por fin iba a conocer almenos su nombre…

- Él es Adriene.

Su nombre sonó dulce en mís oídos cuando lo repetí en silencio, era como música.

- ¡Ah! Y ella es Leen – sonrió sirviéndose una copa de coñac a la vez que una preciosa chica emergía de las sombras, su pelo entre castaño rojizo caía en una cascada de rizos por su espalda, era tan perfecta que me sentí diminuta a su lado. Era preciosa y su sonrisa derretiría hasta un tempano de hielo.

- Encantada – dijo ella sentándose en la silla con una risita que me recordaba a la de un duendecillo travieso, parecía tan liviana como una pluma.

Yo volví a estudiarlos uno por uno, seria, casi cohibida, era la única humana allí… lo que no tenía nada claro era que se suponía que era Adriene… Sagen no dejaba de ser una especie de clérigo o paladín pero él…

Erion hizo un gesto con la mano y yo lo seguí sentándome a la mesa, el resto tomo entonces asiento, no me cabía duda de que aquel hombre debía ser un maestro vampiro y muy poderoso… no comprendía nada y él modo en que me miraba… parecía entristecerle.

Trajeron la comida y yo devoré tres bandejas hasta quedar bien satisfecha, suspiré al terminar llevándome la mano al estomago y me apoye en el respaldo con una sonrisa. Me sentí de mejor humor con el estomago lleno.

- ¿Cómo te sientes Bely? – me pregunto Erion.

- Bien, un poco desubicada pero bien.

- Voy a pedirte una cosa – clavo sus penetrantes ojos en los míos, enseguida me quede ahí atrapada, no podía apartar los míos de los suyos asentí, no podía apenas oponer resistencia era algo tan… indescriptible lo que me estaba haciendo sentir… debía estar doblegando mi voluntad o vete tú a saber… ¿realmente que sabía yo de los poderes de los vampiros? – Levántate.

Bueno, hasta ahí no le vi ningún problema así que obedecí tras echar una ojeada a Mat que asintió. Erion enarco levemente una ceja, parecía incapaz de creer que me pudiera resistir mínimamente a lo que estaba haciendo y os juro que era muy placentero… perturbador. Le sentí casi dentro de mí, deslizándose por mi piel de un modo erótico y electrificante. Casi como si estuviese haciéndome el amor…

Él también se levanto y se acerco a mí, extendió su brazo y puso su palma en mi mejilla, di un paso atrás pero su mano se deslizo desde mi mentón y mi mejilla hasta mi nuca, me quede inmóvil. Levanto el brazo libre y extendió dos dedos que se posaron bajo la base de mi cuello. Poco a poco fueron descendiendo hasta mi vientre hasta cerrarse en mi cintura. Creo que de mi garganta salió un sonido apagado porque me mordí el labio. Él me sonrió con los ojos aún fijos en los míos.

- Relájate, no voy a hacerte daño Bely, déjate ir – susurró con esa voz seductora y convincente.

Mi cuerpo obedeció la orden encerrada en sus palabras, los músculos se relajaron y un cosquilleo ascendió por mis piernas así como una sensación de plenitud y éxtasis. No sé cómo pero cuando me quise dar cuenta mi espalda estaba arqueada sobre su brazo y él estaba inclinado sobre mí, sentí el roce de sus labios en mi cuello. Su mano estaba aferrada alrededor de mi cuello y sus colmillos afilados peligrosamente cerca de mí yugular, me asfixiaba. Ya esta… iba a morir pensé… trague y tras esto llego una suave y excitante punzada. Me estremecí y no pude evitar un quedo gemido cuando succionó. Era algo parecido y más placentero que el sexo. Mucho más profundo e intenso. Me sentí febril y ansiosa, deseaba cada vez más de él. La cabeza me rodo y de pronto me vi inmersa en él, en su mente… veía retazos de recuerdos de su vida, las imágenes llegaban borrosas y se iban aclarando a medida que mi sangre iba fluyendo por su cuerpo, me sentí mareada y débil. La luz desapareció un instante y deje de ser yo para ser Erion. Lo que sentí me dejo paralizada.

Hambre, sólo había hambre punzante y atroz, el deseo irracional de la sed implacable e impertinente. Esa necesidad básica y apremiante me atenazaba con sus garras. Estaba hambriento, no podía soportarlo más, esa sensación estaba empezando a cegarme y a dominar mi juicio realzando aún más mis ya agudizados instintos de depredador.

Sentí mis colmillos dolorosamente afilados y un rugido amenazando con salir de mi garganta, ese olor…

Ese olor me estaba enloqueciendo, sangre… dulce y deliciosa… la cadencia de ese corazón me llamaba, oía su bombear rítmico y la sangre distribuirse por las venas. Me agazape entre las sombras aunque mi presa no podía verme y salte sobre mí víctima sin estudiarla previamente. Justo cuando iba a atacar ella se giro.

Una sacudida parecida a una descarga eléctrica me paralizo, caí al suelo mirándola completamente inmóvil. No fue su absoluta belleza lo que me golpeo como un martillo sino que fueron sus ojos… la profunda tristeza que había en ellos, en ese mar azul chillón. Fue algo muy extraño…

Parecía decirme claramente que me acercase, que me conocía, me invitaba, buscaba la muerte. Esa diosa se estaba entregando a mí sin sacrificio alguno y ni siquiera doblegué su voluntad. Apreté los dientes obligando a mis colmillos a acortarse y me desvanecí en el aire. Una vez lejos corrí por las calles y volví a elevarme sobre el cielo. No pare hasta llegar a nuestro “nido”

- Erion ¿Qué sucede? – la voz de Azur resonó en la cueva antes de que se dejase ver – Necesitas alimentarte hermano.

- ¡No pude! – dije aún en estado de shock – Se giro y…

Azur frunció el ceño y miro en mi mente al ver la agitación que me embargaba, jadeaba respirando de forma precipitada.

- La has dejado ir… sabe que somos Erion – dijo sin ánimo de sermonearme ni reprocharme nada.

- No dirá nada, nadie creerá a una sola chica si no quiere que la tilden de loca. Parecía muy sola…

- Una sola persona es suficiente para ponernos en peligro Erion.

- Lo sé – suspiré

- No tardaran en enterarse e irán a por ella, para acabar lo que tú no has terminado.

- ¡No!

- Vaya, vaya… ¿Por qué no? Tengo curiosidad – entro en la gruta Oberón.

- Oh vamos… es sólo una chica, es inofensiva – proteste sacándole importancia – Si abre la boca la llevaran al loquero.

- Los cazadores se enterarían.

Bufe apoyando la espalda en la roca a la vez que pateaba una piedrecita.

- Tienes un aspecto lamentable Erion, aliméntate – se mordió la muñeca Azur tendiéndome su brazo.

Yo obedecí agradeciéndole el gesto.

- El mundo está cambiando, hace nada los vampiros no éramos más que bestias dominadas por nuestra oscuridad e instintos más bajos. Exterminándonos a la mínima y ahora nos estamos juntando bajo el mandato de ELLOS… increíble. Ver para creer – se recostó en una repisa Oberón – Y ahora tú no puedes comerte a una jovencita – Rió volviendo a recuperar el hilo de sus pensamientos - Pero tienen razón, la unidad da el poder, me alegra que al fin hayan visto la luz y usasen la cabeza para algo.

- No empieces con tu filosofía barata Oberón, no creo para nada que te hayas redimido y seas un ser… “bueno”, somos mezquinos y crueles – lo mire airado.

- Erion, Erion, Erion… siempre compadeciéndote, soy un monstruo, debería estar muerto, bla, bla, bla… eres poderoso amigo, eres increíblemente perfecto, bello.

- Una máquina de matar.

- El cazador te hirió y escapo al final y encima no has sido capaz de alimentarte como es debido, nunca nadie te ha vencido ni te ha hecho un solo rasguño y esta noche te han abatido dos veces. Azur no va a estar siempre a tu lado haciéndote de niñera querido.

- Curioso trío sin duda – se burlo Azur cerrando las heridas de mis colmillos en su piel.

- Aún así… esa chica me ha llenado de curiosidad… es muy bella para ser una simple humana y esa mirada en alguien tan joven – siguió Oberón – Te dejo paralizado.

- No esperaba eso.

- Desconcertante sí, era como si supiese que estabas allí, de hecho diría que te buscaba, buscaba lo que encarnamos, muerte andante y bella. Sólo le faltaba ladear la cabeza mostrándote su terso y cálido cuello. Pero yo he visto algo más amigo mío a través de tus ojos. Esa joven tenía marcas de unos colmillos en su muñeca.

- ¿Una esclava? – levanto la ceja Azur.

- Inquietante ¿No? Pero diría que es más que eso – sonrió malicioso Oberón - Bueno, aún no se han implantado las normas que han de regir nuestra comunidad, será difícil ponerse de acuerdo y que se acaten sin incidentes. Pero lo harán… el miedo es un arma de doble filo al igual que el poder y ELLOS son el poder.

- Entonces sólo confirma lo que dije, que no dirá nada a nadie.

Deje escapar un siseo amenazante y sordo de mi garganta cuando Oberón iba a añadir algo más y cerré los ojos. En mi mente aún veía su intensa mirada azul, su tristeza me traspaso el alma si es que la tenía. Su rostro era un ovalo perfecto, suave, dulce. Sus labios tenían una forma preciosa, definida, sensual… sus dientes blancos brillaron entre sus labios rosados entre abiertos. Era voluptuosa, sexy… demasiado hermosa para ser real. Sus curvas y ese cuerpo tan femenino me subyugaron, me fascino su forma, la gracia y elegancia de sus movimientos, era sensual. Su piel parecía tan tersa, suave, blanda… me robo el aliento, cautivándome irremediablemente… parecía tan frágil, vulnerable… desprotegida. Parecía una muñeca rota, una niña desamparada y abandonada a un cruel destino. Condenada a una vida horrible, vi el infierno brillar en el fondo de sus ojos suplicantes confiriendo un aspecto salvaje y endurecido a su dulce rostro. Unos ojos que reflejaban su rendición, su abatimiento, no podía soportarlo más, quería acabar con todo. Sufría de un modo inexplicable y sólo podía preguntarme qué tipo de infierno había podido sufrir tan tierna criatura. Era dulce, preciosa… ¿Qué clase de monstruo podía haber torturado a esa niña?

Realmente todo aquello me desconcertaba pero cada vez me sumergía más en ese instante de la vida de Erion, él y yo volvíamos a ser uno...

