8 de mayo de 2010

June

June era incapaz de conciliar el sueño, estaba demasiado nerviosa y su mente agitada no para de darle vueltas a todo. Algo estaba sucediendo y tenía que averiguarlo, cuando algo a recomía por dentro no podía parar hasta tenerlo bien resuelto y controlado. Y encima estaba Lúa… necesitaba ir al archivo, tenía que releer los libros. Se levanto con tal ímpetu que hasta las sabanas se movieron. Cogió otro odioso modelito de niña y se vistió ¿es que no podían hacer vestidos decentes y a la moda para niñas? La época de las princesitas estaba más que pasado pero claro… una criajilla medio adolescente con según que llamaba demasiado la atención. Odiaba tener que comportarse como una mocosa ante el mundo humano. Abría tantas cosas que no podría hacer nunca…

Los ojos se le humedecieron y con rabia apretó los dientes pegándose a la pared de su habitación tras haber ojeado desde la rendija el salón. Se le rompía en parte el corazón al verlos ahí el uno en brazos del otro. Ella no podría pasar de eso, su cuerpo no estaba preparado para ciertas cosas. Era tan difícil fingir que todo estaba bien y que era una niña normal… suspiro pasándose la mano con rabia por los ojos de una sola pasada y salió cogiendo aliento. No podía reprocharle nada a Andrei pero aún así le dolía esa pequeña traición, él la quería peor no podía ser del modo que ella necesitaba, de todos modos siempre estaría con él, él era su padre, su hermano, si amor y todo lo que su mundo conocía y la conectaba a la cordura. Andrei calmaba su sed de destrucción y odio. Se paro en medio del salón y los miro con una queda sonrisa tierna.

- June – levanto la cara medio dormido él.

Estaba preocupado por ella y June lo sabía, podía compartir con él lo que sentía así que tenía que ponérselo fácil, no era culpa de él así que se tragaría su propio sufrimiento por ellos y por ella misma. Se había prometido ya hacía mucho tiempo que ella no lloraba, tenía que dejar de sentirse así no lo soportaba.

- ¿Está todo bien? Yo… no se… como manejar todo esto.

- Ay Andrei – sonrió ella de forma radiante, era sincera – No has de preocuparte, me hago cargo – le acaricio la mejilla - ¿Y no crees que deberías llevarla a la cama en vez de seguir aquí en el suelo? – le guiño el ojo haciéndole enrojecer.

Él asintió y cogió a Lúa entre sus brazos levántandose.

- ¡Hombres! – puso los ojos en blanco ella teatralmente – Anda ves.

- ¿Dónde vas?

- - Necesito hacer unas cosas, ya sabes que sino no parare.

Andrei asintió aún cara de no tenerlas todas.

- - Tendre cuidado, deja de torturarte de una vez.

- - Gracias June.

Ella lo miro fijamente y sonrió levemente apoyando su cuerpecito contra el mueble.

- - ¿Y como ha sido?

- Sentir a Lúa ha sido como ver el cielo. Es imposible de expresar, es como si todo este tiempo hubiera estado muerto sin ella ¿cómo he podido estar sin esto? Pero hay algo más June… Sé que debo recordar algo importante pero no lo consigo... no hay nada salvo oscuridad. Es tan extraño – frunció el ceño contrariado.

- Id a descansar, almenos que lo haga alguno de los tres – suspiro y dándose la vuelta salió por la puerta aún con el corazón encogido.

No perdió ni un segundo más y fue directa hacia la mansión que ocupaba Cyrus, cruzo la verja y atravesó el jardín aún envuelto en una densa bruma, la humedad se pegaba a su piel dejando miles de gotitas en su cabello. Pico a la puerta y sin mediar palabra se deshizo del mayordomo subiendo directamente la escalinata, nadie le impediría llevar a cabo lo que tenía en mente.

