10 de junio de 2010

Caos

Frente a él se alzaba un paisaje desolado, gris, deprimente, de hierros retorcidos y metales medio caídos, avanzo entre edificios ruinosos de donde goteaba un agua turbia, giro quedando frente a un oscuro callejón, el cielo encapotado le daba un toque aún más miserable, ni siquiera la lluvia había logrado arrastrar con ella el olor a restos e inmundicia humana, su bota se hundió en un charco salpicando alrededor. Alzó la vista y vio chisporrotear la electricidad del neón que parpadeaba con letras fucsias el nombre del club, La Morada. El antro ocupaba la pared final del callejón, había restos de carteles arrancados y un cubo de basura medio quemado a un lado, la puerta de titanio negra estaba cerrada, recorto la distancia que lo separaba de esta y pico. Una mirilla rectangular se abrió dio el santo y seña y la pesada puerta se abrió tras el crujir de los cerrojos, apenas vislumbro al portero entre las sobras del recibidor donde lo esperaban unas empinadas y estrechas escaleras que bajan al fondo de la tierra. Fue bajando y sacudió de su chaqueta una gota de agua que se escurría por una de las miles de raíces que recorrían retorcidas la podría tierra que cubría su cabeza, un ciempiés paso raudo metiéndose en un agujero. Se subió el cuello de la chaqueta y continuo con su descenso, al final del pasadizo podía ver como se filtraba una luz azulada, soltó un bufido y entro en la sala semivacía, alrededor de una pista central se repartían varías mesas con butacas, a la izquierda una pista donde varias mujeres bailaban semidesnudas alrededor de una barras y al fondo ocupando buena parte de la pared estaba la barra. El olor era igual de acre y rancio disimulado con desinfectante floral y alcohol. Se acerco hasta la barra y dejo unos billetes sobre la pulida superficie negra transparente como un cristal y puso la mano encima cuando unos dedos iban a coger el dinero. Alzó la vista y espero a que el camarero, un hombre delgado y pálido le hizo una seña, asintió y aparto la mano para el barman pudiese recoger el pago discretamente. Una vez puesto a buen recaudo la ganancia dentro de su armilla puso un posavasos en la barra y le sirvió un vaso con hielo y un liquido dorado, el otro cerró la mano alrededor y se llevo el borde a los labios; tras el oler el contenido dejo caer el liquido en su garganta depositando nuevamente el vaso en la superficie de la barra. Miro discretamente el posavasos que tenía en un bolsillo y miro el contorneo de las mujeres haciendo que el olor a sudor de llegara levemente.

El camarero le hizo un gesto y tras echar una última ojeada a las chicas lo siguió, justo a un lado detrás de la barra se abrió una puerta que se abrió cuando el otro movió una botella y entró tras el barman que echo una ojeada al local antes de desaparecer. Desde luego ese era el sitio perfecto para encontrar lo que buscaba. Torció por unos estrechos pasillos igual de lúgubres y oscuros hasta llegar a una cámara más ancha, con puertas y escaparates a ambos lados, al final del pasillo podía entreverse una sala oval. El camarero retiro la mirilla de una puerta y lo invito a mirar luego lo dejo allí a solas.

El hombre aproximo los ojos y ajusto la visión a la luz que había detrás de la puerta y contemplo la escena que se describía dentro.

Una mujer imponente enfundada en cuero negro sujetaba un flagelo, los tacones de aguja de sus botas torneaban aún más sus esbeltas piernas, tenía unas curvas deliciosas, los pechos firmes y su pelo blanco relució bajo la pésima luz. Sus labios se torcieron en una sonrisa malévola y lasciva cuando hizo restallar el látigo sobre el hombre que estaba encadenado en la pared, desnudo y extasiado pidiendo más a su ama.