La noche volvió a darme la bienvenida al día siguiente con un cielo tachonado de estrellas, la oscuridad era nuestra aliada pero no nuestra dueña, no estábamos esclavizados a escondernos de día, pero a nosotros aún nos gustaba más su manto suave y oscuro. Era más fácil pasar desapercibido entre la gente y a mí me encantaba la noche, aún me robaba el aliento y me dejaba cegado con su belleza, había magia durante esas horas de sueño y descanso para los mortales.

Me obligué a ponerme en marcha y anduve por las calles, sabía lo que buscaba y no pararía hasta encontrarla para poder dejar de obsesionarme con esos ojos. La encontré a la tercera noche y desde entonces me convertí en un silencioso observador, pero esa nueva noche no estaba solo, sabía que Azur y Oberón me vigilaban a mí, querían que lo olvidase, que me la sacase de la cabeza pero no podía… las imágenes de su vida me torturaban día y noche como ácido y aún no tenía decidido nada, no sabía siquiera si haría algo. Pero inexplicablemente quería que formase parte de mí en la misma medida que me aterraba esa “condena”

Me agazape en el tejado y me camufle entre las sombras, allí estaba. La vi dejarse caer apoyada sobre la pared, tenía los brazos lacios a ambos lados del cuerpo y la mirada perdida, vidriosa. Olí la droga circular por su sangre y no tarde en descubrir la jeringuilla en el suelo.

El tipejo que había sentado en el portal la recogió y la metió en una bolsa que arrojo al container de aquel sucio y dantesco callejón de mala muerte. El pañuelo que antes llevaba al cuello caía entrelazado en su brazo izquierdo. El camello ya volvía a estar frente a ella y oprimió sus pechos torpemente por encima del corpiño manoseándola. Ella giro la cara y le dejo hacer, no tenía fuerza para nada más mientras aquel hombre seguía sobando su cuerpo, se había rendido y cansada de luchar ahora sólo procuraba sobrevivir, resignada.

- Este va a ser un buen pago sin duda… pero otra vez trae pasta nena.

Ella no se movió, el hombre deslizo sus manos negruzcas bajo su falda mientras intentaba bajarse los pantalones a la vez que cogía el rostro de la chica apretándole el mentón para que volviese la cara hacía el. Paso su áspero dedo por sus labios de querubín y sonrió satisfecho.

- Si… eres una preciosidad.

Un gruñido empezó a formarse en mi garganta, estaba a punto de saltar cuando Azur me detuvo poniendo su mano en mi hombro, apreté los dientes y espere como pedía. Oberón se situó a mi otro flanco.

El tipejo deslizo su vasta lengua desde la base del cuello de ella hasta su mejilla, ella había vuelto a girar la cara, le separo las piernas y saco el filo de la navaja de la vaina. Apoyó el acero en su muslo y lo deslizo hacía arriba buscando rasgar la tira de su ropa interior. Vi un estremecimiento en su perfecto cuerpo, se mordió el labio inferior y cerró los puños. Una lagrima resbalo furtiva por el lado del rostro que quedaba oculto en la oscuridad.

No hubo más, ya estaba tras la espalda de ese despojo humano, lo agarré del cuello y lo lance contra la pared opuesta, su espalda crujió y cayo como a cámara lenta sobre el suelo tal y como sí fuese un saco. Luego éramos nosotros los monstruos depravados y malvados… lo dudaba.

Ella dio un respingo llevándose una mano a los labios, su corazón latía a un ritmo frenético, sus grandes y hermosos ojos aún relucían por las lágrimas bajo sus largas pestañas negras, tan negras como su pelo liso y despeinado. Las piernas le flaquearon y se dejo caer un poco apoyada en la pared que arañaba su espalda. Iba a sostenerla cuando oí unos pasos correr hacía el callejón y me convertí en vapor volviendo al tejado junto a mis compañeros.

El hombre que entro bufo al ver al otro en el suelo y lo pateo. Si el golpe no lo había matado aún quizás ese lo hiciese.

- ¡Imbécil! Este es mi barrio y esa mi chica, la mercancía se paga – bufo girándose hacía ella que se había erguido de golpe. El labio inferior le tembló de un modo imperceptible – Estúpida – la sujeto de la nuca con violencia zarandeándola - ¡No vuelvas a largarte así! ¡Me perteneces y aún me debes lo de ayer! – la lanzo al suelo.

Ella alzó la cara mirándolo desafiante, sus ojos brillaban airados, la abofeteó, la sangre resbalo de la comisura de sus labios pero ella volvió a levantar despacio la cara mirándolo de igual modo.

- ¡Andando! Si querías ponerte ya te lo hubiera procurado yo pero eso tiene un plus – la levanto con brusquedad - ¡Muévete! ¡Tengo clientes esperando! – la empujo lanzándola hacía la figura de otro hombre – El dinero – le dijo a este.

El otro pareció examinar la mercancía y le tendió un fajo de billetes. El chulo conto el importe y sonrió satisfecho.

- Siempre es un placer hacer negocios con vosotros. Disfrutadla, es una delicia. No querréis probar otra – rió – Se buena – dijo y guardándose el dinero salió del callejón.

Ella intento sacudir el brazo para que la soltase pero este no lo hizo girándola de modo que quedo de espaldas a él, le hizo apoyar las manos en la pared y arquear la espalda. Sus manos recorrieron la suave piel de sus muslos. El hombre miró hacía un hueco del callejón e hizo una seña a alguien. Nuestros cuerpos se tensaron al reconocer que lo que se acercaba no era humano… esta vez ellos fueron más rápidos que yo y me sujetaron de forma tenaz, no podía soltarme de sus garras.

El vampiro movió un dedo y la chica se aparto de la pared girándose cara a él que sonrió malévolo, puso un dedo bajo su barbilla y la miro. Cogió un mechón de su pelo y lo olio entrecerrando los ojos complacido.

Probé a librarme de Azur y Oberón pero no cedieron, fue horrible ver lo que le hacían, forzándola una y otra vez. Tenía que impedir aquello, tenía que hacerlo. ¡¿Por qué demonios no me soltaban?! ¡¿Porque no sentían ellos lo mismo?!

El vampiro la tenía sobre él de espaldas a horcajadas y la obligaba a moverse sobre su miembro que la ensartaba con violencia. Se levanto y la puso contra la pared, como si fuera un cacheo y siguió violándola. Ella ocultaba su rostro entre el cabello, notaba su dolor. Era como si se estuviera rompiendo, poco a poco se iba desprendiendo de todo, vaciándose como queriendo escapar de ese cuerpo, su mirada perdida lo confirmaba, su alma y su mente estaban muy lejos de allí conteniendo un grito desgarrador. Aquel ser parecía querer partirla en dos, humillarla. Quería su dolor, su pena… su miedo y su frustración. El otro sólo miraba, no podía volver a tomarla tan pronto, era humano.

El vampiro se dejo caer al suelo con ella envistiéndola sin parar, ella procuro no emitir ningún sonido cuando sus colmillos se hundieron en la carne del cuello y su pecho. La tenía cogida por la nuca y había girado su rostro para poder verle la cara. Disfrutaba con eso, estaba llorando.

No pude más, estalle. Todo fue rápido y limpio. Matar al humano fue extremadamente fácil, deshacerme de ese monstruo no lo fue tanto pero lo disfrute como nunca… aplastar su negro corazón y quemarlo me produjo una satisfacción increíble, aún así la ira y el desprecio por aquella masa ennegrecida parecía no remitir. Tendí la mano hacía ella, sus ojos estaban fijo en mí y algo me ardió dentro de un modo feroz, voraz. Me consumía a un ritmo imposible electrificando todas mis terminaciones.

Alargo su mano trémula y yo la cogí levantándola con facilidad de un suave tirón, ahogo un sollozo y miro los tres cuerpos que había esparcidos en el callejón. Azur y Oberón aparecieron a mis lados, Oberón estaba enfadado y nervioso, las heridas de ella sangraban… y su olor era un delirio, era un olor más delicioso y turbador de lo que jamás hubieran creído. Yo limpie sus lágrimas en silencio.

Sin decir nada aún la atraje hacía mí y la hice dormir, su cuerpo se doblo hacía atrás y yo la cogí entre mis brazos, me eleve en el aire y volé hacía nuestro lugar de descanso.

- ¡Erion!, ¡¿pero qué haces, te has vuelto loco?! – rugió furiosa la voz de Oberón - ¡Acabas de cargarte a uno de los nuestros!

- Ese no era uno de los nuestros, era un monstruo.

- Erion ¿sabes lo que has hecho? Te has convertido en cazador – me dijo la voz tranquila y paternal de Azur.

- Que decidan ELLOS, no me importa.

- ELLOS están de acuerdo con tus actos – dijo de pronto una voz en el momento en que ponía los pies en la cueva.

Varios hombres salieron a la luz, todos antiguos y poderosos vampiros. Oberón y Azur hicieron la inclinación correspondiente.

- Disculpad que no os reverencie – dije irónico sin soltar la “carga” que tenía entre los brazos.

- Tu sitio está con nosotros Erion – suspiro Baldes

- Ya hablamos de eso.

- Si… cierto, si nunca cambias de opinión… - dejo caer como si nada – No te inquietes Oberón, tu joven hermano ha hecho lo correcto, individuos así no nos hacen ningún bien.

- No olvides cual es nuestro objetivo – añadió Solen.

- ¿Y qué os trae aquí? – les corte

- Tú. Nos mandaste una imagen inquietante. ¿Es ella?

- Sí.

Baldes se acerco un poco y retrocedió con un siseó.

- Esta sangrando – dijo con voz ronca - ¿No te afecta?

- Puedo resistirlo.

- Interesante… así que podemos vivir realmente entre ellos. Aunque no les exime del peligro.

- Déjala ahí hijo. La sanaré – dijo Lucio.

Yo obedecí y dejé que él la curase aunque sólo fuese físicamente, otras heridas nunca se cerrarían, su alma nunca se recuperaría del todo.

- ¿Por qué os interesó? – hablo Azur tras estudiar la situación.

- Porque había rumores… nunca creímos que nosotros pudiéramos… sentir de esa manera. Así como ellos. Somos tan viejos… – señalo a la chica Solen

Las heridas de ella sanaron enseguida y Solen chasqueo los dedos para romper el sueño. La chica abrió los ojos despacio, parpadeo confusa y se llevo la mano a la frente tras sentarse encogiéndose. No soportaba su cuerpo, no se quería a sí misma. Entre en su mente, había intentado huir más de una vez, había intentado librarse de aquella vida pero siempre la encontraban y cada vez era peor. Estaba perdida, sola…destrozada y cansada, nada tenía sentido salvo… desaparecer. Ya todos sus esfuerzos por sobrevivir parecían en vano, estaba harta de luchar.

- ¿Cómo te llamas pequeña? – se agacho Baldes.

- Eri – murmuró.