Como siempre no tardo en encontrar a Cyrus, este estaba aún tendido en el diván de piel roja con una mano tras su cabeza y la otra sobre la copa que tenía medio volcada sobre el suelo. Un regerillo de sangre resbalaba aún provocadoramente de la comisura de sus sensuales labios. Sus ojos igual de oscuros que su cabello se fijaron instantáneamente en ella tan buen punto irrumpió como un huracán en sus aposentos. El mayordomo justo llegaba resollando a la puerta donde se apoyo.

-

--- - Sr. Intente detenerla pero…

- No hay problema George, puedes retirarte – se sentó dejando las manos entre sus largas piernas – June, June… querida tu presencia es abrumadora, te sentí llegar desde la esquina.

Su camisa blanca con puntillas en los puños era como siempre impecable así como el chaleco rojo que llevaba por encima, y las botas negras iban a juego con los pantalones. June se obligo a relegar la impresión que le causaba siempre ver a aquel hombre y alzó el mentón decidida.

- Quiero ver los libros – dijo secamente.

- El archivo esta siempre abierto para ti June.

Ella se giro una vez dicho eso y se encamino hacia hacía la enorme sala que hacía de biblioteca.

- ¿Qué puede ser tan importante que no pueda esperar a mañana?

La voz de él la detuvo enseguida, su tono era suave y elegante como escondía cierta suspicacia, Cyrus era alguien venenoso y atrayente… demasiado. Era realmente cautivador y suspicaz, había que tener mucho cuidado con él.

Cyrus sonrió cuando tuvo de nuevo la atención de la vampiresa y sirvió dos copas más tendiéndole una a June que trago nerviosa.

- Es excelente – la miro fijamente Cyrus moviendo su copa haciendo que el olor dulzón y metálico de la sangre impregnase el lugar - ¿Qué buscas exactamente June?

- Muy curioso estas hoy Cyrus ¿A qué debo ese honor? – se sentó en el lugar que le indicaba este cruzando sus piernas.

- Querida… son muchos años ya… - volvió a clavar su penetrante mirada en ella.

¿Había algún mortal capaz de resistirse a esa tentación de Cyrus?

- Siempre vienes aquí por tres motivos: Andrei, diversión o necesidad de conocimiento.

- Pues si ya lo sabes ¿a qué viene esta charla? Es tarde y me gustaría ponerme a revisar unos manuscritos sino es mucha molestia.

Cyrus enarco la ceja estudiando a su interlocutora y ella se llevo la copa a los labios. Él parecía saber de antemano que ella iría allí, ni siquiera se sorprendió, sabía algo…

- ¿No puedo disfrutar de tu compañía querida?

- Tienes distracciones mejores que yo – se levanto con un bufido dejando la copa sobre la mesita de cristal.

- Pero no tan deliciosas y hermosas como tú.

- Por favor – puso los brazos en jarras June – Ve a otra con ese hueso, no soy estúpida.

- Lo sé – dijo apoyando la espalda en el respaldo, las sombras lo envolvieron de forma inquietante.

June se giro y fue de nuevo hacia la puerta y él volvió a hablar con una voz aún más profunda.

- El libro que buscas está vetado a ti June.

Ella se detuvo en seco aún dándole la espalda y sus centellearon. Cada vez le gustaba menos todo aquello, el mayordomo se acerco y ella lo fulmino con la mirada, como se acercase le rompía el cuello… levanto la cabeza en absolutamente silencio y se alejo hacia la biblioteca con el único eco de las pisadas de sus zapatitos dentro de aquel frío y enorme lugar.

Por fuerza algo tenía que haber en alguno de los manuscritos ¿Qué era lo que tan celosamente guardaban y que no querían que ella supiera?

Continuara….

Nikta

1 comentario:

  1. vaya, tanto misterio me tiene en vilo... yo también necesito leer ese libro jeje. Me inspira mucha ternura el personaje de June, ya lo sabes, pobre alma adulta encerrada en cuerpo de niña, y que creo yo que es la más responsable de los tres... sigue en ello querida.
    Besos

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