Si, era una de ellos, esta vez su búsqueda había dado frutos, por suerte o por desgracias muy pocos sabían que eran ellos, a que raza ancestral pertenecían a los grandes que habían llegado a ser. Cerro la tapa y espero en el callejón a que la mujer saliera. Una vez la vio fuera la siguió con sigilo, la mujer de blancos cabellos pronto se metió en un edificio gris y ruinoso como toda la ciudad, que en algunos puntos apenas conservaba la estructura como una cascara vacía. Subió por unas escaleras de caracol de aspecto endeble que se zarandearon en el aire amenazadoramente con un crujido metálico, subió hasta la altura del segundo piso donde estas colgaban peligrosamente sobre el vacio, la mujer buscaba algo. Pronto algo llamo su atención y bajo seductora por las escaleras como una reina ante su sequito y se deslizo por la barandilla como una serpiente sinuosa hasta quedar iluminada por la luz de la farola de la calle contigua, dejo caer hacía atrás la capucha y dejo ver su cabello recogido en dos coletas de colegiala atadas con unos lazos rojos como sus labios y se llevo un dedos a la boca y sonrió mordisqueándose el labio inferior mientras con la otra mano desabrochaba el boto de su capa que caía al suelo dejando ver un camisón de niña pequeña con volantitos. Sus ojos brillaron fieros con el resplandor anaranjado de la luz. De detrás de unos escombros salió un hombre. Parecía mayor, con calva incipiente y panza prominente, se acerco al hombre y la luz se reflejo en sus gafas, este acarició el trasero oscuro y respingón de la chica mientras le besa el pecho y con la otra mano reseguía su tersa piel oscura con deleite.

La chica le tendió la mano al hombre y con una risa traviesa lo estiró para que la siguiera pero el otro se negó y cogiéndola de la cintura la subió a una repisa y señalo el piso de arriba.

Trepo con agilidad para no perderles de vista pero cuando llego hasta la pareja la mujer cabalgaba sobre el hombre que estaba tendido con la espalda contra el suelo. Podía ver el pecho descubierto de la chica y los volantitos del vestidito sobre el vientre liso de esta mientras subía y bajaba sobre el miembro de él bien erguida con las piernas recogidas a los lados de él dándole la espalda, oída su respiración agitada, se llevo la mano al bajo vientre y la luz de un faro le permitió ver la pequeña mata de pelo blanco de su pubis.

Cuando acabaron ella hizo un mohín y se volvió cara el hombre que resulto ser un joven de pelo corto y negro cortado a cepillo, era atractivo y corpulento de fríos ojos grises.

- Que se la última vez ¿te queda claro? Yo no hago estas cosas – le riñó.

Pero él la atrajo hacia él y la beso con pasión mordisqueando su oreja larga y puntiaguda, se aparto y se puso bien la ropa, se hecho la capa encima y se separaron cada uno por un lado. Volvió a seguirla hasta un edificio de apartamentos y se oculto en un balcón continuó agarrado a la escalerilla de emergencia para tener mejor visión. La mujer entró en el piso y se desnudo dejando la ropa en el suelo y se dirigió a la ducha, el agua caía cristalina por su piel obsidiana.

- Ama ya estás en casa – se oyó el sonido metálico de unos sirvientes domésticos que corrieron a servirla, la joven se tumbo en la cama con las piernas separadas y cerró los ojos dejando que uno de los sirvientes se ocupara de sus necesidades físicas, suspiró y se dejó hacer, la puerta se abrió y a causa de la luz que entraba no podía ver con claridad la figura que había en la puerta.

- Vaya, ya estás aquí.

- Llegaras tarde, vete, Te están esperando.

-Ya voy, tranquila.