Su voz era tan dulce y cristalina como toda ella, suave, delicada, sensual…

- ¿Tienes donde ir? – le pregunto.

Ella lo miro sin comprender y se llevo el puño al pecho recordando… la realidad de lo sucedido la golpeo con toda su crudeza, él estaba muerto y los otros también, era libre… ¿La buscaría alguien más? ¿Podría realmente ser cierto? Le falto el aire un instante y luego negó con la cabeza frunciendo los labios, sentía las lagrimas golpear tras sus ojos amenazando con liberarse. No quería llorar.

Solen y Baldes me miraron, yo solo tenía ojos para ella que seguía desconcertada, temía darme las gracias por que ni ella aún tenía claro que pasaba. No asimilaba aún lo que había pasado. Estaba aterrada por lo que parecía avecinarse, por poder entrever una brecha en el futuro, una posibilidad que había dado por perdida y aún así… estaba avergonzada ¡pero si ella no había hecho nada! ¡Todos esos malnacidos la habían torturado y maltratado hasta la saciedad! Hasta despojarla de todo lo bueno y hermoso de la vida, hasta quitarle todo lo que tenía, su vida, sus sueños, su felicidad. No quedaba nada de aquella niña. Ni recordaba si había sido feliz e inocente alguna vez… siempre la rodeo la oscuridad porque ella era la luz. Y aún seguía creyendo que hoy… por fin moriría.

A pesar de que ya nadie la prostituiría seguía sintiéndose sucia, impura… podía verla aún en la mente debajo de la ducha, temblando y llorando mientras se frotaba la piel hasta dejarla en carne viva. En sus ojos siempre llevaría la historia de los que viven en la calle, de quien sólo conoce el dolor.

- ¿Qué queréis? – su voz sonó firme en contraste con sus ojos que se movieron nerviosos sobre nosotros. Su cuerpo se tensó esperando la respuesta.

Ella conocía bien el poder de nuestra voz aterciopelada, sabía que podíamos controlarla, que podíamos hacerla olvidar y ella no quería olvidar a pesar de todo.

- Nada.

- Nada – repitió con escepticismo.

Para ella estaba claro que nadie daba nada a cambio de nada.

- ¿Así, sin más? – insistió

Solen asintió, ella parpadeo confusa y sacudió la cabeza. Parecía tan desvalida. No había conocido nunca nada bueno y eso la asustaba aún más porque solo conocía ese mundo hostil y frío.

Sus ojos buscaron de nuevo los míos provocándome un nuevo salto mortal, todo dentro de mí se agito, sólo deseaba abrazarla y cobijarla…borrar la tristeza de sus ojos.

Ella se preguntaba por qué no acabamos con ella, no lo entendía y seguía mirándome conteniendo el aliento, era como si esperase que dijese algo o que le arrebatase de una vez la vida.

Me limite a tenderle la mano, no sabía que decir, su dolor aún me traspasaba al igual que esas imágenes horrendas. Ella cogió mi mano y la levante con facilidad y la lleve hacía dentro de la cueva, allí había un estanque, ella asintió intentando esbozar una leve sonrisa y la deje aparentemente sola por que no podía dejar de mirarla, su piel relucía como miles de diamantes a causa del agua, era tan bella…

Ella miro la oscuridad donde me ocultaba como si supiera que estaba allí y bajo la cabeza con esa mezcla de vergüenza y resignación, fue un gesto tan dulce pero tan triste…

Una vez limpia se puso la ropa que Baldes le facilito quemando la otra.

- Estas hambriento… - me dijo ella mirándome fijamente.

Seguíamos solos en aquel rincón privado de la cueva, bajo de nuevo el rostro y avanzo hacía mí mirándome a los ojos. Una vez frente a mí se detuvo y se aparto el pelo hacía un lado exponiendo su terso cuello, su pulso palpitaba con fuerza allí.

- Es lo menos que puedo hacer – murmuró.

- No, no podría detenerme.

- No importaría mucho.

- No he hecho esto para matarte. No quiero matarte – repetí.

Ella fijo sus ojos en los míos de nuevo, no tenía miedo, seguía invitándome… era una tentación irresistible, mi ser rugía de ansia deseando probar su sangre pero vi algo más… confiaba en mí, no le importaba si acababa matándola, creía que eso no sería una perdida para el mundo. Y a pesar de todo estaba segura de que no la mataría. Lo único que no quería es que la hiciese como yo, no soportaría la eternidad si debía seguir con esa vida infernal. Pero ahora podía empezar de nuevo… todo sería distinto, la vida podía seguir para ella, podía ser algo hermoso, tenía que serlo por fuerza. El mundo no podía ser siempre un sitio horrible, había cosas bellas…

- Es todo lo que tengo, no puedo ofrecerte mucho – susurró – No entiendo porque me ayudaste pero quiero hacer esto por ti, lo necesitas. No me harás daño.

Puse mi mano sobre su hombro mirándola fijamente y me acerque a ella, su piel se estremeció con mi contacto. Oía el latido acelerado de su corazón que se disparo cuando acerque mis labios al hueco suave de su cuello. Se estremeció de nuevo cuando rocé su piel cálida, parecía seda… la cogí de la cintura con la otra mano y deje que mis colmillos se alargaran y se hundieran en la carne frágil, gimió estremeciéndose, su pulso se disparo con esa cadencia frenética y embriagadora…. Una descarga de energía me atravesó como un rayo, un torrente de adrenalina me invadió, el sabor de su sangre hincho cada átomo de mi ser haciéndome temblar, un éxtasis imposible de describir se adueño de mí. Su sangre era peor que una droga, dulce… sabrosa… oí el ritmo aceleradísimo de su pulso y afloje la presión que ejercía sobre su cuerpo que aferraba contra el mío. Eri jadeó, la cadencia de su corazón redoblando como un tambor era enloquecedor, apreté los ojos, tenía que parar, tenía que hacerlo…gemí con un estremecimiento de placer y cerré las incisiones con mi saliva curativa. Casi estaba mareado… por aquella sensación tan exuberante, jamás había sentido nada igual. Su sangre corría ardiente por mis venas con una fuerza y una vida inconmensurables, me sentí… poderoso. Había fuego líquido recorriéndome interiormente por completo.

La sostuve de la cintura con suavidad para que no se tambalease por la pérdida de sangre y la hice sentarse en un saliente.

- ¿Te sientes bien? – le pregunte apartando el pelo húmedo de su rostro.

- Sí, enseguida se me pasará – sonrió con tristeza – Estoy acostumbrada.

- No debí.

- Fui yo quién te lo pedí. No pasa nada.

Se hizo un profundo silencio hasta que ella volvió a romperlo.

- Me estuviste siguiendo… ¿Por qué? No soy nada.

- Tus ojos… tu dolor…

- Atraigo los problemas como un faro… lamento que hayas visto… mi… - busco las palabras adecuadas – vida.

- Nadie debería pasar por eso. Debería haber hecho algo antes.

- ¿Por qué, para qué? No le importa a nadie. Has hecho más que todos, no es culpa tuya.

- Ni tuya.

- No soy buena Erión – dijo con un hilo de voz, no recordaba haberle dicho mi nombre, ella sonrió, su sonrisa era algo increíble a pesar de la tristeza, el estomago me cosquilleó como si tuviese mariposas revoloteando ahí dentro.

- Eso es una estupidez. No creas esas cosas que te decían, eres luz Eri. No dejes que menoscaben tu personalidad.

- Gracias – la voz se le quebró y vi lágrimas en sus ojos que desecho a toda prisa. Y volvió a mirarme – Mi sangre te llama ¿verdad?

- Sí…

- El otro día…

- Iba dispuesto a alimentarme de ti, a matarte.

- ¿Por qué no lo hiciste?

- Tus ojos… no pude. Ya te lo dije.

Ella puso los ojos en blanco y sonrió moviendo la cabeza negativamente.

- Debiste hacerlo – suspiro - De todos los vampiros que debe haber en el mundo tiene que tocarme el que tiene conciencia – bromeó

- ¿Tantas ganas de morir tienes?

Eri extendió los brazos a ambos lados.

- Vamos… ya has visto mi espectacular vida. ¿Para qué seguir? Hubo un tiempo en que sí creí que todo podía cambiar, mejorar… que el mundo podía ser un lugar hermoso en el que vivir… pero los años van pasando… y lo único que veo es como cada día los hombres nos destruimos un poco más. Yo no estoy hecha para ese mundo bonito… ya no – sonrió con esfuerzo, como si le divirtiese su reflexión.

Solté un bufido y clave mis ojos en ella. Verla sonreír era algo maravilloso, Eri era tan sencilla y sincera. Fresca, dulce… con un sentido del humor algo negro.

- Puedes cambiarla ahora – me encogí de hombros – Pero no confíes en mí Eri.

- No lo hago, no me fío de nadie – dijo levantando la barbilla, no había miedo en ella – Aunque probase a intentar tener una vida… ¿Cómo iba a hacerlo? Siempre seré la pieza que no encaja en la sociedad… - el dolor se filtraba en su voz con resignación, estaba dispuesta a intentarlo, pero tenía razón… siempre habría un muro delante de ella, había sufrido demasiado y siempre habría alguien que supiese quién había sido - ¿Cómo lo haces? – me miro - ¿Cómo puedes seguir adelante cada día?

Yo me había empeñado en que tenía que salir a delante y que ella tenía que vivir. Su pregunta me pillo desprevenido.

- Es decir… ¿cómo puedes vivir con esto?…¿no te vuelves loco? ¿Cómo puedes vivir con este mal que te rodea? Vosotros veís pasar siglos, todo cambia a vuestro alrededor… la gente que quizás conozcáis muere y desaparece… ha de ser algo tan…. – se interrumpió – No se… debéis tener un fuerza de voluntad increíble – bajo la cabeza.

Para ella nuestra vida parecía ser algo horrible, un sacrificio diario, deprimente y tedioso… o esa es la sensación que me daba.

- Quizás porque nosotros formamos parte de ese mal - dije dándome cuenta de que a ella no se le escapaba que no había contestado.

Empecé a caer en picado, notaba como caía y me hundía en la oscuridad, la presión del cuello se interrumpió y la conexión desapareció dejándome desamparada y necesitada… frustrada. Cuando se aparto de mí me tambaleé y quede sentada en el sofá donde él me depositó. Las piernas aún me temblaban, no podía reaccionar… ¡¿me había usado de canapé?! ¡Y todo lo que vi! ¡Dios… esa chica se parecía bastante a mí físicamente! ¡Demasiado! ¡Bien podría haber sido una antepasada mía! Quizás por eso veía esa pena y ese deseo en sus ojos, sus recuerdos afloraban cada vez que me miraba, pude sentir su furia, su pena, su deseo… todo lo que Erion sentía por esa chiquilla… yo se la recordaba, se me encogió el corazón.

