21 de abril de 2010

Bajo la luna

Como siempre examino la cafetería en la que entraron una vez sentados y espero con el mentón apoyado en la mano mientras con la otra hacia tamborilear sus dedos sobre la mesa.

- ¿Y son ciertos eso rumores de que están habiendo cambios en el consejo?

- Eso parece.

June enarco la ceja pensativa. Aquello le gustaba cada vez menos, tenía razón entonces para estar alerta, hacia días que estaba inquieta ahora sabía el motivo.

- ¿Están aquí, verdad?

- Tuche querida.

Ella apretó los dientes y desvió la vista de nuevo hacía Iser que seguía observándola como si fuera la presa ¡¿quién demonios se creía que era ese?! La ponía nerviosa. Hitch sonrió divertido y miro de forma cómplice a su compañero que se recostó contra el respaldo del sofá cruzado las piernas y dejando el brazo sobre el cabezal con aire malicioso. Parecía que no tenían mucho más que decir por el momento…

Andrei se perdió una vez más en la profundidad de esos ojos verdes y suspiro derrotado, sabía que esta vez no podría luchar, así que la tomo de la mano y sin mediar palabra anduvieron hacía el edificio de estilo neoclásico que ocupaban. La hizo pasar con un elegante gesto y siguió observando como ella contemplaba todo lo que la rodeaba. Seguía sin poder captar absolutamente nada de ella, era como chocar contra un muro, intento un vez encontrar un buen motivo para no hacer lo que deseaba pero no puedo. El instinto se anteponía a la razón porque iban unidos a un deseo mucho más intimo e intenso que la de no hacerle a ningún lo que a él.

- ¿Cómo sabes que soy? ¿Por qué quieres esto? – volvió a preguntarle - ¿Cómo puedes parecer tan absolutamente segura de esto?

Ella sonrió tenuemente y abrió el ventanal saliendo a la terraza, la brisa meció con suavidad sus cabellos llenándolo con su aroma.

- ¿Y por qué te parce a ti tan descabellado? – volvió el rostro hasta él que apoyo las manos en la barandilla a su lado – Entiendo tu postura Andrei y te juro que he sopesado miles de veces los pros y los contras, como lo sé… lo siento desde siempre, es mi destino. ¿Sabes cuantas personas desean en realidad esto? Cuantas deseas no desaparecer sin dejar rastro, sin que nadie las recuerde… morir es algo que muchos evitarían a toda costa – él la escuchaba en silencio mientras ella miraba la tímida luz de la luna que se filtraba a través de las raídas nubes – Ahora dirás que no saben lo que dicen, que tienen toda la vida por delante, que todo tiene un final, que esto no es otra forma de muerte quizás mucho peor, el hambre, al sed constante… el vacio… contemplar pasar los siglos… es sencillo querer saber sobre lo que no conoces y es distinto a ti.

Andreí no pudo más que soltar una leve risita ahogada, al contrario de lo que le pasaba a él ella sí parecía leer en él como un libro abierto, había usado hasta sus propias palabras. Sabía entonces cual era su debate interno y si quería podía refutárselo. Parecía que allí no cedería ninguno de los dos.

- Eso no responde a cuáles son tus motivos.

- ¿A de haber un motivo? ¿Es que nunca te cansaras de querer saber? – lo miro con una sonrisa cansada y un suspiro – Tú… no me recuerdas, pero yo vida tras vida sigo viéndote sin poder tenerte ni hacer nada. Sólo habrá una única oportunidad si los Dioses lo permiten y eso no quiere decir que vaya a salir bien. ¿Sabes que es ver día tras día como lo que quieres sigue su vida lejos de ti? Pero eso es igual, no es justo para ti. Ese es mi castigo no el tuyo – aparto la mirada de él dejando caer la mano con la que le acariciaba suavemente la mejilla.

Andreí la miro con los ojos muy abiertos y ladeo la cabeza al sentir como todo su interior daba un vuelco.

- Ese anhelo que siempre sientes en tu interior, ese vacío. Ese extraño sentimiento de pérdida y de no encajar, de que te falta algo para estar completo y que nunca alcanzas a saber que es…

Le falto el aliento y se aferro más a la barandilla. No podía ser…

- Ser un todo, sentir la felicidad, volver a “vivir”

- No puede ser… - murmuro apenas sin voz.

- Si no lo haces tú Andrei, me matará otro. Moriré de todos modos, no importa si hoy, mañana o en años. Soy finita Andrei, almenos esta vez elegiré sobre esto – lo miro con las cejas fruncidas apenada.

Ella suspiro y volvió a dejar la mirada perdida en el horizonte, Andrei la envolvió desde atrás pues hacía frío aún para estar allí así. Además, quería sentir su piel contra la suya.

- Lúa, mi nombre es Lúa.

Lúa repitió él mentalmente, ella entrecerró los ojos apoyándose en su pecho, el arco perfecto y suave de su cuello quedaba perfectamente expuesto. Acerco sus labios a su piel, desde luego aquella terrible sensación de soledad que tan bien había descrito había desaparecido al estar con ella. Abrió los labios y los retiro dejando expuestos los colmillos y dejo que estos se hundieran sobre la carne. Lúa jadeó y él la sujeto mientras la esencia de su vida iba penetrando en su ser caundole un frenesí inexplicable. Aquello debía ser la ambrosia porque sólo veía luz, el placer lo embargo pero fue capaz de detenerse a tiempo, la quería con él, no quería a nadie más que a ella. La giro entre sus brazos y de un tirón dejo su pecho al descubierto y se abrió un corte. Lúa se escurrió levemente de entre sus brazos hasta quedar a la altura de este y aplico sus labios sobre la herida mientras la luna era testigo mudo de aquella unión y el aire hacía ondear sus ropas y cabellos.

Nikta

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tus comentarios cuentan, gracias.

Blogs Especiales