Seguía sin poder ver a la otra mujer pero tenía una voz cristalina, menos oscura que la de la otra pero la siguió cuando salió a la calle, si la otra había usado ropas negras y violetas esta creía ver por debajo de la capa que llevaba una tela plateada, y azul, llego al mismo antro y se pregunto si no sería de nuevo la misma chica a al que había seguido, sólo la podía ver de espaldas, entro en una cabina y empezó a desnudarse, sus sensuales curvas le cortaron el aliento, era perfecta, más que la otra, pudo apreciar unos pechos turgentes y firmes, sus piernas largas y torneadas, su piel de ébano, algo más dorada y no tan oscura como la de la otra. Alguien le echo la bronca por el retraso pero ella hizo caso omiso dirigiendo una mirada de desdén hacía donde había salido la voz, sus piro y levanto la mirada al espejo que tenía enfrente y se puso bien el cabello plateado. Llevaba un corpiño ceñido y una faldita, cogió el látigo y abrió la puerta con resignación con una mirada gélida restalló el flagelo y empezó la sesión, el hombre se retorcía de placer.

Le habían dado el soplo que alguien importante había pagado una suma elevada por alguien de allí, y creía intuir quién y por qué. Cuando la chica hubo terminado soltó el látigo y se sentó en el borde del camastro, oculto la cara con una mano que apoyo en su frente. Otra puerta se abrió y entro otro hombre.

- Cíñete a las normas Zak – le advirtió unos de los seguratas que cerró la puerta de tras de él.

El hombre miro con lasciva a la belleza que lo miraba en silencio, serena y con un deje de superioridad, se levanto y dejo que el bruto la acorralara contra la pared, era un tipo enorme, ahora podía verla perfectamente, era una diosa, era tan bella que no podía expresarlo, tenía el rostro más bello que jamás había visto, sus labio carnosos llenos eran como una fruta prohibida y sus ojos, de un violeta claro e intenso brillaban tras una largas y espesas pestañas negras. Supuso que las mujeres eran hermanas pues tenían facciones similares pese a que las de esta eran más delicadas y femeninas, más sensuales y algo más dulces, la piel se le veía más tersa y sedosa. La chica ahogo un suspiro y se quedo mirando justo donde él estaba escondido como si supiera que estaba allí como implorado su ayuda. Los dedos del tipo se deslizaban por su sexo, ella tenso la mandíbula y apretó los dientes apretando la palma contra la pared, si tan solo le hubiese visto la cara… pero el tipo seguía hasta que pareció que a ella las piernas le fallaran y de sus labio entreabiertos se escapo un leve gemido, el sudor perlaba su piel, supo que estaba conteniendo la respiración, y ella seguía con la vista fija en las sombras donde se ocultaba su mirada fría lo sobresaltó, había furia, rabia y… tristeza?, entorno los ojos y dejo que el hombre aguantara el peso de su cuerpo que se rendía a las atenciones con cierto dolor, el dulce olor de su cuerpo llego hasta él, no podía más y se deslizó hasta fuera. Al poco la chica salió del antro y enfilo por el callejón de vuelta al apartamento, estaba buscando la llave, entonces fue el momento ataco, salió de entre las sombras y la acorralo contra la pared. La chica contuvo el aliento y se pego al frío muro.

Él se bajo la cremallera de su chaqueta militar y bajo la capucha para que ella pudiera ver su rostro mostrando unos ojos azul-plateados al igual que su cabello algo largo pero peinado algo de punta aunque algunos mechones caían sobre su frente, tenía un rostro hermoso, de facciones algo finas pero bien definidas, los labios llenos y tenía una complexión atlética y al igual que ellas tenía las orejas puntiagudas y la piel oscura. Sonrió cuando sintió el acero que ella tenía apretado con su vientre, la puerta del apartamento se abrió.

- ¡Deja a mi hermana! – le amenazo la otra mujer con los brazos en jarras y una mirada asesina.

- No te apures Selene, está controlado. ¿Te ha divertido el espectáculo o no has tenido suficiente?

- Ha estado…bien – dijo con una voz sensual y masculina. Soy Adder.

- Eres de la resistencia – dijo Selene aún desde la puerta – Entrad antes de que nos vea alguien.

Entraron y Adder se quito la chaqueta, debajo la camiseta negra marcaba las formas de sus cuerpo que Selene repaso descaradamente con una sonrisa pérfida.