Mat me cogió la cara por la barbilla y se aseguro de que estuviese bien y miro al vampiro al igual que lo hicieron los demás.

- Nada… sólo algunos retazos de su vida y oscuridad – parecía aturdido, su cuerpo se estremeció también en una especie de espasmo y frunció el ceño. Fue como si un relámpago lo azotase - No se… – tomo asiento haciendo un gesto negativo a los demás.

Estaba realmente confundido y turbado al igual que yo seguía igual de aturdida y sonrojada por el calor palpitante que bullía en la parte inferior de mí cuerpo.

- ¿Pero porque has hecho eso? – conseguí jadear.

- Buscaba respuestas.

- Pues haberlas pedido. Creía que podías leer mi mente – dije atribulada y algo molesta, no me gustaba que hicieran ese tipo de cosas sin mi consentimiento o usando truquitos….

- Hay cosas que no se guardan en la mente Bely. Aún así… es complicado ver en ti. Mucho.

Le mire en silencio, su hermoso rostro atemporal parecía cansado. Él sabía lo que yo había visto y vivido con él, habíamos compartido un nexo y me incomodo en cierto modo aquella intimidad.

Yo no podía ni imaginar lo que debía ser vivir siglos enteros… ver pasar era tras era mientras todo queda atrás y muere. Tenía que ser horrible ver como el tiempo te elude mientras todo alrededor cambia. ¿Cómo no teníamos que creer la gente normal en ese ideal romántico de ellos? No todo el mundo servía para aquello, él era tan fuerte, tenía tanta fuerza de voluntad…

El sufrimiento, la pena… la soledad y la locura eran inevitables, buscar compañía era muy lógico… vivir eternamente y sólo… “condenado” siendo el malo sin serlo… uf. No podía más que mirarlo y asombrarme de lo increíble que era aquel hombre. Fuerte, sabio…sereno, inalcanzable…. Pero es que además, parecían solitarios.

Él me sonrió levemente y se removió un tanto en su asiento, tenía que procurar de ahora en adelante mirar de no pensar tanto o no hacer este tipo de reflexiones mientras estuviera con ellos… no quería que ahora todos mis pensamientos quedasen al descubierto además… si sabía eso… sabía cómo me hacían sentir. La verdad… no era muy agradable pensar que todos aquellos hombres supiesen lo mucho que deseaba ciertas cosas… puramente físicas y que me estaba volviendo loca ¡eso tampoco era un buen aliciente, no señor!

- ¡Deja de pensar! - Me reprendí a mi misma en silencio poniéndome aún más roja.

Eso era muy incomodo y violento. ¿Y si volvía a tener esas alucinaciones? Bueno…alucinaciones… más que eso parecían fantasías eróticas a todo color, sonido dolby digital prological y todas esas cosas… ¿y por que tenía que pasarme eso justo ahora? Nunca había sido así antes… ¡¿Y por que tenía que estar pensando justo ahora en aquello?! ¡Ah sí! Porque el mordisquito me había dejado en ese estado. Un momento… me había mordido un vampiro… ¡coño! A ver si iban a salirme ahora colmillos.

- Eso sólo ocurre de un solo modo – dijo con sus ojos fijos en los míos.

- Ah… - acerté a decir torpemente - ¡Cielos! Queréis dejar de meteros en mi mente por favor. ¡Es algo tan… molesto! Necesito intimidad.

- Por supuesto, discúlpanos.

- Gracias – bufe sentándome de nuevo.

Erion bajo la cabeza ocultando su expresión entre su oscuro cabello ahora suelto.

- La echas de menos ¿verdad?

- Cada día de mi vida.

El nudo del estomago se encogió un poco más y sentí la humedad regresar a mis ojos. Podía notar su alma desgarrada y dividida. ¡Vivir era lo difícil, morir era tan fácil!

- Lo siento… te recuerdo un poco a ella.

- Tan parecidas y tan distintas. Ambas inalcanzables… - suspiró yo me acerque a él quedando agachada en el suelo enfrente suyo que enredo sus dedos entre mi pelo acariciándolo – No tienes que disculparte Bely.

Su integridad y su entereza me golpeaban, no confundía nada. Era simplemente tan fuerte… majestuoso. Sentí fluir su poder a través de su tacto y roce mi mejilla en su muñeca ¿Por qué ejercía esa atracción tan irresistible en mí? Debería asustarme lo que era y sin embargo… Erion se estremeció. Mi aliento calentó aquella zona tan sensible de su muñeca cuando mis labios se apoyaron justo sobre donde palpita el pulso con fuerza. Os juro que tuve un deseo irrefrenable de hundir mis dientes es su carne y saciarme, embeberme en su aroma y su elixir… las sienes me palpitaban de forma frenética. ¡¿Qué demonios me ocurría?! ¿Por qué quería morder? ¿Por que deseaba tanto aquello que hasta sentía afilarse mis colmillos?

Suspiré y me aparte levantándome aún agitada, me gire para que no me vieran la cara y fui al baño. Necesitaba recomponerme, vaciar la mente, despejarme. Necesitaba alejarme en resumidas cuentas. Tener un instante de soledad. Cerré la puerta detrás de mí y me apoye en ella cerrando los ojos.

Necesitaba recuperar algo de normalidad o sentía que de un momento me iba a poner a chillar como una loca ¿y si de verdad estaba perdiendo la chaveta? ¿Era por eso por lo que ya no podía escribir? ¿Por qué estaba colapsada y loca? Me aparte el pelo hacía atrás enredando mechones en mis puños cerrados.

Las caras de todos esos chicos de fuera ocuparon mi mente, su presencia llenaba cualquier otra cosa ¡Dios! ¡¿Cómo podían ser tan perfectos?! Jamás vi nada más atractivo en toda mi vida, tan bello… hería y todo. Los ojos de Adriene ocuparon cualquier otro pensamiento, cuando le miraba era como si todo mi mundo desapareciese y solo estuviésemos los dos. Eso me recordó una frase de un libro que leí… más un guerrero que un hombre… ¿Pero era realmente un hombre?, ¿Y qué clase hombre? ¿Quién era ese chico?

Me mordí el labio inferior pensativa y suspire… el misterio de Adriene me llamaba como al colibrí el néctar de una planta carnívora, pese a conocer el peligro no podía resistirse…

Me aparte de la puerta y me acerque a la pica, abrí el agua y junte las manos bajo el grifo y me moje la cara, cuando la levante la imagen que me devolvía el espejo era el de una mujer extraña, no me reconocía. El cabello oscuro enmarcaba mi rostro ahora pálido, las ojeras de debajo de mis ojos casi habían desapareció y los labios habían recuperado su tono vivo y rojizo y mis ojos parecían resaltar más que de costumbre.

Mire la maraña de pelo y volví a peinarme, me relajaba hacerlo, era algo monótono y simple que vaciaba mi mente mientras pasaba el cepillo, el pelo largo y liso brillo con ese tono azabache algo azulado en algún mechón, suspire de nuevo y empecé a perfilarme los ojos y darme un poco de rímel y de sombra negra puesta estratégicamente de modo fino y sugerente. Cogí el brillo de labios y mire el mini potecito de sombra plateada y sonreí. Tenía una idea ahora que el color bronceado de mi piel regresaba a mis mejillas, cogí el pincelito y di unos suaves toques de plata al final de mis ojos y sobre el parpado de un modo que apenas se notaba salvo por un discretísimo brillo. Me di una sombra alargada de plata en las mejillas y antes de aplicarme el brillo di un toque de morada al centro de mis labios haciéndolos parecer aún más suaves y llenos. Aplique el brillo y guarde los cachivaches tras echarme una última ojeada.

Ahora que lo pensaba aquella ropa de andar por casa no pegaba con mi flamante aspecto de devora hombres… sonreí maliciosa tras mordisquearme el labio y salí por la otra puerta del baño y me metí en el vestidor. Me puse la ropa interior adecuada, un sugerente conjunto de encaje negro y morado y fui directa a la falda negra y corta que había visto anteriormente, era de una tela suave y ligera que se ajusto a la perfección bajo mi vientre y mis caderas, quedaba bastante por encima de las rodillas, busque el corpiño que sabía había visto de estilo antiguo o gótico y lo ajuste bien a mis pechos cerrando las tiras, casi parecía una segunda piel… quedaba genial. Busque una tira para el cuello de la misma tela y me calce mis preciosas botas de piel negra. Ya esta… ahora si estaba lista y me sentía más normal. Era una acción tonta y cotidiana que me hizo sentir que volvía a tener las riendas sobre mí vida, que podía controlarlo aunque fuese sólo una ilusión momentánea. Ajuste una pulsera ancha y negra con adornos plateados y morados tipo de cuero a mi muñeca. Inspire y observé el resultado en el enorme espejo del vestidor. Ya no parecía esa niña buena y mojigata. Mi cara no mostraba esa dulzura inocente e infantil, ahora era algo más profundo y sutil… una mezcla de dulce inocencia y de salvaje pasión, había picardía. Una sonrisa traviesa se dibujo en mis labios ¡Joder si hasta parecía una diablesa! Había algo distinto en el fondo de mis ojos, un brillo primordial, ancestral, más instintivo, poderoso, peligroso. Casi amenazador, oscuro…

Viéndome así casi parecía una mujer dura, fría y ardiente a la vez, amenazadora, era como si me engrandeciera, como si irradiase poder, No había miedo ni duda sino una seguridad aplastante. La imagen del espejo mostraba una mujer muy capaz, independiente, madura, curtida y traviesa y sobretodo que controlaba su vida como quería y que obtenía lo que deseaba. Una mujer sensual y provocadora… ¿Realmente la que había en esa imagen era yo? Casi daba miedo… pero me gusto la picardía de su sonrisita entre inocente y seductora. Sonreí y me mordisqueé el dedo imitando a una lolita y casi me echo a reír de lo convincente que quedo… ¿Tanto había cambiado desde la última vez que me mire al espejo? Lo último que recordaba era una adolescente…

Ahora entendía en parte esa mirada de Mat esa mañana… ya no había rastro de la niña pero seguía siendo yo, era exactamente la misma chica de veinticinco años y no podía encasillarme aún ni dentro del grupo mujer hecha y derecha ni el de adolescente… jovencita, chica… ¿Qué sabía yo de la vida real? Yo no era como esas mujeres que vi la noche anterior, yo aún no tenía esa malicia o esa picardía, aún me faltaba ese toque picante que dan ciertas experiencias, me faltaba vivir la vida. ¡Joder! ¿Por qué estaba pensando ahora en todo eso?! ¡Tampoco era una monja! ¿Qué había de malo en sacar mi feminidad a flote y usarla? Solo me había arreglado porque me apetecía. Me puse bien los mechones de delante de mis orejas a ambos lados de la cara y salí de nuevo al salón de mi lujosa suite.

