17 de abril de 2010

La Felicidad perdida

Andrei observaba de nuevo aquella chica, ya hacía días que lo hacía y siempre de entre toda la multitud iba a parar a ella, no sabía muy bien porque pero tenía algo que lo atraía como a la polilla la luz y su ser estaba completamente vetado para él. No podía acceder a ella ni leer en sus ojos y mucho menos en su mente! Cosa que lo inquietaba sobremanera.

Sintió un leve tirón en la manga de su chaqueta y bajo la vista hacia June, ella era una criatura tan hermosa, casi parecía una muñeca antigua con sus tirabuzones rubios y perfectos, sus rosados labios menudos y fruncidos en aquel mohín delicioso y sobre todo aquellos enormes ojos azules… sí para el resto del mundo ella no era más que eso, una preciosa e inofensiva niña tan solo si se parasen a observar sus gestos, su forma de mirar y hablar sabrían cuan equivocados estaban, aquella ya había dejado de ser una niña muchos años atrás…

- Otra vez estas distraído Andrei ¿Qué te ocurre? – lo miro ella con su pálida y pequeña mano en la cintura y el ceño fruncido.

Estaba claro que estaba disgustada y de no muy buen humor. A veces aquella mujer en miniatura podía ser una caprichosa insoportable pero era el precio por haberla malcriado durante todo aquellos siglos. Se froto las sienes cansado y apoyo la mano en la farola que tenía a su derecha dejando que sus ojos volvieran a fijarse en aquella sublime figura.

- ¿No estarás pensando en… - no termino la frase ella abriendo mucho los ojos, tomo aire y cerro los puños en un ataque de furia - ¡Ah no!

- No puedo ver absolutamente nada – dijo él por toda respuesta y ella suspiro siguiendo su mirada.

Se puso a su lado y su aniñado rostro se ensombreció, estaba claro que también sentía curiosidad y estaba estudiando bien afondo a aquella desconocida, frunció los labios molesta y volvió a cogerle del brazo.

- Tengo hambre Andrei, vámonos ya.

- Mi preciosa June – le acarició la mejilla - ¿Por qué te sientes amenazada? – la miro ocn una tierna sonrisa en los labios.

June siempre había sido una chica posesiva pero no celosa, no entendía porque entonces aquella reacción a menos que… ella viera algo más que a él se le escapase. Ella volvió a suspirar y se aparto de su mano medio dándole la espalda.

- Andrei, tú necesitas una compañera, la clase de compañera que yo no podre ser nunca. Y siento lo mucho que la deseas, no puedes ocultarme te conozco demasiado bien querido mío.

Él la miro en silencio intentando asimilar sus palabras y volvió a mirar a aquella joven de aspecto triste y soñador y apretó los dedos alrededor del metal de la farola.

- Si no lo haces tú lo haré yo, almenos ese será el único regalo de verdad que podre hacer por ti.

- ¡No! – la cogió por los hombros sacudiéndola.

- Pues entonces se un hombre y acércate a ella. Háblale y dale la oportunidad que elegir a tu propuesta, que te conozca y no te quedes aquí parada observándola con el anhelo de poder sentirla.

Andrei asintió y volvió a mirar aquel banco donde se había sentado. La luz de tímida luna la envolvía de un modo mágico, tenía algo tan especial. Por fin tomo aire por inercia y se acerco con pasos decidido, los ojos de la chica se prendieron enseguida en los de él, se levanto cuando estuvo a un solo paso y una delicada sonrisa asomo a sus labios de princesa.

- Te esperaba – lo recibió la suave voz de ella.

Su risa cristalina lo hizo estremecer, la acerco a su fría piel y le aparto el cabello de la frente.

- Pero yo soy la oscuridad… ¿Cómo puedes elegirme a mí? ¿Porque? – frunció el ceño con cierto dolor.

- Porque siempre has sido tú Andrei. Todos somos oscuridad.

Él la abrazo aspirando su delicado perfume, era cierto que la deseaba, tanto que era como volver a morir. Quizás quien había estado tan perdido no fuera ella sino él mismo, su corazón latió y por fin… sonrió al recordar aquella cálida sensación…

Nikta

1 comentario:

  1. eyyy supongo que no lo dejaras aqui eh, porque ahora no puedes dejarme asi... jejeje. Ese Andrei tiene ese algo que me vuelve loca, un toque de misterio perverso y noble corazon. Estrújate la cocorota porque quiero más. Besos

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