- ¿Y tú eres…? – dejo la frase en el aire para que la otra joven se presentara mientras agradecía un vaso de agua fresca a Selene.

- A ti que te importa – lo miro despectiva y se metió en su habitación.

- Disculpa a Nikta, esta… un poco irascible. Iré a preparar algo para cenar. Supongo que tendrás que explicarnos el motivo de tu aparición – sonrió irónicamente desapareciendo en la cocina.

El apartamento no era muy grande, pero era acogedor y estaba limpio, oyó correr el agua en el baño y se imagino a Nikta bajo el agua y no pudo reprimir un cierto rubor, se sentó despreocupado en el sofá y se giro cuando Nikta apareció y se apoyo en la pared mirando por la ventana con aire ausente. Llevaba un ligero vestido morado y vaporoso que dejaba entrever su perfecto cuerpo, pero sus ojos rebelaba una profunda tristeza.

Cenaron en silencio y Nikta conociendo a su hermana se fue pronto a su habitación, puso música y los dejo.

Sabía que al poco estarían en la cama y no se equivocó, se había levantado a hurtadillas y espiaba por el resquicio de la puerta como su hermana a horcajadas se abandonaba al placer, ladeo la cabeza y contemplo el rostro del chico, era atractivo, mucho… si hubiese querido hubiera podido unirse pero ella no. Suspiro en silenció y recorrió el cuerpo de él, sentía sus caricias, y sus ojos clavados en ella, se había dado cuenta, entreabrió los labios y contemplo como poseía el cuerpo de su desenfrenada hermana. SE recriminó a sí misma y se dio media vuelta pero seguía viendo como las manos de él acariciaban la piel de Selene.

- Mi hermana es la preferida del gobernador… la quiere comprar- dijo Selene con el codo apoyado en el colchón y una mano en la cabeza mientras soltaba una bocanada de humo y le pasaba el cigarrillo de Adder.

- Ya – dijo tras acabar de ponerse los calzoncillos y tumbarse con los brazos tras la cabeza en la cama.

- Bueno a que has venido.

- Es obvio ¿no? A reclutaros, hay que volver a ser una fuerza, quedamos pocos de los nuestros…

- Y menos mujeres claro.

- Sólo dos aparte de vosotras. Y no…

Selene rio abiertamente y dejo que sus dedos se deslizasen sobre el pecho de Adder arañándolo suavemente con las uñas.

- Desde que la guerra estalló y ese tipo atrapo la esencia vital en el orbe todo se ha convertido en nada, cada día que pasa la desolación es peor. La poca gente que queda ha cedido a sus bajas pasiones, se limita todo a la supervivencia, meros instintos. No es ni siquiera caos, es dejadez, a nadie le importa nada, si está bien o no, cada vez hay más geste mutilada, más engendros generados por la radiaciones, mutaciones, agresiones, no hay apenas nada para comer y ya no existe el agua como la recordábamos.

- Todo eso ya lo sé cielo. Ves al grano.

- Tu hermana es la última esperanza que nos queda, que tiene el mundo en sí. Ha de volver la luz, en todo caos hay un equilibrio frágil que debe mantenerse.

- ¿Cómo lo supiste?

- Llevo mucho tiempo recorriendo este…basurero, observando, esperando hasta que escuche un soplo que me trajo aquí. Sólo tuve que verla.

- Eres más de lo que dices.

- Y tú sabes más de lo que quieres hacerme creer.

- Bueno querido – sonrió maliciosa – Te va a costar despertar ese parte de ella.

- Aún hay esperanza.

Selene rió con amargura.

- Si claro… quien nos ha visto y quién nos ve… - suspiro – nuestra orgullosa raza de vuelta a los origines. Varones…

- Bueno tampoco os fue tan bien con ese tipo de sociedad.

- No – murmuró mirando al techo donde correteaba una araña- ¿Sabéis quien fue y donde esconde el orbe?

- Sí. Hay que actuar rápido. El tiempo apremia el colapso está a punto de llegar, el universo ya ha empezado a resquebrajarse. Es hora de devolver la esencia vital al mundo.