Definitivamente creo que no estaba preparada para esas miradas… ni para el silencio que siguió mi aparición, trague sin que se notase y procure no enrojecer, en el fondo me encanto la forma en que me miraron… con esa mezcla de desconcierto, deseo y ¡Dios! ¿Qué ha pasado aquí? Sonreí para mi interior cuando creí oír un joderrrr medio gruñido con pasión.

¿Me verían rara también ellos? ¿Habrían notado también ese sutil cambio en mi persona? ¡Ay madre! ¿Significaba eso que me estaba haciendo mayor? ¡Horror! ¿Qué estaba haciendo con mi vida? ¡La estaba desperdiciando! Estaba desaprovechando esos maravillosos años…, vale, nota mental… trabajar lo necesario y divertirse más…. Mat tenía razón.

Me senté en el sofá indiferente poniendo bien la falda detrás de mí mientras me sentaba y cruce las piernas con elegancia mirando el suelo distraída mientras jugaba con la pulsera. Tampoco sabía muy bien que decir si es que debía decir algo… eso demostraba que seguía siendo la misma tonta, la misma niñata… ¡joder me había perdido las clases de cómo ser una zorra manipuladora o cómo ser mujer ¡¿o qué?! ¿Y por que parecía ahora una mata Hari ardiente, lujuriosa y manipuladora?

Vale Bely… el habito no hace al monje me dije mentalmente.

- Bely… - carraspeó Mat aclarándose la garganta, yo le mire fijamente - ¿No recuerdas nada de lo que paso antes?

- ¿A qué te refieres? Me quede dormida – me encogí de hombros.

Ellos volvieron a intercambiar esas miradas que tanto me sacaban de quicio, bufé levantándome y me dirigí hacía la puerta.

- Necesito aire ¡¿Qué pasa?! ¿Qué vais a tenerme encerrada aquí como una prisionera? – mire directamente a Erion.

Era verdad que necesitaba aire pero es que además mi piel cosquilleaba ansiosa por sentir la luna bañándome. Erion miro a Mat y este se levantó tras volver a intercambiar esas miradas con las que parecían entenderse en un lenguaje mudo. Siseé molesta.

- Tienes razón, te prometí unas vacaciones y por el momento no lo han sido. No creo que pase nada por divertirse un poco – cogió su americana y se la puso.

- Andando entonces – sonrió Leen levantándose de un saltito a la vez que se situaba a mi lado – Te entiendo, es exasperante cuando hacen eso. No les hagas caso, hombres… - me cogió del brazo poniendo los ojos en blanco.

Yo le devolví la sonrisa y la seguí hacía los jardines tal y como quería. Una vez allí me quede bajo la luna cerrando los ojos, empapándome en su luz que siempre me había hecho sentir viva, llena… la luna siempre me había fascinado, me intrigaba y me inspiraba. Me daba paz. La luna afloraba la magia, el amor y el misterio, envolviendo a la noche en un manto de fantasía y melancolía. Su haz era a la vez frío y cálido. Mi bello se erizo notando su electricidad, su magia, su poder callado y antiguo. La noche… la luna… mis padres de acogida. Me sentía bien en medio de la noche, envuelta en oscuridad, rodeada de sombras fantasmagóricas y plateadas.

Suspire en mitad de mi charco de luna y deje que las palabras que salían de mi corazón fluyeran a mis labios.

Y brilla la inconstante luna en la noche oscura. Poderosa hechicera del todo llévate mi alma y enreda mis sueños con tu dulce aliento de plata. Báñame en tu luz y acógeme en tu seno o Dama de la noche, madre, amante, amiga y confidente. Guarda mis secretos y susúrrame al oído tus antiguos saberes de las eras que has acunado con tu luz.

Márcame oh madre el camino de regreso a casa y no dejes que me pierda entre sueños engañosos ¡Oh señora del todo! Tus hijos somos nosotros que moramos bajo tu techo sumidos en la negrura.

Construye mundos de fantasía imposibles para los mortales y alúmbrame una vez más en esta hora oscura que la noche quiero hoy y siempre sentir bajo mi piel mientras tú guías mis pasos desde las alturas que gobiernas.

Te saludo de nuevo argint Steaua. Y te invoco, yo tu fiel hija, la única, la primera, la refulgente tigresa de la noche.

sange, viata, magie, putere si espíritu

Sentí como una especie de electricidad me envolvía así como una suave brisa, cuando abrí los ojos era como si lloviesen estrellas a mi alrededor. La luna parecía brillar con más intensidad iluminando todo el lugar con su pálida luz. La alegría me embargaba, quería reír, bailar y gritar. Sentía su poder llenándome haciendo vibrar cada parte de mi cuerpo desde su interior, sentía todo lo que me rodeaba de un modo increíble, era imposible explicar aquella sensación.

Deseé sentir el fuego, invocarlo… notaba como esa necesidad crecía en mí, como si llevase tiempo arraigado en mí. Era como si algo olvidado volviese a mi memoria. Esa necesidad insistía, mi mano quemaba deseando sentir aquella sensación. Era puro instinto. Oí una voz en mi mente que me decía que lo sabía… que conocía el secreto oculto de la luna, que conocía su poder ancestral, que sabía sus secretos. Me pedía que lo invocase, que lo dejase fluir… la luna no era sólo tierra, agua y hielo… había algo más poderoso y mágico, fuego, el fuego de la luna, abrasador, inconmensurable, eterno e inextinguible…

Extendí la mano con los dedos bien tendidos, de nuevo esa yo oscura y aterradora tomaba las riendas…

- Incendiu – pronuncié la palabra que salió sola y las llamas azules brotaron de mi mano crepitando y elevándose al cielo como dos amantes enroscándose el uno con el otro.

Acerque mi mano a mi rostro y observe completamente absorta el fuego. ¡Era tan delirante y bello… increíble! La cabeza volvió a rodarme y aquel fuego se extinguió, sacudí la cabeza confusa tras parpadear y me giré cara a ellos aún ausente, no era muy consciente realmente de todo lo que estaba pasando. Cuando volví a parpadear era como si nada de eso hubiese pasado, como si fuese un sueño ¿Tendría trastorno de la personalidad? Más bien…¿Tenía doble personalidad o qué?

Necesitaba desquitarme o aquella furia abrasadora me consumiría….

- ¿Habéis podido extender el escudo? – pregunto Erion mirando a Kylian y Omar.

- Sí.

- Bien, sólo nos faltaría que la detectasen ahora.

Yo parpadeé una vez más y me volví cara a ellos.

- Eo, que sigo aquí ¿De qué va todo esto?

Un rugido me hizo volverme. A escasos metros de mí había un increíble felino de pelaje entre blanco y plateado, la luna lo iluminaba como si fuese un foco y este tenía una enorme pata preparada para dar un paso al frente. Lo mire completamente alucinada, era algo precioso… los ojos azules del felino se concentraron en los míos. Me agazape y ambos empezamos a trazar un círculo.

- ¡Bely! – oí alarmado a Mat

- Tranquilo Mat, no va a usarme de aperitivo – rasque la oreja del enorme minino que se había sentado sobre los cuartos traseros a mí lado - ¿Verdad preciso? Aunque si quieres hincarles el diente a ellos…

Sus caras fueron un poema y me eche a reír con ganas. La especie de tigre blanco puso cara de asco protestando con una especie de gruñido. El animal puso su pata en mi cadera haciéndome agachar y quede justo a la altura de su magnífica testa, sus ojos me traspasaron y fue como recibir otra descarga a través de mi corazón. Me quede sin aliento mientras me sentía caer dentro de sus ojos como en una espiral infinita. Oía palabras salir del extraño tigre que más era una amalgama de felinos que uno definido y abrió sus fauces, los dientes blancos y afilados resaltaban. Su lengua gruesa y grande se movía al ritmo de su agitada respiración. Vi salir su aliento en forma de humo blanco y sentí como parte de su espíritu penetraba en mi atreves de mi garganta al respirar. ¿Podía estar comunicándome con ese precioso animal?

Me sobresalte cuando al volver a ser consciente de estar mirando sus ojos me vi como en un espejo en él, él era yo y yo era él… es como si esa bestia fuera una prolongación de mí. Sentí como mi mente se colapsaba, demasiada información… me levante tras que el tigre asintiese y rozo su cabeza contra mi mano, dio un paso hacia ellos y rugió, tras esto volvió a girarse, bajo la cola y se alejo de mí hacía el haz de luna donde desapareció esfumándose como si fuera un fantasma.

Contemple entre fascinada y confusa el mismo punto ahora vacio y fui consciente de que mis piernas cedían y mi mente se desconectaba como un ordenador.

Mat me sostuvo mientras Kylian y Omar me miraban de un modo oscuro y extraño, un escalofrío me recorrió la espina dorsal.

- Vale Bely… te vas a despertar y vas a descubrir que todo esto no es más que una pesadilla y como mucho estarás en un loquero colocada hasta arriba de medicación – me dije en un murmullo mientras Mat me ayuda a mantenerme en pie mientras me frotaba las sienes, me dolía la cabeza horrores.

Él me puso una mano en la frente apartando las mías y me hizo sentar en un banco de piedra.

- Estas ardiendo. Sería mejor volver dentro…

- ¡No! Necesito aire, estoy bien – dije de un modo brusco apartando su mano de mí, me levante y empecé a seguir el camino que seguía entre lo arboles.

Necesitaba sentir la tierra, el aire… el cielo sobre mi cabeza. Me siguieron en silencio.

- ¡¿No puedo estar ni un minuto sola o qué?! ¡No voy a ir a ningún lado, no tengo donde ir! ¿Qué narices se supone que sois o hacéis? ¡No necesito guardaespaldas, se cuidarme sola! – me enfade. Kylian dio un paso atrás ante el brillo de mis ojos. Tras eso suspire avergonzada y me mordí el labio – Lo siento… no quería ser tan brusca… no sé qué me pasa – me gire y seguí andando cruzándome de brazos.

