19 de junio de 2010

Almas Perdidas


En una noche eterna, una simple caricia puede cambiarlo todo…

¿Qué era ese ruido? Era algo sordo y lejano pero poco a poco se iba acercando, clic, clic… era un goteo lento y denso.
Los parpados se me movieron, sólo era un residuo… una especie de sueño velado entre la consciencia y la inconsciencia, pero el dolor sí seguía allí. Era un dolor insoportable que me desgarraba por completo y me atravesaba como miles de cuchillos ¿Acaso estaba muriendo? Mi voz sonaba en mi cabeza apagada y confusa, no entendía nada, no podía moverme, todo era borroso e incomprensible hasta que de nuevo… todo fue oscuridad una vez más.
Mi mejilla sentía algo frío y áspero debajo, parpadeé y temblorosa me senté en el suelo embotada, era como estar drogada o algo así. Me estremecí aún dolorida, tenía el cuerpo entumecido y extraño. Algo le pasaba a mi cuerpo, a mí… trate de enfocar parpadeando otra vez y tuve que apretarlos cuando la luz de una farola lejana daño mis sensible ojos, me los froté y me obligue a mirar alrededor, no sabía dónde estaba, era incapaz de reconocer el lugar gris y deprimente. Pero cuanto más miraba más extraño era todo, era como ver de nuevo con otros ojos. Era capaz de apreciar colores y matices imposibles. Me levante y di un paso vacilante ¿Por qué era incapaz de recordar nada? Lleve mi mano a mi frente pero no halle ninguna herida, me acerque a un charco y vi mi imagen reflejada. Seguía siendo mi cara, dulce, redondeada y algo fría. Esos que resplandecían intensamente eran mis ojos verdes y aquellos también seguían siendo mis mismos labios llenos y suaves pero a la vez era como si fuese otra persona. Pero no… aquel era mi cuerpo y esas mis cuervas, si movía la mano la imagen hacía lo mismo pero me sentía distinta y aquel dolor… No, no era exactamente dolor, era hambre. Hambre punzante y atroz ¿Qué me había pasado? Mi vista recorrió nerviosa aquel reflejo de mí, el pelo me caía tan negro y liso como siempre pero esa ropa… ¿Qué hacía sólo con una especie de camisola? Mis piernas largas y torneadas quedaban al descubierto hasta las caderas, me cogí la punta de aquella prenda y la sujete por delante para intentar cubrirme un poco más ¿Qué hacía allí así y donde era allí? Una punzada de dolor me taladro la cabeza y de nuevo el hambre se adueño de todo mí ser como una ola impetuosa. Apenas podía razonar, por instinto camine y salí de la callejuela. Un olor delicioso capto toda mi atención acrecentando de un modo doloroso aquella hambre voraz… sólo había hambre.
No sabía que hacía, era algo instintivo… pero cuando pude pensar con un poco de claridad vi que estaba siguiendo a un chico, en su mano derecha llevaba una bolsa, pero el sabroso olor no venía de allí sino de él, de algo que latía bajo su piel… mi cuerpo se tenso y se preparo… ¡¿Qué demonios ocurría?!

Nikta


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