Se levanto desasiéndose de los brazos de Selene y miró por la ventana, una alarma resonó a lo lejos y un mini androide volador se paro no muy lejos de la ventana por donde miraba, con su rayo rojo dio un vistazo al asqueroso barrio y con un fogonazo de luz que le obligo a cerrar los ojos hizo resonar su metálica voz.

- Se inicia el toque de queda, disponeos a la ensoñación – dejo escapar una bola de su interior y se alejo, al minuto una explosión sacudió el edificio y una lluvia incandescente caía en el exterior, los ruidos cesaron, todo vida se extinguía, la ciudad era tan sólo un mero recuerdo, un fantasma de tiempos mejores, a Adder le recordó una pesadilla.

A él no le afectaba ya aquel inhibidor que soltaban os androides del gobernador, pronto acabaría con todos ellos, miro los amasijos deformados y retorcidos como arañas aplastadas y apretó el puño con rabia, en parte toda esa locura fue culpa suya. Tenía que remediarlo, en la cama Selene parecía dormitar como una tímida aparición, sabía que realmente era tan ajena como él a los efectos de la explosión narcotizarte pero salió de la habitación sin hacer ruido. Se sentó en el comedor a oscuras y echo un trago a la botella de lo que se suponía era cerveza y se sentó mirando la pantalla sin vida del televisor.

- ¿Quién eres tú?

La voz de Nikta lo saco de sus cavilaciones, oyó un zumbido que se aproximada rápidamente al edificio y de un salto paso por encima del sofá y la aplasto contra la pared tapándole la boca con la mano, la luz del ojo del robot inspeccionó la estancia resistiéndose a marcharse hizo una nueva pasada y luego desapareció.

Adder apartó lentamente la mano de la boca de la chica mirándola fijamente pero no se separó su cuerpo del de ella que lo miraba intensamente.

- No se trata de mí, sino de ti.

- Es como si te conociera de siempre pero o te reconozco – susurro a su oído.

Adder sonrió levemente con una punzada de dolor y aspiro el perfume de la piel de ella, sin darse cuenta le puso la mano en el hombro y la otra en la cintura, dejando el rostro muy cerca del de ella. Nikta se sentía desfallecer.

- Nikta…

- Tu voz, tus labios, tu olor… - dijo observando el movimiento de la boba de él.

- Si, recuérdame – suspiro con un hilo de voz deslizando sus dedos por la suave piel de la chica que tembló ligeramente.

- ¿Qué queréis de Selene?

- ¿De Selene? – La miró confuso – De vosotras. Necesitamos vuestra ayuda.

- ¿Y por que tendríamos que ayudaros?

- Vamos Nikta. ¿Quieres morir en esta cloaca? ¿Quieres seguir viviendo así? Esto no es real.

- ¡Si lo es! ¿Qué os debemos, que vais a hacer por nosotros? No podéis hacer nada – lo miro airada, apartándolo.

- Ya lo hemos echo, sois libres.

- ¿Qué? – Lo miro perpleja – Eso no es verdad.

El asintió volviéndose hacía ella de nuevo pues le había dado la espalda.

- Si lo es, no tienes que volver a ese antro.

- Pero seguimos sin ser libres. Esto es una cárcel, esta… muerto.

- Ayúdame a que vuelva a brillar el sol, podemos hacerlo Nikta… contigo podemos.

- ¿Con migo? – lo miro con el ceño fruncido y un mohín delicioso en los labios.

Negó con la cabeza y se metió en su habitación donde él la siguió, se sentó sobre la cama y acarició un bulto oscuro que había bajo a sabana hasta que pudo apreciar unas orejitas, una cabeza… era un gatito que se acurruco en la falda de Nikta mientras esta seguía acariciándolo.

Ella miró a Adder y luego un rincón de la habitación, él siguió su mirada y se asombro al ver dentro de una especie de mini invernadero una rosa roja, perfecta, brillante y viva.