Leen se avanzo situándose a mi lado sin decir ni pio, por detrás seguían los demás. Un olor delicioso me hizo desviarme del camino, aparte unos setos llevada por aquel aroma embriagador que hacía gruñir mi estomago y me horrorice al descubrir a unos vete tú a saber que comiendo de un trozo de carne abierto por la mitad lleno de sangre. Me gire rápidamente y me aleje Erion les hecho una bronca que hasta a mí me aterro, aún así mi mente seguía fija en esa idea… ¡Joder! ¡Me había atraído la sangre!, el olor apetecible venía de esa masa demasiado parecida a una persona…¡¿Cómo ,por qué? Estaba enloqueciendo, no podía más…todo aquello era demasiado, me desbordaba. Tenía un grito atravesado en la garganta y los ojos ardientes, no quería llorar. Ellos se acercaron a mí y yo hice un gesto con la mano para que no se acercaran, no podía… si hablaba todo estallaría, el grito, las lagrimas, la angustia… el nudo de mi estomago y aún así aquél olor…

Aún era capaz de oír cada latido, cada movimiento de la sangre en sus venas… lo oía claro como un tambor. Distinguía la cadencia de cada uno de ellos, me gire y vi el blanco cuello de Kylian, la vena se perfilaba perfectamente bajo su tersa piel de elfo… ¡Joder, joder, joder! ¡Aquello era malo, muy malo! ¡Erion debía haberme transformado en un maldito chupasangres o no lo entendía! No… seguía siendo yo… pero… el deseo… la sangre… era como si toda la vida eso hubiese estado en mí, esperando el momento para saltar como un león.

- Discúlpalos… no deberían – se interrumpió Erion observándome.

- Entiendo que te haya molestado – siguió Mat.

- No Mat, no es eso… ¡Oh Dios! ¡No puedo decir esto! – me exaspere levantando las manos a ambos lados de mi cabeza – Lo jodido es que no me ha molestado, lo olí… y lo deseé… me gustaba… ¡¿Qué demonios me está pasando, que coño me estáis haciendo?! ¡Esto no puede ser! – Mat se acerco y yo me aparte con rapidez de él que me miró extrañado, sentía tirante mi mandíbula y notaba como los colmillos pugnaba por alargarse de un modo imposible - ¡No! No te acerques o no se… no puedo…

- ¿Qué ocurre Bely? – la voz sedante de Erion consiguió que relajase los músculos levemente y que dejase de respirar de ese modo acelerado y jadeante.

- ¿Y me lo preguntas tú? – dije casi con ironía – Tú deberías saberlo.

Él me miro estrechando los ojos y yo deje que entrase dentro de mí, que sintiese lo que estaba sintiendo, que viera. Abrió mucho los ojos.

- La oyes…

- Más que eso – respondí aún con mis ojos sobre él.

Mire nerviosa alrededor y caí en la cuenta de que del bolsillo trasero de Sagen sobresalía un trozo de apio así que se lo cogí con una rapidez pasmosa y empecé a mordisquearlo con ansia, demasiado nerviosa…

- Lo siento – le dije a Sagen aún mordiendo la verdura como un conejo histérico.

Pero aquella desesperación seguía subiendo por mis pies engulléndome, me asfixiaba y me abrasaba, tenía mucho calor, la cabeza me estallaba y todo daba vueltas y volvía a respirar agitaba. Adriene se puso frente a mí haciendo que todo alrededor desapareciese, sólo estaban sus ojos y yo.

- Respira. Concéntrate, sólo respira y relájate… puedes controlarlo – su voz fue como una caricia en mi cuello.

La piel me ardió en un cosquilleo placentero. El deseo reemplazo la quemazón del desasosiego y sentí mariposas en el estomago. El corazón empezó a latir aún más deprisa dando un vuelco.

- Bely… antes dijiste que no querías ser algo. Me pediste que te matase, que no dejase que se te llevasen ¿De versas no recuerdas nada? – aprovecho para preguntar Mat.

- No. ¿Yo dije eso? – fruncí el ceño tensándome – Debía delirar, no lo recuerdo. Si es que era cuestión de tiempo que no acabase en un sanatorio…

- Mat… ahora no – dijo Adriene con un tono sublime y a la vez poderoso, autoritario. Sus ojos volvieron a captar mi atención y volví a relajarme lentamente.

- Deberíais apartaros de ella.

- Calma Mat, no es tuya – respondió Erion con su paz habitual.

- Ni tampoco vuestra – casi gruño con rabia.

Yo no entendía nada, mi mente seguía yendo a su bola… entonces vi un pajarito en el suelo con sus pequeñas alitas extendidas y me entraron ganas de llorar, aquella pequeña vida se había extinguido, jamás volvería a volar ni a sentir el aire entre sus plumas, me agache cogiéndolo entre las manos y me eche a llorar sin poderlo evitar como si fuera una niña pequeña… ya no podía más con todo aquello, me sentía atrapada, encerrada dentro de mí misma, como si hubiera dos mujeres encerradas. Me estaba volviendo loca.

Adriene y Erion se agacharon frente a mí y cuando la mano de este último se poso en mi hombro otra vez me rodo la cabeza y me vi impulsada de nuevo a ese otro mundo, al mundo de sus recuerdos o lo que fuera eso…

La oscuridad más intensa que os podáis imaginar me envolvía amenazadora, un dolor atroz sacudió de nuevo mi cuerpo, quería que aquella horrible sensación terminase o perder el conocimiento de una vez… era imposible. Ni siquiera podía gritar ni llorar pero me estaba quemando viva y aquel intenso dolor… me volvería loca si no terminaba pronto, me estaba muriendo, tenía que ser eso…

No podía afirmar si mis ojos estaban o no abiertos pero no veía más que negrura, densa y espesa. Conseguí gritar agónicamente, jadeé, mi espalda se arqueo de una forma imposible.

Cuando mis ojos volvieron a ver luz todo fue irreal, la claridad me daño al principio y tuve que cerrar los ojos, miles de olores se agolparon en mi nariz y las incesantes voces de la ciudad retumbaron en mi cabeza. ¿Cuándo tiempo llevaba así? ¿Cuántos días? No podía recordar nada…

La inquietud regreso y con ella un olor delicioso… sentí mi propia debilidad a causa del hambre… un hambre voraz y acuciante, dolorosa como jamás lo había sentido. Mi cuerpo necesitaba alimentarse. Me levante del sucio suelo y arrugué la nariz, aquel hedor extraño venía de todas partes, mi piel vibraba...

Olfateé el aire y como si fuera un sabueso seguí un aroma abrumador, cada vez se alejaba más rápido pero yo la seguía de cerca, me embriagaba, no podía pensar en otra cosa, tenía muchísima sed… me dolía todo de anhelo por probar ese bocado, tiraba de mí como algo irremediable, hasta salivaba. Gire en un callejón, el olor venía del fondo de este. Me acerque despacio… tanteando, mis ojos enfocaron a un repartidor que miraba incrédulo la calle sin salida y volvía a fijar la vista en un papel.

Salté en silencio sobre unos containers metálicos y lo observé en una pose algo felina ladeando la cabeza… cuando caminaba de nuevo hacía la calle salte tras él y pude apreciar ese olor sutil y exquisito… miré la bolsa de la comida y horrorizada comprendí que no era eso… era el chico… era él el que olía así. El hambre empujaba, era un instinto casi animal, irrefrenable y me acerque más a él con los labios entre abiertos, algo afilado me rozaba dolorosamente los labios.

Inhale una buena bocanada de aire, y trate de enfocar la vista en Erion que me sacudía con suavidad llamándome.

- ¿Estás bien?

- ¡¿Tengo aspecto de estar bien?! ¡Estoy perdiendo la cabeza joder! – espete.

- No digas tonterías, estas muy cuerda querida.

Me deshice de sus manos y me levante metiéndome entre los árboles. Detrás de mi no se oía el más mínimo paso o ruido pero sabía que Adriene estaba detrás de mí. Seguí andando sin girarme un buen trecho y luego me apoye en el tronco de un árbol y le mire directamente a los ojos. Él se acerco a mí y me rodeo, intentaré explicarlo… me dejo encajada entre el árbol y su cuerpo y apoyó las palmas en la corteza.

Sus ojos me atraparon de nuevo, eran tan verdes… brillantes, vivos… parecían cambiar y agitarse como un fuego de jade, pero su esencia me calmaba, me relajaba y su olor… lo llenaba todo.

- ¿Qué eres? – susurré

Él no respondió, guardo silencio un rato observándome mientras una de sus manos apartaba un mechón de mi rostro acariciándome en el proceso la mejilla hasta dejar su palma apoyada en la base de mi cuello. Mi pulso se acelero al igual que mi respiración.

- Sólo soy yo, sólo un hombre…

La cabeza me rodó una vez más mientras miraba hipnotizada el movimiento de sus labios, estaban tan cerca de mi rostro…

De nuevo me vi impulsada a través de aquella vorágine negra que me tragaba, una vez pasada la sensación de vértigo y de afianzar bien mis pies en el suelo mire alrededor, era de noche y apenas se veía alrededor salvo por aquella tímida luz verdosa. Olí el olor salado del mar y el rumor del agua, mire alrededor tras oír unas risas y supe donde estaba exactamente…

Venecia, la Piazza estaba a unos pasos, oía a la gente congregada allí riendo, una pareja enfundada en unos trajes de época victoriana pasaron a mi lado sosteniendo las mascaras sobre sus rostros. Era carnaval… me pegué a la pared deseando que las sombras me engullesen y espere tensa. No se oía absolutamente nada ahora, una campanas resonaron a lo lejos y una densa bruma se extendió verdosa por la calle. El canal apenas se veía. Unas figuras se aproximaban, parecían flotar sobre el suelo, llevaban una capa larga y negra con el cuello subido, no podía ver sus rostros por que estaban ocultas tras unas marcaras blancas y alargadas. Completaba el tétrico atuendo un sombrero de ala ancha también negro.

Eran dos hombres, altos y en apariencia de complexión elegante, sus voces mágicas rompieron el silencio de aquel fantasmagórico lugar que parecía irreal, suspendido fuera del mundo y del espacio.

- La revolución ha empezado, nos esperan en Italia. En Escocia y Alemania ya están preparados.

- Si… los acontecimientos se han adelantado – suspiro otro clavando su mirada en las tinieblas.

Apreté los dientes cuando otra vez mi estomago se vio sacudido por ese extraño vértigo que me llevaría de vuelta al presente salvo que esta vez no ocurrió… estaba en otro lugar sí, pero no de vuelta.

La escena que veía ante mis ojos era igual de desconcertante y a la vez… aterradora. Había una hermosa chica sentada en una mesa de madera y frente a esta de pie con las palmas en la mesa un hombre que en si era muy normal. Mire alrededor, aquel lugar parecía una sala de torturas de un castillo medieval situado vete a saber dónde. Las piedras grises de la pared desprendían un frío mortal y a lo lejos se oía algo gotear, había un olor rancio… las antorchas hacían aún más lúgubre el calabozo con su luz anaranjada.

- ¿Cómo le conocisteis? – le preguntaba él.

- Durante el carnaval caballieri – le respondió ella con calma.

- ¡¿Pero como no os disteis cuenta ragazza?! No puedo entenderlo… en fin no nos desviemos ¿Y la niña? – sacudió la cabeza el tipo.

- Cuando nos dimos cuenta fue tarde para hacer nada y cuando la tuve… no pude deshacerme de ella, era mi hija, carne de mi carne, sangre de mi sangre. Era tan pequeñita… indefensa.

- Su padre…

- Lo sabe, nos vemos de vez en cuando. Ya sabe que él… no podía hacer otra cosa, sus obligaciones… y luego enfermo.

- Mia bambina… sabíais que era una relación imposible, sabíais quién era él.

- Le amaba signore, yo era muy joven y él… - suspiro

- ¿Qué hay del otro? ¿Por qué le amasteis? ¿Cómo no supisteis?

- Fue… - le costaba hablar.

Él sabía muy bien lo que había pasado, aquel otro hombre la había engañado, la había seducido lentamente enredándola en su tela de araña para traicionarla luego, ese era el enemigo pero ella lo desconocía ¿Cómo podía saber yo aquello que sabía ese hombre? No lo sé… pero lo sabía, sabía lo que sentían ambos, ella estaba destrozada, tenía el corazón roto y hacía un gran esfuerzo por no llorar al recordar todo lo sucedido, su amado condenado a estar lejos de ella y enfermo, era alguien…importante, su hijita, su caída en brazos de aquel otro ser perverso… bello y convincente. El rostro de aquel otro hombre era sumamente peligroso. Ella levanto la cara hacía los otros dos chicos que ocupaban la sala y en los que no había reparado hasta entonces, yo parecía ser un fantasma insustancial porque nadie me veía, era como una espectadora que veía un film. Uno de ellos era el hermano del traidor enemigo. Los ojos de la mujer me dijeron que desconfiaba, apretó los labios. Sentía algo por él pero seguía sin saber si podía fiarse de él, su hermano era del bando enemigo ¿de cuál estaba él?

El otro hombre la miraba con pesar y un amor infinito, él sí era de los buenos pero ella ya era incapaz de poder amar de ese modo, las traiciones y el dolor habían resquebrajado su corazón.

- Conocíais la profecía de las amazonas y de vuestras hermanas de coven. Deberíais haber acabado con esa vida. La niña debería estar muerta.

Ella se tenso y cerro el puño sobre la mesa, se removió inquieta, estaba nerviosa de pronto, desesperada.

- ¡¿Y mi hija?! ¡¿Dónde está mi hija?! ¡No hablaré más hasta que no la traigáis!

El hombre de más edad hizo una señal al que había junto a la puerta y al poco una niña de unos cinco años entro como una exhalación en aquel horrible lugar llamando a su madre. Cuando la vio ella se agacho en el suelo y la pequeña se lanzo a sus brazos enredando sus pequeños dedos entre sus rizos rojos como el fuego. Ella la abrazo llorando y estrechando aquel cuerpecillo pequeño y frágil mezclando sus rojos cabellos con los de la niña que eran de un negro profundo y brillante.

La mujer se levanto y con la niña cogida a sus faldas la puso tras ella.

- No la tocareis, como os atreváis a intentar hacerle algún daño yo misma os matare – sus ojos de jade centellearon – Puedo educarla, no será lo que dicen, ella no.

- El peligro está ya en su mera existencia, sabes que se cumplirá… ella iniciara la cadena y ella regresara.

- ¡Es mi hija! - rugió

Los cuatro hombres miraron a aquella niñita que alzo los ojillos hacía su madre.

Cuando regrese al presente estaba sin aliento, veía el cielo sobre mí y poco a poco fui consciente de estar entre los brazos de alguien. Gemí y levante la vista hacia el dueño de esos brazos y ese pecho donde me transportaba como si no fuera más que una niña, Adriene…

- ¿Qué…que paso? – pregunte cuando bajo la vista hacia mí.

- Te desmayaste – suspiro Mat.

- Vaya… llevo cupo – baje la cara cuando me deposito devuelta al suelo Adriene.

- ¿Puedo preguntar que viste Bely? - me miro Kylian

Yo busque los ojos de Erion y Adriene que asintieron y tras inhalar lentamente les conté lo que vi y justo en ese ínstate lo recordé, recordé porque esa mujer me resultaba tan familiar… lo sabía, ella era… ¡ERA MI TATARABUELA!

Me lleve una mano al corazón aún sin aliento y mire a mi alrededor, necesitaba hablar con mi madre… pero ella estaba muerta… apenas la conocí… ¡¿Quién podía explicarme que demonios ocurría en mi familia?! ¡¿Quién iba a reconfortarme y decirme que no había perdido definitivamente la cabeza?! ¡JODER! Aquello no podía estar pasándome a mí… eso era digno de una novela… ¿Qué narices era? Cada vez tenía menos dudas de que yo… ya no era normal y de que… lamentablemente yo no era nada bueno, aquel hombre lo dejo muy claro… yo no debería existir, nunca debería haber nacido… ¡tendría que estar muerta!

- Bely – se asusto Mat alargando una mano para sostenerme por el hombro.

Pero yo seguía sumida en mis pensamientos ¿De qué me sonaba a mí aquel símbolo que llevaba grabado en el borde del pantalón bombacho ese hombre que la interrogaba? ¿Por qué había nombrado a las amazonas y a un coven?

Brujas…. ¡Ay madre! Y el símbolo… era una organización… ¡Dios! ELLOS ERAN LOS… ¡nunca se pronunciaba el nombre! Era algo intrínseco, una sociedad casi tan antigua y secreta como el mundo… ¡JODER, JODER! Ahora lamentaba haber tenido tanto interés por todos estos temas, mitología, leyendas, ritos, brujería, magia, misterio… fantasía, historia antigua, literatura… ¡Ay madre! ¡¿Cómo había estado tan ciega?! El destino parecía algo ineludible ¿Con que hilos habrían tejido las Parcas mi vida?

Recordé la cara de Meritxell cuando me echo las cartas… la rueda de la fortuna, el diablo, la torre…la muerte… se negó decir nada y las recogió… tras eso estuvo distante, fría… temerosa, de hecho… se alejo de mí.

Me lleve la mano a la frente e intente respirar, mis ojos se cruzaron con los de Mat… mi jefe era un diablo… y no parecía malvado, quizás si un hombre lujurioso que pecaba de eso, de gula y de poder, tenía dinero para crear un imperio… pero no había nada malo. ¿Qué irónica no? Un diablo que no se comporta como un diablo. No, aquello debía ser una idea preconcebida ¿Por qué un diablo debía de ser malo necesariamente, al igual habían clases? Seguro…

- Vale… soltadlo ¿Qué soy? – los mire uno por uno.

Omar me lanzo un pañuelo negro y yo lo atrape al vuelo, lo abrí y me quede sin aire cuando vi aquel símbolo y aquella silueta, sabía quién era aquella Diosa que allí se representaba. Mis dedos recorrieron el grabado estampado en plata y lo tape deprisa devolviéndole el pañuelo de terciopelo a Omar. Su nombre jamás se pronunciaba…

Definitivamente… DEBÍA ESTAR MUERTA.

No podía ni reírme, ni decir es imposible… no… si era eso… entonces… las palabras de Mat tendrían sentido ¿Recuerdas porque me dijiste que te matase, que no dejase que te llevase? ¡Ay madre!

- No estamos seguros… pero creemos que almenos parte de ti…

Ni fui capaz de decir absolutamente nada ¿y si era cierto? ¿y si era verdad y me encontraba con la otra mujer que fuese la otra parte? Si la mataba… o ella a mí… sé lo que sucedería ¡Dios No! ¿Pero cómo sería la otra? ¿Buena, mala? Joder… ¿Y yo entonces que era? Perdería la razón si seguía así. Había demasiados y si… no entendía nada. Pero no… no había otra mitad en otra persona, estaba en mí… era yo…

Todo dentro de mí se rompió.

- ¿Y vosotros en qué lado estáis? – les mire seria teniendo aún muy presente mi visión. Estaba aterrada, en mi mente sólo oía como un eco… debería estar muerta. Es un peligro para el mundo entero.

Ya sabía que unos querían matarme, otros recuperarme… ¿Pero y ellos? Seguro que si se veían en la necesidad me quitarían la vida… ¿A qué antigua sociedad pertenecían?

- Vamos a ayudarte Bely, te protegeremos – dijo con firmeza Mat.

- ¿Y quién os protege de mí? ¿Quién me protege de mí misma Mat? – le mire con pesar - ¿Cómo vais a mantenerme cuerda o entera?

No respondieron sólo se miraron para volver a fijar sus miradas en mí. Suspire y les di la espalda caminando de nuevo, necesitaba moverme.

La brisa meció mis cabellos y yo sonreí, que no, que no… que no podía ser hombre, aquello era digno de una de mis novelas, tenía que ser eso. ¿No fue el mismo Mat quien dijo que sus amigos me ayudarían a reencontrar mi inspiración, que me ayudarían con mi problema? Sí… era eso, seguro. Teatro….

- Vale, lo admito, os lo habéis currado – me gire aún con mi enorme sonrisa – Lo habéis hecho de coña. Ahora dejad de fingir, ya podéis dejar esta farsa. Me habéis impresionado pero la broma ya se os ha ido un poco de las manos – extendí las manos.

- Bely… no es ningún montaje – me miro muy serio Mat – Lo que paso ahí abajo ocurrió Bel. Algunos compañeros nuestros han muerto ahí – su rostro se endureció, había dolor y un cúmulo demasiado intenso y sincero de emociones como para no ser verdad.

Me hundí nuevamente así que me mordí el labio en silencio y volví a andar dándoles la espalda, no podía más. No podía caer más bajo ni quedar peor, no podía mirarlos a la cara, no por el momento, no tras eso.