- Sigues teniendo la esencia. Sólo tú puedes ayudarnos, Selene lo hará.

El miércoles hay una recepción en el palacio del emperador, tú estarás allí la noche anterior…

Ella lo miró contrariada una vez más.

- Entonces sigues mintiendo, no habéis comprado nuestra libertad.

Adder soltó la cadena que llevaba al cuello y de una de las placas saco unos documentos, eran la libertad de ambas mujeres.

-No me hagas ir allí – lo miró con tristeza. Selene…

- No, Selene no puede hacerlo, a ella la necesito conmigo para conseguir recuperar el orbe y tú lo sabes, sólo tú puedes hacer esto, sólo te desea a ti no ha Selene. Esta vez no quiere veros a las dos montároslo, siempre lo has sabido, sólo existes tú para él. Puedes hacerlo. Esta será la última vez…

- No sabes lo que me pides.

- Si lo sé, crees que no me di cuenta de cómo intentabas evadirte de tu cuerpo, de tu mente cuando aquel asqueroso te… ¿crees que no me duele, que no me molesta?, le mataría encantado, vi tus ojos, como intentabas negarte pero tu cuerpo te traicionaba… no hay nada de malo. Si no fuera necesario no te lo pediría.

- ¿Qué intentas venderme ahora Adder? Que te voy a importar yo.

Él se mordió el labio y chasqueó la lengua y la tiró sobre la cama se colocó encima y le aprisionó las muñecas. Ella lo miro fijamente con una mezcla de odio y frialdad en la mirada.

- ¿Qué vas a hacer ahora? – Lo retó amenazadora - ¿Vas a pagarme al menos?

Apretó más las muñecas de Nikta que hizo una mueca intentando soltarse.

- Te vi con Selene.

- Ella no me importa. Ambos teníamos nuestras necesidades, siempre has sido tú Nikta.

- ¿De qué hablas?

Él le rozó los labios con los suyos, la calidez de estos hicieron que ella involuntariamente los abriera levemente, Adder la besó y algo atravesó el pecho de Nikta sacudiéndolo de arriba abajo, abrió los ojos desmesuradamente y luego se fundió con la lengua de él, cerró los ojos y le devolvió el beso con una pasión que desconocía, sentía que algo en su corazón se rompía, su interior se desprendía del hielo como un río impetuoso. Él se aparto y le rozo el cuello con los labios ardientes, un estremecimiento le recorrió la piel y arqueó la espalda.

- Mañana escribiremos la primera página de una nueva era, todo volverá a su sitió, este lugar no nos pertenece Nikta – susurro en su oído mordisqueándole el lóbulo. Luego se sentó y la miró con sus infinitos ojos.

- Te conozco…

- Te falle una vez, jamás volverá a ocurrir. Sólo existes tú para mí.

- Selene…

- No te preocupes por ella, lo que una vez fue ya no existe. Duerme…

La mañana se despertó lluviosa, ambas lo seguían por las cloacas hasta la base de encuentro, Adder entro primero por la trampilla, lo oyeron hablar con alguien y luego les abrió la puerta para que entraran, dentro de la pequeña sala iluminada por una luz rojiza había lo que quedaba en aquella parte de los de su raza, serían unos ocho varones y tres mujeres, una de pelo pelirrojo y rizado y otra de pelo oscuro con alguna hebra blanca, no eran hembras puras como ellas, y la pelirroja estaba inmadura. La tercera sí era una descendiente de elfos oscuros, de pelo blanco y ojos rojizos, alta y de complexión dura que las miraba por encima del hombro.

Selene pudo leer el deseo y la lujuria en los ojos de ellos, si la lascivia era fácil de ver y era comprensible en la situación en la que estaban, por suerte ella era una hembra y tenía autoridad sobre ellos y aún podían ser peones si ella lo quería. Adder los presento y tras extender un mapa sobre una ruinosa tubería desgrano el plan y lo que debía hacer cada uno de ellos.