Ande un buen rato tratando de aclararme las ideas y ya volvía hacía donde me esperaban cuando me atacaron, todo fue tan rápido, brutal y extraño que no me entere de nada salvo de la herida que tenía en el costado y en la sien. Oí a alguien gritar que me sacasen de allí y luego el techo de la habitación y a mi misma jadear diciendo que estaba bien. La cabeza me dolía horrores, la vista se me nublo…

Cuando me desperté eran las cuatro de la madrugada, me levante, desde la habitación veía el reflejo del televisor en la pared. Mat estaba sentado en la butaca que había junto a la cama, lo tape con una manta y fui hasta el salón, supe por las respiraciones que oía que el resto estaban dormidos distribuidos en las otras habitaciones. Apoye la mano en el marco de la puerta y mire el salón. Adriene estaba medio recostado en el sofá sus ojos estaban fijos en la pantalla… dejo caer la mano que tenía apoyada en la frente y suspiro, estaba medio adormilado. Me apoye en la pared opuesta y lo observe casi sin aliento, estaba con el torso desnudo, mi vista recorrió su perfecto torso. Su piel bronceada tenía un tono aún más apetitoso con esa tenue luz. Mis ojos resiguieron la peligrosa línea que separaba la piel desnuda de la cubierta por el pantalón justo en esa línea donde el poco bello negro que tenía desaparecía oculto bajo la ropa. Me mordí el labio inferior y tanteé el mármol hasta que mi mano dio con la botella de agua y la vacié. Me imagine situándome frente a él en el sofá aproximándome como una tigresa, mis dedos acariciaban ese límite peligroso lentamente, despacio… con un leve roce y mis labios y mi lengua reseguirían esas sensibles zonas al límite de lo prohibido. Sacudí la cabeza y volví hacía la habitación, él desvió sus ojos hasta mí, un cosquilleo placentero me recorrió de arriba abajo.

Sin despegar los labios se levanto y se planto frente a mí, su mirada salvaje me atrapo y me hizo retroceder hacía la pared, él apoyó la palma en la superficie y bajo la cabeza para poderme ver bien. Todo volvió a precipitarse y yo me sentí caer en esa vertiginosa vorágine, de repente seguía en esa misma habitación pero a la vez era distinta, no sabría decir… mire hacía el sofá y allí estábamos, yo sobre él a horcajadas, el sudor perlaba nuestra piel, su pulgas se deslizo por mis labios ahogando los jadeos entrecortados, la respiración acelerada de ambos quedaba camuflada por el ruido del televisor. Mi cuerpo se movía sobre él que me puso una mano en el hombro apretándome contra él con fuerza. Mi cuerpo se estremecía de placer, cuando explotamos caí sobre su pecho apoyando la frente contra la suya, ambos sonreíamos jadeantes mirándonos e intentamos no reír, sus labios ardientes atraparon mi labio inferior y sus manos seguían sujetando mi cintura mientras nuestros pechos subían y bajaban aún alterados. El suelo tembló bajo mis pies y cuando mis ojos volvieron al presente me encontré con los ojos de Adriene fijos en los míos El pulso se me puso por las nubes y el rubor tiño mis mejillas ya que mi cuerpo aún sentía lo que había visto tal y como si realmente lo hubiese hecho. Adriene me cogió de la cintura aún sin mediar palabra y me atrajo hacía el sofá donde caí sobre él que aparto el cabello que se precipito hacía delante.

Si alguien podía hacer que esa parte negativa de mí durmiese definitivamente eran él y Erion.

Mire sus ojos infinitos y mi mente volvió a rodar recordando retazos… todo era confuso caótico…

Todo volvía a ser un campo de batalla, era horrible, el dolor, la sangre… la muerte, era algo escalofriante, imposible de describir, veía todos luchando, era una situación tan extraña… y de pronto me vi a mi misma en el suelo, enfrente estaba esa especie de estaca o cruz, tenía magulladuras y heridas por todo el cuerpo, en mis muñecas doloridas aún se marcaban las cadenas, temblorosa me levante, las piernas apenas me sostenían, detrás de mi aquel río lava corría veloz y amenazador, el aire ardía abrasando los pulmones, las llamas seguían ascendiendo al cielo en bocanadas imparables, aquel aire caliente movió mi cabello pegándolo a mi piel sudada y arañada. Intente dar un paso pero me desplome pelándome las rodillas con las rocas como navajas, alargué una mano temblorosa y estire los dedos… quería alcanzar el cuchillo que había entre unas rocas, tenía que acabar con todo aquello, la cabeza me estallaba, el dolor era insoportable y los se me llenaron de lagrimas viendo cómo iban atacando a todos, Mat, Erion, Sagen…

Con un esfuerzo titánico mis dedos alcanzaron el mango tras haberme estirado cuan larga era en el suelo, apreté los dientes intentando no emitir ningún quejido pese al dolor y me incorpore como pude, estaba a punto de desvanecerme… de perder la consciencia de quién era yo, algo horriblemente malvado estaba tomando el control de mi y no podía permitirlo. Jadeé agotada y con toda la fuerza de voluntad que pude reunir acerque el filo a mi corazón.

Mat grito y todos levantaron la cara hacía donde yo estaba, tenía que hacerlo, no podía esperar más o sería tarde… no podía permitir que es masacre siguiese por mi culpa, un grito desgarrador me destrozo el alma… era un grito que más era un lamento de agonía, de puro dolor, era una voz que conocía demasiado bien. En ese grito se mezclaba el dolor, la ira y la impotencia. Las lágrimas resbalaban por mis sucias mejillas.

- Lo siento… - murmuraron mis labios, mi vista estaba fija en una figura que pugnaba pro deshacerse de sus oponente y llegar hasta mí.

- ¡No! ¡No! ¡No lo hagas! ¡Bely no!

Mi mano tomo impulso alzándose en el aire.

- ¡Mat tienes que hacerlo! ¡No hay otra opción! Transpórtala lejos de aquí! Que olvide si es preciso, que no recuerde pero mantela a salvo! ¡Con vida! – grito Erión

Sentí la mordedura del acero sobre la superficie de mi piel y tras eso todo se desapareció.

Parpadeé confusa y sacudí levemente la cabeza, era todo como un círculo vicioso sin fin… aquella pesadilla nunca acababa, empezaba una y otra vez sin parar y siempre volvía al mismo punto… como si de mi vida estuviese paralizada y como digo metida en una rueda cíclica que repetía todo.

¿Eran recuerdos, visiones? Debería estar muerta… recordé las palabras de aquel hombre, ella sólo será el inició de la cadena… de la rueda… engendrara el mal, generaciones y generaciones de sangre mezcladas de seres mágicos y distintos… todas y cada una de ellas corriendo por las venas de la que será el verdugo del mundo, ella… la Diosa que no se nombra.

Desperté justo cuando sus labios de fuego se abrían paso a través de los míos, los papeles seguían esparcidos por la mesa del bar, los cubitos se habían derretido y alrededor del vaso se formaba un charquito de agua. El cursor del ordenador aún parpadeaba tal y como lo deje. Confusa mire alrededor levantando la cabeza, me aparte el pelo y mire las notas garabateadas en una ficha…

El bloqueo del escritor, la incertidumbre, el miedo a lo desconocido, la oscuridad, la dualidad de las personas… ¿De qué sino iba a hablar un escritor? Únicamente la felicidad no vendía. Lo que se podía explicar y transmitir de modo que llegase al lector era el dolor, la pena, el amor… iras, pasiones, odios… fantasías imposibles y por tanto maginas en su inaccesibilidad, el identificarse con el sufrimiento o una historia que te atrapase…

¿Había soñado yo todo aquello? Mis dedos volaban sobre el teclado con una leve sonrisa, parecía que volvía a tener alguna idea… pero algo dentro de mí era distinto… cuando alce la vista de la pantalla vi la imagen de Mat reflejada en el cristal. Le sonreí y me volví hacía él que se acerco, me levanté y me lance a sus brazos con una risita, él me abrazo.

- Tenemos que irnos Bely… - susurró en mi oído – Hemos intentado mantenerte a salvo pero ellos han vuelto, hay que mantenerte a salvo nena.

Las piernas me temblaron y la sonrisa desapareció de mi rostro como si se hubiese congelado, no podía ser… no podía ser verdad… no había sido un sueño, la pesadilla me persgeuía… era como si hubiese atravesado el portal del destino y ya no había regreso posible, mi propio mal me perseguía… el mal era yo… la reencarnación de una Diosa de la oscuridad. Pero yo quería seguir siendo yo… eran recuerdos… recuerdos enterrados en mi mente… retazos de vidas pasados o de días anteriores ya no se por que desde que entre en ese palacio de ensueño ya nada volvió a ser normal.

Busque alrededor, busque esos ojos para saber que realmente no lo había imaginado o que era realmente capaz de dar vida a mis fantasías, que podía crear y con ello poner fin a aquella locura, quería encontrar aquellos ojos verdes, ver su fuego y conocer por fin el calor de sus labios y beber de aquel paraíso que prometía poder darme.

Y sin darme tiempo a nada sus manos rodearon mi cintura desde atrás y me giraron, sus dedos se enredaron en el cabello de mi nuca, suspiré y deje que me atrajese hasta su boca de miel, sus labios rozaron los míos y todo aquel mal que anidaba en mí quedo relegado a una ínfima parte de mi alma con la única fuerza de su amor.

- Únicamente tú eres dueña de tu destino Bely.

Su aterciopelada voz en mi oído erizo toda mi piel mientras desaparecíamos de aquel frágil mundo gris surcando las estrellas.

Mi castigo aún no había terminado, y no cesaría nunca hasta que encontrase el modo de romper esa maldición o de encontrar el equilibrio necesario para mantener esas dos mujeres que encerraba en mí en paz.

Una vez de vuelta en la habitación me desplome al suelo, tenía ganas de llorar, no poder recordar todo con exactitud me estaba matando, no saber que era yo también… mal… eso es lo que corría por mis venas, pero conocía los secretos de esa luna, de la sangre… enloquecería, no podía seguir así, debía saber, ahondar en mis raíces. En la complejidad de mi ser…

No, lo que debía hacer era aceptarme tal y como era, vivir… dejarme ir tal y como dijo Mat. Me levante decidida y sonreí, mi mano busco la nuca de Adriene y lo atraje hacía mí, le bese mientras mi otra mano acariciaba el pecho de Erion, quizás ya era el momento de que las fantasías se volviesen realidad, yo las había creado y yo podía terminar con ellas de un plumazo o formar parte, los dedos de Erion desataron el lazo que cerraba mi liviana blusa. Adriene me besaba mientras mi ropa iba desapareciendo y sentía los labios de Etiene en mis pechos, gemí arqueando la espalda y entre abrí los labios mientras me tendían en la cama, sus manos surcaban mi piel con suavidad. El mundo entero desapareció bajo aquellas sabanas dejando paso únicamente al placer de sentir y saberme viva, capaz de dirigir mi vida- El aire se lleno de respiración agitadas y cómplices, de gemidos y suspiros- estaba completa, llena… y por fin me dejaba amar por todos ellos devolviéndoles el mismo sentimiento de plenitud.

Al final de todo túnel acaba habiendo una luz que nos guía cuando no vemos la salida… como un circulo la vida siempre seguirá seguida la muerte.

Al igual que la luna tiene dos caras, también nosotros somos duales, no hay nada blanco o negro… sino personas menos malas…

Nikta

20 de Diciembre de 2009



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