Tal y como había dicho Adder, Nikta fue llevaba al complejo del embajador, un vehículo aéreo la había ido a buscar, una vez allí se dejo limpiar y se puso la escasa vestimenta que le dejaron. El embajador la esperaba en su gran trono hecho de hierro ennegrecido y restos de hueso y calaveras, ella lo miro inexpresiva y se acerco hasta el, un sirviente le entrego la cadena al hombre que complacido cerro la mano sobre la argolla que habían depositado en su manaza, la estiro e hizo caer de rodillas al suelo a Nikta, que lo miró con rabia.

- Ven gatita, acércate – rió apartando la capa que cubría su piel rojiza dejando al aire una tripa prominente y las marcas de los tubos de alimentación de aquel ser entre humano y vete a saber qué.

Adder apretó los dientes y se tranquilizo cuando Selene le puso una mano en el hombro, estaban sobre la sala, dentro de los tubos de ventilación llenos de parásitos pero momentáneamente desprovisto de sensores que los delataran.

- No puede poseerla como querría, la emperatriz le tiene prohibido meter el pajarito en nidos ajenos, sólo diversión superficial. Sigue adelante, no la mires.

No quería mirar pero era incapaz de apartar la vista de la perfección del cuerpo de ella, de su aura. Nikta estaba frente al embajador, los pómulos le caían de la mejilla como dos bolas de grasa y tenía los labios azulados y el rostro surcado de arrugas, las manos gruesas y rechonchas acariciaron la cabeza de ello da una forma desgarbada. Tiro de la cadena para que ella cayese sobre él y de forma ruda hundió la cabeza de Nikta entre sus piernas por donde asomaba su miembro henchido, Nikta apoyo las manos en las rodillas de él para no caer y afianzo las rodillas en el suelo, sus labios se cerraron sobre esa cosa y deslizo su lengua mientras sus dedos ásperos le acariciaban los pechos con gula. Cuando volvió a mirar la cara del hombre era más joven, no tenía arrugas sino un rostro anguloso, masculino, donde antes no había pelo ahora lucía un pelo negro como el abismo cortado a cepillo y como engominado hacia arriba, no era desagradable sino que podría decirse que era un hombre apuesto, los brazos rechonchos eran ahora poderosos y musculosos todo su cuerpo había recuperado su aspecto verdadero.

Nikta se aparto y sentada en el suelo lo miró algo descolocada.

- Te gusta mi aspecto, querida… espero que así sea por qué vas a ser mía por mucho tiempo – rió y se levanto del trono con su miembro apunto.

Nikta se estremeció sabía que algo estaba ocurriendo, algo había cambiado y quizás esta vez ya no podría hacer nada, o lo mataba o se sometía. Ahora que lo pensaba la emperatriz no había ido a visitarla ni un momento mientras estuvo en palacio y eso que siempre iba a saborear su sexo, ella era así, era su juguete también, la emperatriz prefería las mujeres hermosas para sus juegos amorosos…

- Estas destinada a ser mía, te anularé como acabé con el sol y la magia.

Levanto la cabeza y siguió mirándolo azorada, el corazón amenazaba con salírsele por la boca, un escalofrío le recorrió la espalda, no podía ni gritar… sentía un aura incipiente que crecía alrededor de él, poderosa, inmensa… y la aterraba y la atraía a la vez. Se acercó a ella y la alzó del suelo.

- Tu eres mi concubina – la giro pegándola a él por la espalda y señalo a lo alto de un arco donde descubrió la cabeza de la emperatriz, se tapo la boca y se estremeció al percibir la risita sarcástica de él cerca de su oído y deslizo sus dedos por los muslos de Nikta y pronto acariciaban su sexo – Siempre le gusto mirar – rió y prosiguió con su exploración por el cuerpo de ella.

Nikta sintió un mareo, la embriagaba, veía sus ojos negros clavados en su nuca, la atraía, quería resistirse pero su cuerpo empezaba a reaccionar ante el tacto de aquel nuevo ser, atractivo, poderoso… tan fuerte,

La sentó sobre él con facilidad con sus brazos como si fuese una pluma, la humedad de Nikta le hizo sonreír complacido, acarició su verga y tras colocarla en la posición adecuada empezó su juego, deslizaba a Nikta sobre la superficie de su enorme y henchido miembro que palpitada ante el roce del cuerpo y la humedad de Nikta, siguió hasta hacerla estremecer, hasta que no pudo ahogar más gemidos, se mordió el labio incluso haciéndose daño, pero no pudo aguantar grito de placer, él la dejo en el suelo y lamio su sexo palpitante, saciado eyaculo y se fue cerrando la puerta tras de sí.

Nikta lloro de rabia, se levanto y se marcho a casa por fortuna y se metió en la ducha lavándose sin parar. Adder entro en la ducha cuando ya empezaba a sangrarle la piel a Nikta que tenía la mirada ausente y los ojos rojos. La zarandeo y la cogió entre sus brazos sacándola del agua y la llevo a su habitación dejándola sobre la cama mientras apartaba de sus cuello los brazos sin fuerza de ella. Sin importarle sus propias heridas, habían muerto varios muchachos por conseguir rescatar aquella esencia perdida peor valía la pena el dolor y el sufrimiento, era la última gota de aliento del mundo, de magia… No había sido fácil, habían luchado como leones, pero ella se había impuesto, los había salvado sin que lo supiera.

- Nikta…

- ¿Lo tenéis? – pregunto fríamente.

Le cogió la cara entre las mano y la beso luego saco algo de un bolsillo y lentamente retiro el paño que lo cubría, un orbe lleno de una luz brillante de color se agitaba dentro. Nikta se sentó tiesa como un ajo y alargo las manos al orbe, la energía estallo entre sus manos y un rayo le cruzo el pecho, vio fundirse el orbe dentro de su cuerpo, un calor abrasador la recorrió entre temblores, perdió el control de su cuerpo y su mente y luego se desplomo sobre el colchón. Adder no podía per más tiempo, sabía que el emperador no tardaría en llegar y tenía que hacer despertar a Nikta antes de que fuera demasiado tarde…

Nikta se vio frente a Selene.

- Hermana…

Selene sonrió y tras besarle en los labios se fundió como un espíritu dentro de su cuerpo, eran una sola, siempre había sido ella, y Selene había sido una tabla de salvación para no estar completamente sola y perdida, su mecanismo de defensa para sobrevivir se había activado. Abrió los ojos con dificultad y parpadeo tratando de enfocar la vista en varias ocasiones, Adder estaba frente a ella. Lo oía lejano pero su voz era confortante.

- Cariño, es hora de volver a casa… despierta.

- A casa… - murmuro dejando que los labios de Adder acariciaran cada poro de su piel, se dejo amar por él, sus manos, sus dedos en su interior, agiles, certeros, suaves… conocían cada poro de su piel, no tenían nada que ver con los de los otros, le deseaba, lo amaba desde hacía milenios lo sabía, lo sentía, le dejó entrar en ella, la llenaba y la amaba como únicamente él podía hacer, gimió abandonada al placer mientras miles de recuerdos confusos giraban en su mente.

- Has estado mucho tiempo perdida amor, te echaba tanto de menos, deseaba tanto este momento… recuerda, te sumiste en un estado de tristeza, de melancolía, en un sueño oscuro, robaron nuestra esencia.. Nos traicionaron. Te hirieron, te alejaron de mí. Despierta Nikta. Diosa del caos, devuelve al mundo la magia perdida, volvamos a casa esto es sólo una cárcel de tu mente…, libérate. Es hora de devolver al mudo… la vida.

Una explosión de luz recorrió el mundo, las sombras se fundieron…

De nuevo un nuevo resurgir…


Nikta


Pd: la coincidencia del nombre con el nick es mera coincidencia, es todo ficción y no tiene nada que ver con mi nick.


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2 comentarios:

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